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Vie, Jul

Investigación Propone Reestablecer Parcialmente el Mar de Aral para Mitigar Emisiones de Carbono

Internacionales
Una reciente investigación internacional, con participación del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), sugiere que la recuperación parcial del mar de Aral podría prevenir la liberación de 605 megatoneladas adicionales de dióxido de carbono. Este enfoque no solo mitigaría el cambio climático, sino que también generaría importantes créditos de carbono. El estudio resalta el potencial de la restauración de grandes lagos como estrategia ambiental y económica.

Una investigación internacional, que incluye la participación del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), ha concluido que la reintroducción parcial de agua en el mar de Aral podría evitar la emisión de 605 megatoneladas adicionales de dióxido de carbono (CO₂) y generar miles de millones de dólares en créditos de carbono. Este estudio, publicado en la revista Science y liderado por científicos del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), contó con la colaboración del investigador del Imedea (CSIC-UIB) Joan Pere Casas Ruiz, y plantea que la restauración parcial de este antiguo lago podría transformarse en una herramienta eficaz para la mitigación del cambio climático.

El trabajo analiza las repercusiones de la desecación del mar de Aral, considerado uno de los mayores desastres ambientales a nivel global. El lago, que en su momento fue el cuarto más grande del mundo, comenzó a desaparecer en la década de 1960 después de que los ríos que lo nutrían fueran desviados para proyectos de irrigación. Desde entonces, se ha convertido en un extenso desierto salino con significativas consecuencias ambientales, sociales y económicas.

Los científicos explican que los grandes lagos continentales cumplen una función esencial en el ciclo global del carbono, ya que almacenan materia orgánica en sus sedimentos por periodos prolongados. Sin embargo, cuando estos ecosistemas se secan, los sedimentos quedan expuestos al aire y el carbono acumulado durante siglos empieza a liberarse a la atmósfera en forma de dióxido de carbono.

El estudio estima que desde 1960 el lecho desecado del mar de Aral ya ha liberado 748 megatoneladas de CO₂, pero advierte que aún existe una enorme reserva de carbono enterrada cuya liberación podría prevenirse si una parte del sistema volviera a inundarse.