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Dom, Ago

Las múltiples crisis que preocupan a los ciudadanos cubanos: "La situación es bastante crítica"

Internacionales
En Cuba, las conversaciones cotidianas reflejan una realidad compleja donde, además de la persistente crisis energética, emergen con fuerza problemas como la escasez de agua, la falta de gas, el deficiente transporte y los precios desorbitados de los alimentos. Los habitantes de La Habana expresan su agotamiento ante una situación que ha mermado su calidad de vida y ha generado un profundo descontento en la población.

En un mercado de La Habana Vieja, una mujer jubilada le pregunta a otra cuántos días lleva sin suministro de agua. Tras una breve conversación, la segunda responde con otra cuestión: ¿pudiste adquirir aceite? Estos nuevos temas no significan que la crisis energética haya desaparecido, pues continúa siendo una preocupación central para los cubanos; sin embargo, cada día surgen más dificultades, como el acceso al agua, el gas, el transporte y los elevados costos de los alimentos.

“Estamos en una situación desfavorable, realmente complicada en casi todos los aspectos: en higiene, en los precios”, comenta a EFE Francisco López, un habanero que lamenta cómo su pensión de 4.000 pesos (equivalente a 33 dólares al cambio oficial, pero solo 6 dólares en el mercado informal) no le basta ni para comprar una botella de aceite para cocinar, cuyo precio ha alcanzado hasta los 5.000 pesos en algunos comercios privados.

Mientras aguarda en una cola para comprar otros productos comestibles, López, de ochenta años, también se queja de la falta de fármacos. Explica que, debido a su hipertensión, necesita Atenolol, un medicamento que ahora solo consigue “en la calle” (el mercado no oficial), ya que no se encuentra en las farmacias del Estado. Las autoridades de la isla han reconocido la imposibilidad de importar la cantidad necesaria de medicamentos e insumos para satisfacer la demanda nacional, a causa del bloqueo económico y las medidas ejecutivas impuestas por Washington.

Frente a esta coyuntura, el Gobierno cubano autorizó en julio pasado la operación de farmacias privadas, una actividad que durante décadas estuvo bajo el control centralizado del Estado.

Agua y electricidad “no se sincronizan”

Entre las carencias que padece López, se encuentran las dificultades para obtener agua potable. A su edad y viviendo en el quinto piso de un edificio en La Habana Vieja, asegura que rara vez coinciden la electricidad y la entrada de agua, ambas esenciales para poder disponer del líquido. “Yo habito en un piso alto y se necesita una bomba para que pueda subir el agua, pero si hay electricidad no hay agua”. “No las conectan al mismo tiempo, siempre hay un conflicto”, relata.

La crisis hídrica también es familiar para Elanis Castellano, de cincuenta y tres años, una habanera con discapacidad del barrio de San Nicolás en Centro Habana, quien confiesa a EFE que ha pagado hasta 1.000 pesos (8 dólares al cambio oficial y 2 al informal) para que le lleven un cubo de agua a su domicilio. “La situación es complicada. No tenemos agua y estamos pagando para que nos puedan subir un poco al edificio (…) Ya llevamos tres semanas consecutivas sin agua”, señala.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, hizo un llamado esta semana para “resolver en el menor tiempo posible” el problema del suministro de agua durante una visita a una fuente estratégica para su abastecimiento en La Habana. También admitió que la raíz del problema es la falta de electricidad. Por su parte, el presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), Antonio Rodríguez, explicó que aproximadamente 2,7 millones de cubanos enfrentan dificultades severas con el suministro de agua y precisó que hay zonas del país donde “el agua se rebombea con presiones bajas y si no hay corriente, muchas personas se quedan sin recibir el servicio”.

Un cambio “total”

El Gobierno de la isla ha admitido que el país atraviesa una realidad “extremadamente compleja” y “de sufrimiento”, pero ha descartado que la nación esté “a punto del colapso”. En las calles de La Habana, los rostros y las experiencias de muchos cubanos revelan más que palabras: cansancio, tensión y también desilusión. Algunos, incluso, solo claman por un cambio, sin especificar cuál.

La situación es “bastante crítica”, resume a EFE Juan Zamora, un anciano que junta trozos de madera en un vertedero de La Habana para usarlos como leña para cocinar. A pocas cuadras del lugar donde Zamora buscaba, otro anciano, Rogelio Bonet, de ochenta y ocho años, espera bajo el intenso sol en la céntrica avenida 23 en el Vedado, por el escaso transporte público de la capital para poder movilizarse. Con notable escepticismo, afirma a EFE que “mientras la mente que dirige” el país siga siendo la misma, no habrá mejoras. “El cambio debe ser absoluto. De arriba hacia abajo, no de abajo hacia arriba”, concluyó.