31
Vie, Ago

Mercado de Villas Agrícolas: Inversión de US$16 Millones Abandonada y el Caos de la Duarte Persiste

Nacionales
En 2012, una inversión de 16 millones de dólares dio origen al Mercado de Villas Agrícolas, proyectado para solucionar el desorden y la insalubridad del Mercado Nuevo de la avenida Duarte en el Distrito Nacional. Sin embargo, catorce años después, la moderna instalación nunca abrió sus puertas y permanece en ruinas, mientras el problema original persiste sin solución, dejando una costosa infraestructura en completo abandono y deterioro.

En el año 2012, el gobierno presentó el Mercado de Villas Agrícolas como la gran alternativa para uno de los inconvenientes urbanos y comerciales más antiguos del Distrito Nacional: el desorden, la falta de higiene y la saturación que por décadas han definido al Mercado Nuevo de la avenida Duarte. Catorce años más tarde, esa promesa se ha transformado en una edificación sin uso. La estructura, construida con una inversión de dieciséis millones de dólares, nunca se inauguró ni recibió a un solo comerciante. Actualmente se encuentra en mal estado, con cristales rotos, puertas destrozadas, acumulación de residuos, vegetación silvestre, escombros y claras señales de abandono, mientras el Mercado Nuevo de la Duarte sigue enfrentando exactamente las mismas dificultades para las cuales se ideó el proyecto. Lo que se suponía que sería uno de los mercados minoristas más modernos del país acabó siendo una infraestructura inoperativa, mientras el capital público permanece estancado y degradándose con el paso del tiempo.

La solución para el Mercado de la Duarte

El Mercado de Villas Agrícolas fue levantado por el Ministerio de Agricultura durante la última gestión del expresidente Leonel Fernández, como parte de la Red de Mercados Dominicanos de Abasto Agropecuario (Mercadom), establecida mediante la Ley 108 con el fin de modernizar el sistema nacional de distribución de alimentos. El plan consideraba reubicar en estas nuevas instalaciones a cientos de comerciantes que ocupaban las calles y aceras del Mercado Nuevo de la Duarte, posibilitando la recuperación de espacios públicos, la organización del comercio, la disminución de la acumulación de desechos y la conexión del abastecimiento minorista con el Merca Santo Domingo. La infraestructura fue diseñada con cincuenta y siete puestos para vendedores, dos niveles, una planta de energía eléctrica, una fábrica de hielo, amplias zonas para carga y descarga, estacionamientos y locales equipados con acero inoxidable, posicionándose en su momento como una de las obras más avanzadas dentro de la red de mercados públicos. No obstante, el mercado jamás fue inaugurado. Desde entonces, han transcurrido las administraciones municipales de Roberto Salcedo, David Collado y Carolina Mejía sin que el edificio haya sido puesto en operación.

Una inversión que se degrada

Lo que alguna vez fue una infraestructura moderna hoy presenta un aspecto completamente diferente. Los cristales de la fachada están rotos, varias puertas han sido arrancadas, el rótulo que identificaba el mercado ha desaparecido y el interior permanece cubierto de suciedad. En la entrada se observan charcos de agua, mientras el desuso ha provocado que la estructura pierda gran parte de las condiciones para las que fue construida. Desde el exterior aún se pueden apreciar los cubículos comerciales, amplios pasillos y espacios concebidos para operar un mercado organizado, pero que nunca fueron utilizados. El deterioro también afecta los alrededores; el área destinada para el estacionamiento se ha convertido en un espacio ocupado por camiones cargados de plátanos, guineos y otros productos agrícolas. También operan casetas improvisadas y puntos de venta informales que ocupan una parte considerable del terreno. El lugar que debía simbolizar el orden terminó recreando el mismo escenario de improvisación que pretendía erradicar.

El desorden jamás desapareció

Mientras el Mercado de Villas Agrícolas permanece desocupado, el Mercado Nuevo de la Duarte continúa funcionando bajo condiciones que residentes, comerciantes y transportistas describen como insalubres. Durante un recorrido efectuado por este medio, fue posible verificar montones de basura, restos de frutas, vegetales y carnes descompuestas, aguas residuales, olores desagradables, aceras ocupadas por vendedores y calles prácticamente intransitables debido a la aglomeración de camiones, triciclos y carretillas. Los vertederos espontáneos rodean casi toda la intersección de la avenida Duarte con la calle Libertad. “Ya uno no sabe qué se hará con toda esa basura que solo contamina esto, uno no puede con el hedor y la mugre”, expresó Teresa López, una residente de la zona consultada durante uno de esos recorridos. Julio, quien trabaja cerca del mercado, calificó el problema como una situación constante. “Esto tiene a uno desesperado. Esa basura nos afecta y es peor cuando llueve; cuando esos desechos no tienen dónde ir, esto se convierte en un caos”, afirmó. El mal olor también forma parte de la rutina diaria. “Es un desastre. Ahí tiran hasta excrementos. A veces sale un olor a personas fallecidas”, relató Ricardo Torres, quien ofrece servicios de transporte en motocicleta.

Comer entre desechos

El deterioro no solo impacta la imagen urbana; en las cercanías del mercado, decenas de comerciantes venden frutas, vegetales y víveres directamente sobre cartones, huacales o el pavimento, rodeados de desperdicios y vertederos improvisados. Otros preparan alimentos cocidos en medio de ese ambiente. “Uno se adapta a todo, aunque no se sienta cómodo, pero por la subsistencia hay que hacer muchas cosas”, expresó uno de los vendedores consultados. Marino Rosario, conocido como “Carita”, relató que incluso tuvo que costear de su propio bolsillo la limpieza del espacio donde vende diariamente. “Tuve que darle doscientos pesos a una persona para que limpiara porque lo encontré lleno de basura y mal olor”, contó. Paradójicamente, el mercado construido para eliminar el desorden terminó rodeado del mismo caos que buscaba resolver. El Mercado Nuevo de la Duarte sigue siendo escenario de basura, contaminación, ventas informales, congestión vehicular e insalubridad. A pocos metros, el Mercado de Villas Agrícolas permanece cerrado, deteriorándose año tras año sin haber cumplido nunca la función para la que fue edificado. Catorce años después de concluida la obra, la inversión de dieciséis millones de dólares permanece inmovilizada en un edificio desocupado, mientras la solución prometida para reorganizar uno de los principales centros de abastecimiento del país sigue siendo una cuenta pendiente.