El supuesto cerebro detrás del robo de joyas en el Museo del Louvre expresó que el grupo podría haber sustraído más artículos, a pesar de haberse apoderado de ocho piezas valoradas en 88 millones de euros. Esta declaración, revelada durante los interrogatorios, subraya la ambición del plan y las fallas de seguridad que el incidente expuso, llevando incluso a la renuncia de la entonces presidenta del museo.
El individuo señalado como el artífice del hurto de alhajas en el Museo del Louvre manifestó que la banda “podría haber llevado más”, a pesar de haber tomado ocho objetos con un valor estimado de 88 millones de euros. Esta información surge de las transcripciones de las declaraciones de los sospechosos, hechas públicas por el periódico francés Le Monde. La afirmación fue atribuida a Abdoulaye N, uno de los inculpados, quien testificó ante los investigadores que, tras entregar las joyas robadas al supuesto jefe de la operación, este comentó: “Pensaba que podríamos habernos llevado más”. Conforme al mismo testimonio, la meta era vender las piezas en el mercado negro. El atraco ocurrió en octubre de 2025 en la Galería Apolo del Louvre e inició una investigación judicial en Francia. El suceso también puso de manifiesto deficiencias en la seguridad del museo y provocó la dimisión de su entonces directora, Laurence des Cars, según reportó el diario británico The Guardian.
Un plan elaborado días antes del asalto
Según Le Monde, los sospechosos recibieron indicaciones apenas dos o tres días antes del atraco. Para organizar la operación, utilizaron un video grabado dentro de la Galería Apolo, donde se exhibían las joyas napoleónicas. Ante los jueces, Abdoulaye N detalló que la tarea consistía en romper las vitrinas y apoderarse de los objetos. “Romper los cristales y extraer las joyas del interior de las vitrinas”, declaró al describir las instrucciones recibidas. La noche del asalto, los ladrones accedieron al primer piso del museo mediante un montacargas, forzaron una ventana y entraron a la sala. “Cuando entramos, no había nadie, estaba oscuro, solo las luces de las vitrinas se hallaban encendidas”, relató Abdoulaye N, según Le Monde. Durante el robo, sustrajeron ocho joyas, incluyendo tiaras, collares, pendientes y un broche. En la huida, Abdoulaye N dejó caer una corona con incrustaciones de gemas que perteneció a la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III, dañando la pieza. “Sí, fui yo, se me cayó de la bolsa. Lo que hicimos no estuvo bien, es muy grave”, admitió ante los investigadores.
Los acusados afirman haber actuado por encargo
Tanto Abdoulaye N como Ghelamallah A aseguraron que participaron en el robo por orden de un cliente cuya identidad no revelaron por temor a represalias. Según sus declaraciones, desconocían el destino final de las joyas, aunque Abdoulaye N afirmó que el presunto organizador tenía previsto venderlas en el mercado negro. El acusado también explicó que aceptó participar porque pasaba por dificultades económicas y le ofrecieron entre 15.000 y 20.000 euros, con la posibilidad de recibir una suma mayor en función del valor de las piezas robadas. Por su parte, Ghelamallah A declaró que había acordado un pago de entre 20.000 y 25.000 euros y que inicialmente creyó que el objetivo del golpe era una joyería de París, no el Museo del Louvre.
La investigación sigue en curso
Las autoridades francesas continúan investigando el caso para identificar al presunto autor intelectual del robo y recuperar las joyas sustraídas, cuyo paradero aún se desconoce. Durante el proceso de instrucción, los dos principales acusados evitaron revelar la identidad del cliente que, según afirman, organizó el asalto, alegando temor a represalias contra sus familias. El robo de las ocho piezas, valoradas en 88 millones de euros, se convirtió en uno de los mayores golpes contra el patrimonio cultural europeo de los últimos años y obligó al Museo del Louvre a reforzar sus medidas de seguridad para evitar nuevos incidentes.