La Feria Internacional del Libro Santo Domingo ha sido un indicador clave de la relación entre el gobierno, la lectura y la industria editorial. Bajo la administración de Luis Abinader, el evento ha experimentado una notable transformación, con un aumento significativo en la afluencia de público y en las ventas. Sin embargo, persisten interrogantes sobre el impacto real de estos cambios en los hábitos de lectura y la descentralización cultural del país.
La Feria Internacional del Libro Santo Domingo ha representado, durante mucho tiempo, un barómetro crucial para comprender el vínculo entre el Estado dominicano, los hábitos de lectura, el sector editorial y la ciudadanía. Por ello, analizar su progreso durante el mandato del Gobierno de Luis Abinader implica ir más allá del número de asistentes o los ingresos de las librerías. La feria que la administración de Abinader encontró en 2020 era un evento de gran convocatoria, pero también arrastraba problemas de organización, infraestructura y continuidad, que se agudizaron con la llegada de la pandemia de COVID-19. El plan de gobierno de Abinader incluía, precisamente, fortalecer el apoyo al libro y la lectura, expandir la Feria del Libro en sus dimensiones internacional, regional y provincial, promover talleres literarios y círculos de lectura, y descentralizar las iniciativas culturales. Seis años después, los resultados sugieren una significativa metamorfosis del evento, aunque aún quedan dudas sobre su efecto verdadero en los hábitos de lectura, la industria editorial dominicana y la dispersión cultural.
La interrupción pandémica alteró el calendario. El primer aspecto a considerar para evaluar la feria bajo la gestión de Abinader es que su gobierno heredó un evento que prácticamente se detuvo por una crisis sanitaria global. La edición de 2019, previa a la pandemia, registró una estimación de 918,689 visitantes. Esta cifra proviene de un estudio del propio Ministerio de Cultura que empleó un método de conteo probabilístico en las entradas del recinto ferial. Luego, sobrevino la pausa causada por el COVID-19. La Feria Internacional del Libro no pudo realizarse de manera presencial durante dos años, hasta que en 2022 el Ministerio de Cultura optó por reorganizar el evento en un nuevo emplazamiento.
2022: el regreso, pero fuera de la Plaza de la Cultura. La edición de 2022 funcionó como una especie de ensayo de recuperación. Tras dos años sin una feria presencial, el Ministerio de Cultura, entonces bajo la dirección de Milagros Germán, trasladó el evento a la Ciudad Colonial, donde se llevó a cabo del 23 de abril al 2 de mayo. El Gobierno presentó esta decisión como una oportunidad para entrelazar la literatura con el patrimonio histórico de la primera ciudad europea de América y aprovechar espacios como la Fortaleza Ozama, la calle Las Damas, la Plaza España, museos y centros culturales. La respuesta del público fue considerable. El 28 de abril, el Gobierno reportó más de 124,000 asistentes en un solo día, mientras que el Ministerio de Cultura informó que el viernes 29 de abril la cifra alcanzó aproximadamente 131,000 personas en una jornada. Es crucial, sin embargo, no transformar estos números diarios en una cifra global de asistencia sin soporte documental. El balance final oficial destacó la masiva concurrencia, pero no presentó un número total comparable con la medición estadística utilizada en 2019. La edición de 2022 contó además con 165 expositores, incluyendo editoriales, librerías, fundaciones y escritores independientes. Más que una simple feria de transición, aquel retorno permitió confirmar que el público seguía respondiendo a la convocatoria después de la pandemia. No obstante, la administración aún tenía pendiente definir qué modelo de feria deseaba consolidar.
