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Dom, Nov

Análisis del Xbox Nano: Un Mando Compacto con Encanto Retro y Concesiones Necesarias

Tecnologia
En un panorama navideño escaso de lanzamientos de hardware, Microsoft presenta el Xbox Nano, un controlador de tamaño reducido que busca ofrecer portabilidad y un diseño atractivo. Aunque su tamaño compacto puede generar dudas iniciales, especialmente para usuarios con manos grandes, el Nano mantiene proporciones y distancias clave similares a los mandos tradicionales de Xbox, con algunas ventajas y desventajas inherentes a su formato.

Con un panorama navideño absolutamente huérfano de lanzamientos de hardware, los grandes nombres del sector intentan sacudir un poco los bolsillos con ofertas, refritos, rediseños y ofertas variadas. Apunta a una temporada de regalos más bien alicaída, donde ni siquiera los juegos van a brillar especialmente, así que son de agradecer novedades como este Xbox Nano, un controlador de tamaño reducido que recorta alguna virtud de sus hermanos mayores pero que a cambio ofrece portabilidad, diseño y alguna que otra ventaja más.

La primera impresión al coger el Xbox Nano y sopesarlo es la imaginable: 'se me va a quedar pequeño'. Y como persona de dos metros de altura y unas manos que necesitan mandos pesados, anchos y con buenas zonas de agarre, torcí el morro al agarrar el mando por primera vez. Sin embargo, es una sensación que se disipa rápidamente: como se puede ver en las imágenes de comparación, el Nano es solo levísimamente más estrecho que un mando de Xbox tradicional, y las proporciones y distancias entre sticks, cruceta y botones son muy similares.

Por supuesto, hay dificultades con las manos grandes, especialmente en los agarres en zonas posteriores, mucho más reducidos de lo habitual, lo que lo deja más cerca de un mando de consola de los ochenta (aunque de mayor tamaño, claro) que de un controlador tradicional. Esto da también una molesta inestabilidad al dejarlo reposar sobre una superficie. Detalles estéticos que hacen insoslayable su principal problema: aunque no es tan incómodo como cabría pensar en principio, es decididamente menos confortable que un mando tradicional.

¿Pero es cómodo? Tras horas de juego, las primeras impresiones se confirman, y también se matizan: es un mando que en mi caso particular y como jugador de manos grandes, no sustituirá a los tradicionales. Para partidas puntuales cumple con sus funciones más que perfectamente (la sensación de robustez es perfecta, pese al tamaño), pero para sesiones largas no tanto, especialmente en géneros que exijan cierta precisión en los combos o, directamente, pulsaciones frenéticas como puede ser en un beat'em-up de corte clásico.

El tamaño más reducido conlleva sus obvias ventajas (es muy fácil de transportar, incluso en la reducidísima caja con la que el mando sale a la venta, y que puede servir para protegerlo en un transportarte sin añadirle excesivo volumen). Pero también otro inconveniente más: Nano no vibra porque no había donde embutir los motores, así que si necesitas la sensación de cosquilleo en los dedos mientras juegas, este mando decididamente no es para ti. Dejo para el final el que es sin duda el peor detalle del mando, y aquí sí que entramos en una cuestión más de diseño: los pulsadores frontales están demasiado juntos entre sí. En un mando tradicional no exige demasiada habilidad pasar de los gatillos T a los frontales B, pero aquí el tamaño de los propios botones dificulta el cambio, aunque muy inteligentemente se ha diseñado un pequeño escalón en el paso de unos a otros que facilita detectar qué botón se está pulsando (ya que las dimensiones de los gatillos, de nuevo, son considerablemente menores). De nuevo estamos ante un pero que hay que relativizar enormemente según el juego: hay títulos que ni siquiera hacen uso de los frontales, así que dependerá del uso que se le dé.

Y luego... todo lo demás: Xbox Nano es un mando Xbox con todas las de la ley, es decir, un controlador extraordinario con un uso intuitivo y que responde a la perfección (de nuevo, eso sí, con sticks y botones milimétricamente más pequeños que los de sus hermanos mayores, aunque aquí sí que, honestamente, es algo que no impacta lo más mínimo en el uso). La cruceta tiene exactamente el mismo tamaño que un mando tradicional (de nuevo, pensando en juegos de corte tradicional). El diseño, con ese aspecto retro de los mandos cuadrados del pasado, parece una versión ergonómicamente más trabajada que el de NES y SNES (de hecho, si quieres una comparación directa la tienes en el mando de SNES que Nintendo vende para Switch) y eso puede suponer un extra de agradable carga nostálgica para más de un usuario, entre los que me cuento.

Algunas cuestiones más que conviene tener en cuenta: no tiene jack para auriculares, las baterías no son extraíbles (fuentes no oficiales cifran el uso en unas 35 horas), lo que reduce la posible vida útil del periférico, y se carga solo por USB-C, no siendo compatible de momento con bases de carga existentes. Como cualquier mando, usa Xbox Wireless con las consolas Xbox y Bluetooth con PC, Android, iOS y televisores inteligentes. Nano puede tener un tamaño más reducido, pero desde luego no es un mando con demasiados recortes.

Una de las ventajas que no se pueden discutir de Nano está en su precio: 15 euros menos que un mando inalámbrico normal (49,99 euros frente a 64,99). Es una excelente opción para hacerse con un mando extra, y también una primera compra perfecta para iniciar a un jugador joven que está dando sus primeros pasos con Xbox. Una excelente opción, en definitiva, si eres según que tipo de jugador: y teniendo en cuenta el empeño que tiene Microsoft últimamente con apelar a un público más mayoritario y eliminar barreras de entrada para acceder a su ecosistema, parece un buen movimiento.

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