Mientras Cuba enfrenta una de sus etapas más difíciles, caracterizada por prolongados cortes de energía, escasez de combustible y alimentos, el gobierno ha organizado una extensa celebración para conmemorar el centenario del nacimiento de Fidel Castro. Esta conmemoración se lleva a cabo en un contexto de creciente descontento popular y desafíos económicos que ponen a prueba la resiliencia de la nación caribeña, generando un contraste notable entre las festividades y la realidad cotidiana.
Cuba conmemora este 13 de agosto el centenario del natalicio de Fidel Castro en una de las coyunturas más críticas que experimenta la nación. Interrupciones eléctricas que en varias provincias superan las veinte horas, carencia de carburante, problemas en la movilidad y crecientes dificultades para adquirir víveres y fármacos forman parte de la cotidianidad de millones de ciudadanos cubanos. En medio de esta situación, la administración ha desplegado una vasta agenda para festejar el centenario del líder que gobernó Cuba por casi medio siglo y bajo cuyo mandato se estableció el esquema político y económico que aún prevalece en el país.
Las expropiaciones, la supresión de gran parte de la iniciativa particular y una economía fuertemente centralizada marcaron décadas de su gestión y son señaladas por economistas y críticos como elementos causantes de la crisis estructural que aqueja a la isla. El gobierno cubano, por su parte, atribuye la responsabilidad principal a las sanciones impuestas por Estados Unidos. Los festejos comenzaron hace un año y se extenderán hasta diciembre de 2026. Esta semana, más de 1,500 delegados de organizaciones de apoyo de más de sesenta naciones llegaron a Cuba para participar en los homenajes, según datos oficiales citados por Reuters. En La Habana se llevó a cabo además el simposio internacional Fidel: legado y futuro, junto a exhibiciones, reuniones políticas y actividades culturales.
Y las celebraciones continúan. En Cienfuegos se anunciaron tres jornadas de desfiles callejeros, eventos recreativos y conciertos nocturnos. Un aspecto que llama particularmente la atención es que la propia prensa estatal reconoció que el programa se desarrollaría “a pesar de las complicadas circunstancias energéticas y de transporte” y aseguró que las actividades estaban garantizadas. Esta afirmación contrasta con lo que sucede diariamente en las calles. La falta de carburante afecta la movilidad, la producción de alimentos y la generación de electricidad. Solo durante el mes de julio se registraron tres fallos nacionales del sistema eléctrico y en numerosas localidades los cubanos pasan gran parte del día sin suministro de energía.
Las sanciones estadounidenses, intensificadas por la administración de Donald Trump, han agravado la situación, especialmente el acceso de Cuba al petróleo y a la financiación. Pero el declive económico del país es anterior y hoy el propio gobierno intenta flexibilizar el modelo heredado de Fidel Castro, abriendo oportunidades al sector privado y buscando inversión extranjera. La paradoja es difícil de ignorar: Cuba celebra los cien años del hombre que edificó gran parte del sistema que ahora intenta modificar para mantener su economía a flote. No existen hasta el momento cifras públicas que permitan conocer la cantidad de dinero o combustible que el Estado ha destinado específicamente a las conmemoraciones del centenario. Lo que sí sabemos, porque lo admite la propia prensa oficial, es que, aun con las dificultades energéticas y de transporte, las celebraciones están garantizadas. Mientras tanto, para millones de cubanos, la electricidad, el combustible, el transporte, los alimentos y los medicamentos no lo están.