2023: el retorno a la Plaza de la Cultura y la modificación del modelo. El cambio más evidente se produjo en 2023. La Feria Internacional del Libro regresó a la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte con una visible transformación de su estructura. Las tradicionales carpas fueron reemplazadas por modernas instalaciones climatizadas, una decisión que buscaba mejorar la experiencia de visitantes y expositores y proteger el evento de las inclemencias meteorológicas. El propio Ministerio de Cultura presentó esta modificación como una de las que contribuyeron a dinamizar la feria. La edición, celebrada del 25 de agosto al 4 de septiembre, incluyó alrededor de 370 actividades relacionadas con el ámbito literario y congregó 89 puestos de venta de librerías y casas editoriales. Sin embargo, el dato que más interesó al sector editorial fue otro: las ventas de libros sobrepasaron los RD$50 millones. Esta cifra convirtió a 2023 en un punto de inflexión para la feria desde una perspectiva comercial. En cuanto a la asistencia, el Ministerio informó que entre 20,000 y 40,000 personas visitaban diariamente el recinto. Esto dificulta establecer un número total de visitantes utilizando únicamente los datos oficiales, pero sí confirma que el evento volvió a generar un flujo significativo de público. La edición de 2023 tuvo además un particular simbolismo político: fue inaugurada por el presidente Luis Abinader y coincidió con las bodas de plata de la feria, con Jeannette Miller como escritora homenajeada e Israel como país invitado. La feria comenzaba así a forjar una nueva identidad: menos dependiente de grandes estructuras temporales y con un mayor énfasis en la comodidad, la organización y la integración tecnológica.
2024: menos asistentes, pero más ventas. La siguiente edición presenta uno de los datos más interesantes para analizar el progreso del evento. La FILSD 2024 recibió más de 220,000 visitantes y registró ventas generales superiores a RD$57 millones, según el balance oficial. La memoria institucional del Ministerio de Cultura ofrece una cifra ligeramente más precisa: 228,000 personas impactadas, una inversión aproximada de RD$180 millones, más de RD$57 millones en ventas y más de 550 actividades. El dato comercial merece atención. Entre 2023 y 2024, las ventas aumentaron de más de RD$50 millones a más de RD$57 millones, incluso cuando la asistencia total reportada en 2024 fue menor que la estimación que podría resultar de multiplicar las cifras diarias divulgadas en 2023. Esto puede interpretarse como una señal de que el evento comenzó a consolidarse como un espacio comercial para librerías y editoriales, más allá de su capacidad para atraer grandes multitudes. De los RD$57 millones reportados en 2024, el 79 % correspondió específicamente a ventas de libros. También hubo una iniciativa para llevar la feria más allá de sus confines físicos. El proyecto “La Feria fuera de casa” llevó actividades literarias a centros culturales y educativos de diversas partes del país con el objetivo de acercar a escritores y gestores a personas que no podían trasladarse hasta la Plaza de la Cultura. Este elemento es crucial porque se conecta directamente con una de las promesas del programa de gobierno: la descentralización de las acciones culturales.
2025: el salto a los RD$75 millones y el récord de asistencia. La edición de 2025 representa el momento de mayor crecimiento de la feria durante el periodo estudiado. El Ministerio de Cultura informó que la FILSD 2025 superó los 700,000 visitantes y alcanzó más de RD$75 millones en ventas de libros durante los diez días del evento. En una comunicación posterior, la institución especificó el impacto en más de 705,000 visitantes. En ventas, el crecimiento es verificable y sustancial. Si se toma como referencia la cifra de más de RD$57 millones de 2024, superar los RD$75 millones en 2025 significa un aumento de más del 31%. La propia institución informó que las ventas se incrementaron en más del 30% respecto al año anterior. El crecimiento también se reflejó en la programación. La edición 2025 registró alrededor de 650 actividades, con la participación de representantes de 19 países, 165 autores invitados, nueve directores de ferias y más de 370 sellos editoriales. También participaron estudiantes de más de 620 centros educativos, mientras que el programa Bono Libro distribuyó gratuitamente 11,045 ejemplares. La edición estuvo dedicada a la literatura infantil, con 70 actividades en el Pabellón Infantil, una decisión que colocó a niños y jóvenes en el centro de la estrategia de promoción de lectura. En este punto, la feria no solo estaba intentando recuperar el terreno perdido durante la pandemia. Estaba mostrando indicadores superiores en ventas, programación y asistencia a los registrados en los años inmediatamente anteriores.
