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Sáb, Ago

Casos en República Dominicana reavivan el debate sobre el uso de cementerios como refugio o morada

Nacionales
Recientes sucesos en República Dominicana han puesto de manifiesto una peculiar situación: personas que eligen los cementerios como lugar de residencia o refugio. Dos casos específicos, el de un creador de contenido digital y el de un hombre desalojado de un panteón, han encendido el debate sobre las condiciones sociales que llevan a estas circunstancias y la responsabilidad de las autoridades en la gestión de estos espacios.

Lo que para muchos representa el último descanso de sus seres queridos, para otros se ha transformado en un sitio para habitar, buscar amparo o incluso generar material para plataformas digitales. Una investigación de N Digital destaca dos situaciones que han captado la atención en la República Dominicana: la del joven influencer conocido como “Carlos Cementerio”, quien reside cerca del perímetro del cementerio Cristo Redentor, y la de un individuo recientemente descubierto utilizando un mausoleo como vivienda en el cementerio municipal de San Juan de la Maguana. Aunque ambos eventos poseen particularidades distintas, los dos plantean interrogantes sobre la situación social de quienes terminan viviendo en los alrededores o dentro de los camposantos y acerca de la obligación de las autoridades en la vigilancia y administración de estos lugares.

“Carlos Cementerio”, una existencia ligada al camposanto

Juan Carlos Girón Trinidad, identificado en redes sociales como “Carlos Cementerio” o “Carlos Rayita Bajo Cementerio”, es un joven barbero de aproximadamente 30 años que vive adyacente a la valla perimetral del cementerio Cristo Redentor, en la zona de Villa María, Pantoja. Según la información difundida sobre su historia, sus limitaciones económicas lo impulsaron a aceptar una habitación en alquiler en ese sitio cuando iniciaba su oficio como barbero. Es crucial aclarar: su residencia se encuentra junto a la valla del cementerio y no dentro del recinto, aunque su día a día está íntimamente relacionado con el lugar. Con el paso del tiempo, esa singularidad se convirtió también en una parte de su identidad en línea. Carlos comparte contenido sobre su vida y ha incorporado elementos vinculados con la muerte y los cementerios a su estilo.

En su propio relato, el joven afirma no sentir temor de residir junto a las tumbas. Por el contrario, describe el sitio como sereno y asegura que el silencio le permite meditar y mantenerse alejado del bullicio urbano. También menciona que en ocasiones asiste a familiares de difuntos que residen en el extranjero para localizar sus sepulturas y verificar su estado, sin cobrar por este servicio.

Las objeciones de Noelia Hazim

La particular manera de vivir de Carlos no ha estado exenta de críticas. En noviembre de 2025, la comunicadora Noelia Hazim reaccionó públicamente a los videos del joven y cuestionó el uso de los espacios funerarios y las tumbas como escenario para producir contenido. Durante su participación en Falla Radio, Hazim calificó la situación como una falta de respeto hacia los parientes de los enterrados y se preguntó por qué las autoridades locales permiten que este tipo de situaciones ocurran. La comunicadora también advirtió que el contenido podría transformarse en un entretenimiento alrededor de las tumbas y subrayó la necesidad de establecer límites para proteger estos lugares. La postura de Hazim contrasta con la explicación del propio Carlos, quien presenta su permanencia en las cercanías del cementerio como una consecuencia de sus circunstancias económicas y, al mismo tiempo, como una forma de vida con la que dice sentirse a gusto.

Pero Carlos no es el único

El fenómeno tampoco se restringe al joven creador de contenido. Una investigación publicada sobre personas que habitan en las inmediaciones de cementerios documentó el caso de Ventura López, conocida como “Doña China”, quien lleva más de tres décadas viviendo cerca del cementerio de Cristo Rey. Según su testimonio, se siente más tranquila conviviendo con los difuntos que rodeada de personas que pudieran hacerle daño. Aunque ha narrado experiencias que atribuye a fenómenos inexplicables, asegura no tener intención de abandonar el lugar. Estos testimonios demuestran que la presencia de individuos viviendo en los alrededores de los cementerios no obedece necesariamente a una única razón. En algunos casos, se relaciona con dificultades económicas, mientras que en otros intervienen factores vinculados con la seguridad, el arraigo o las condiciones del entorno.

En San Juan, la situación llegó al interior de un panteón

El suceso más reciente aconteció en San Juan de la Maguana. El pasado 24 de agosto, agentes de la Policía Municipal desalojaron a un hombre que utilizaba un panteón familiar del cementerio municipal como morada. De acuerdo con la información difundida por CDN, el individuo fue encontrado dentro del mausoleo por el coronel Urbaez, quien acudió al lugar acompañado de agentes de la Policía Municipal. Durante el procedimiento, se produjo una discusión entre el ocupante y el oficial, hasta que finalmente accedió a desocupar el espacio. Las autoridades aclararon que el panteón pertenece a una familia que lo había edificado para sepultar allí a sus miembros. Tras el desalojo, el lugar sería nuevamente destinado a su propósito original: servir como espacio de sepultura para los integrantes de la familia propietaria.

¿Qué acciones han tomado las autoridades?

En el caso de San Juan, la respuesta de las autoridades fue inmediata: la Policía Municipal intervino y desalojó al hombre del panteón. La operación fue liderada por el coronel Urbaez, quien se presentó personalmente en el cementerio ante la situación reportada. Sin embargo, hasta el momento no se ha informado públicamente que el hombre haya sido procesado judicialmente ni se ha revelado oficialmente su identidad. En el caso de Carlos, la situación es distinta. La legislación dominicana establece que la administración y supervisión de los cementerios recae en los ayuntamientos, a través de sus áreas de Servicios Públicos. No obstante, en las informaciones consultadas no consta una medida oficial de desalojo o sanción contra Carlos por residir junto a la valla del Cristo Redentor. Esto marca una diferencia fundamental: mientras en San Juan se produjo una intervención porque una persona estaba ocupando físicamente un panteón, en el Cristo Redentor se trata de una vivienda localizada en las inmediaciones del camposanto.

Una realidad que va más allá de lo viral

Ambos casos han ganado notoriedad principalmente a través de las redes sociales. Sin embargo, detrás de las imágenes existe una realidad que trasciende lo anecdótico. La historia de Carlos Cementerio muestra cómo una circunstancia vinculada a limitaciones económicas terminó transformándose en una identidad digital. La crítica de Noelia Hazim, además, introduce el debate sobre los límites del contenido generado en lugares donde yacen personas fallecidas. En San Juan, en cambio, las autoridades se encontraron con una situación aún más extrema: un individuo utilizando un panteón construido para una familia como espacio de residencia. Ambos episodios obligan a plantear una pregunta más amplia: ¿qué sucede con las personas que llegan a los cementerios buscando un lugar donde vivir o refugiarse y qué alternativas les ofrecen las autoridades después de ser retiradas? Más allá del impacto de las imágenes en redes sociales, estos casos ponen sobre la mesa temas como la pobreza, la falta de vivienda, la seguridad en los cementerios, la administración de los espacios funerarios y los límites éticos del contenido digital. Y mientras las redes convierten estos episodios en fenómenos virales, en los cementerios persiste una realidad menos visible: personas que, por diversas circunstancias, han terminado haciendo de estos lugares —destinados a los muertos— parte de su vida cotidiana.