El dato que obliga a mirar con cautela. Aquí surge, sin embargo, una cuestión fundamental para cualquier análisis periodístico. La cifra de más de 700,000 visitantes en 2025 no puede compararse automáticamente con los 918,689 visitantes estimados en 2019 como si fuera una serie estadística perfectamente homogénea. Esto se debe a que el dato de 2019 proviene de un estudio estadístico que explica explícitamente su metodología de estimación mediante conteos probabilísticos en las entradas del recinto ferial. En contraste, las cifras divulgadas para las ediciones recientes son reportadas por el Ministerio de Cultura como visitantes o personas impactadas, pero las publicaciones oficiales consultadas no presentan para cada año una metodología idéntica a la utilizada en 2019. Esto no implica que la cifra de 2025 sea incorrecta. Significa que no es metodológicamente prudente afirmar que la feria recuperó exactamente el mismo nivel de público de 2019 o que creció un determinado porcentaje frente a ese año sin saber si ambos números fueron calculados con el mismo método. Es una diferencia significativa. Porque una cosa es afirmar que 2025 registró más de 700,000 visitantes, dato respaldado por el Ministerio, y otra muy distinta afirmar que la feria creció exactamente en determinada proporción frente a 2019. Para una política pública a largo plazo, sería conveniente que el Ministerio de Cultura utilizara una metodología uniforme año tras año y publicara sus resultados de forma detallada.
El libro recupera su relevancia económica. Más allá de las estadísticas de asistencia, existe un indicador que sí muestra una tendencia favorable: las ventas. En 2023 se superaron los RD$50 millones. En 2024 fueron más de RD$57 millones. En 2025 se superaron los RD$75 millones. Es decir, en apenas dos años la cifra reportada aumentó en más de RD$25 millones. Este comportamiento convierte a la Feria del Libro en algo más que una actividad cultural financiada por el Estado. También funciona como una plataforma comercial para librerías, editoriales y autores. Y este aspecto es crucial porque una política pública de lectura necesita una industria editorial capaz de producir, distribuir y vender libros durante todo el año, no solamente durante diez días de feria.
El Bono Libro y el intento de transformar la asistencia en lectura. Otro elemento que ha cobrado importancia durante estas ediciones es el programa Bono Libro. En 2024 se entregaron 17,868 ejemplares mediante el programa, cifra que el Ministerio presentó como un aumento significativo frente a 2023. En 2025 se distribuyeron gratuitamente 11,045 libros a estudiantes. Aquí también hay un dato que merece análisis: la reducción en el número de ejemplares distribuidos entre 2024 y 2025 no implica necesariamente una disminución del programa, porque las condiciones de acceso, selección y ejecución pueden haber cambiado. Pero sí evidencia que el impacto de una feria no puede medirse exclusivamente por la cantidad de personas que transitan por el recinto. El verdadero desafío consiste en saber cuántos de esos visitantes compran o reciben un libro y, posteriormente, lo leen.
De feria como espectáculo a industria. Durante los años de Abinader, la FILSD también ha expandido su concepto. Ya no se limita a puestos de libros y presentaciones de autores. La edición 2025 contó con una Sala de Negocios que desarrolló 93 reuniones profesionales con la participación de 29 editoriales internacionales de siete países. También se presentaron 130 libros y se llevaron a cabo conferencias, charlas, coloquios, recitales, obras teatrales, talleres y proyecciones cinematográficas. Esto demuestra un esfuerzo por convertir la feria en una plataforma de conexión para la industria editorial. El reto será que esas conexiones generen resultados después del cierre del evento: contratos, traducciones, circulación internacional de autores dominicanos, distribución, derechos de publicación y nuevas oportunidades para las editoriales locales.
¿Qué sucedió con la promesa de descentralizar la Feria? Este es probablemente uno de los puntos donde aún existe mayor margen para progresar. El programa de gobierno de Abinader planteó fortalecer y expandir la Feria del Libro a nivel internacional, regional y provincial, además de fomentar talleres literarios y círculos de lectura. Durante el período de gobierno se han producido iniciativas en esa dirección. “La Feria fuera de casa”, en 2024, llevó actividades a centros educativos y culturales fuera del recinto principal. En 2025, el programa Multiplicando Letras reunió a 68 gestores y talleristas de 30 provincias, quienes participaron en 127 actividades de formación e intercambio. Es un avance, pero aún no equivale a tener una verdadera red de ferias regionales y provinciales con la misma estructura y continuidad que la gran feria de Santo Domingo. La descentralización cultural no puede depender exclusivamente de llevar algunas actividades a las provincias durante la celebración de la feria. El objetivo fundamental debería ser construir públicos lectores durante todo el año.
¿Evolución o involución? Si la pregunta se responde desde las ventas, infraestructura, programación y capacidad de convocatoria, la evolución es innegable. La feria pasó de la interrupción causada por la pandemia a un modelo que en 2025 reportó más de 700,000 visitantes, más de RD$75 millones en ventas, 650 actividades, 165 autores invitados y más de 370 sellos editoriales. También mejoró la infraestructura. El regreso a la Plaza de la Cultura en 2023 estuvo acompañado por instalaciones climatizadas que reemplazaron las tradicionales carpas, una transformación que buscó optimizar las condiciones para visitantes y expositores. Y existe una evolución comercial que difícilmente puede ignorarse. Las ventas pasaron de más de RD$50 millones en 2023 a más de RD$57 millones en 2024 y a más de RD$75 millones en 2025. Pero si la pregunta se refiere exclusivamente a la lectura, el panorama exige mayor cautela. Una feria concurrida no necesariamente significa un país que lee más. Un récord de ventas no demuestra por sí solo un aumento sostenido de los hábitos lectores. Y cientos de actividades no garantizan que el libro haya recuperado su lugar en la vida cotidiana de los dominicanos. Ese es el indicador que todavía necesita ser medido con mayor profundidad.
Una feria que creció, pero que necesita mejores estadísticas. El balance de la Feria Internacional del Libro dentro del Gobierno de Luis Abinader es, en términos generales, positivo en infraestructura, organización, programación y actividad comercial. Pero para evaluar realmente su impacto cultural hace falta algo más que cifras de visitantes. El Ministerio de Cultura debería mantener una metodología uniforme para medir la asistencia, publicar los costos totales de cada edición, detallar la inversión pública frente a los ingresos generados y, sobre todo, producir indicadores que permitan saber qué ocurre con los lectores después de abandonar la Plaza de la Cultura.
El balance de Abinader: una feria recuperada, pero con una tarea mayor. La Feria Internacional del Libro que deja el Gobierno de Luis Abinader es diferente a la que recibió. La pandemia obligó a reconstruirla desde cero en 2022. La Ciudad Colonial sirvió como escenario para el retorno. En 2023 volvió a la Plaza de la Cultura con una infraestructura renovada. En 2024 consolidó una programación superior a las 500 actividades y ventas por encima de RD$57 millones. Y en 2025 alcanzó su mayor cifra reportada de asistencia, superó los RD$75 millones en ventas y amplió su oferta internacional y educativa. El Gobierno, por tanto, puede presentar la recuperación de la feria como uno de los resultados más visibles de su política cultural. Pero el verdadero desafío comienza después de las cifras récord. La feria debe conseguir que el visitante ocasional se convierta en lector habitual; que el estudiante que recibe un libro lo incorpore a su vida; que el autor dominicano encuentre mercado más allá del evento; que las editoriales puedan sostenerse durante todo el año y que las provincias tengan sus propios circuitos literarios. La próxima edición ya tiene fecha anunciada: del 24 de septiembre al 4 de octubre de 2026, según informó el Ministerio de Cultura al clausurar la edición de 2025. Será entonces una nueva oportunidad para comprobar si el récord de 2025 fue un punto excepcional o el comienzo de una tendencia sostenida. Porque la evolución de una Feria del Libro no debería medirse únicamente por cuántas personas entran a la Plaza de la Cultura. Su verdadero éxito estará en saber cuántas personas salen de allí con un libro en las manos y, sobre todo, cuántas vuelven a abrirlo cuando la feria ya terminó.