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Sáb, Sep

República Dominicana Enfrenta Riesgo Sísmico Elevado por 14 Fallas Activas

Nacionales
La República Dominicana se encuentra constantemente expuesta a terremotos debido a la presencia de 14 fallas sísmicas activas y su ubicación entre las placas tectónicas de Norteamérica y el Caribe. Un reciente conversatorio subrayó la importancia de la preparación ciudadana y el conocimiento del riesgo sísmico, analizando eventos históricos y la necesidad de infraestructuras resilientes para mitigar futuros impactos. La historia sísmica de la isla es una advertencia constante sobre su vulnerabilidad.

La trayectoria de la República Dominicana ha sido marcada por sismos que han dejado una profunda impresión en ciudades, comunidades y estructuras, una realidad que resalta la urgencia de entender el peligro sísmico y potenciar la preparación de sus habitantes. Esta problemática fue discutida en la charla “La isla que se mueve: terremotos históricos en La Española”, organizada por el Centro Cultural Taíno Casa del Cordón, donde expertos examinaron la actividad telúrica de la isla y los principales movimientos registrados desde la época colonial.

Una de las revelaciones destacadas durante el encuentro fue que La Española se ubica en el límite entre las placas tectónicas de Norteamérica y el Caribe, albergando 14 fallas geológicas activas. Estas condiciones explican en parte la vulnerabilidad de República Dominicana y Haití ante los terremotos. Entre las formaciones geológicas más relevantes se encuentran las fallas Septentrional y Enriquillo-Plantain Garden, vinculadas a algunos de los sismos históricos más significativos de la isla.

El terremoto de mayor magnitud registrado instrumentalmente

Entre los sucesos analizados, sobresalió el sismo del 4 de agosto de 1946, ocurrido frente a la costa noreste de la República Dominicana. Con una intensidad de 7.8, este evento es considerado el terremoto de mayor magnitud registrado con instrumentos en La Española. El temblor causó daños considerables y fue seguido por un tsunami que afectó las zonas costeras del país, convirtiéndose en uno de los episodios sísmicos más cruciales de la historia dominicana.

Sin embargo, el año 1946 no representa un suceso aislado. Durante la conversación, también se revisaron los terremotos de 1842, que impactaron principalmente el norte de La Española; los eventos de 1751 en la región sur; el terremoto de 1770, asociado a la falla de Enriquillo, y el devastador sismo que sacudió Haití en 2010. Estos episodios demuestran que la actividad sísmica es una parte intrínseca de la historia geológica de la isla y que sus efectos han perdurado a través de las generaciones.

Una isla entre dos placas

El ingeniero geólogo Osiris de León, especialista en sismicidad y prevención de catástrofes, y el historiador, abogado y genealogista Joan Ferrer participaron como ponentes del encuentro, moderado por José Enrique Delmonte, asesor cultural del Centro Cultural Taíno Casa del Cordón. Durante la discusión, se explicó que la posición de La Española en el límite de las placas del Caribe y Norteamérica genera un escenario de constante deformación tectónica. En este contexto, las fallas geológicas actúan como áreas donde se acumula y libera energía, dando origen a los movimientos sísmicos.

El desafío no se limita, no obstante, al movimiento del terreno. La magnitud de un desastre también depende de factores como la calidad de las construcciones, la ubicación de las comunidades, la densidad de población y el nivel de preparación existente. Por ello, conocer la localización de las principales estructuras tectónicas y recordar los sismos que han afectado históricamente la isla resulta vital para comprender el riesgo actual.

La historia como advertencia

Los expertos enfatizaron que revisar los terremotos ocurridos en los últimos siglos permite identificar patrones de recurrencia y entender que un período prolongado sin un gran temblor no implica que el peligro haya desaparecido. La actividad sísmica no puede predecirse con exactitud en cuanto al día, hora o lugar preciso de un futuro terremoto, pero el conocimiento de las fallas activas y de los eventos históricos posibilita establecer escenarios de riesgo y fortalecer las medidas de prevención.

En este sentido, la investigación histórica adquiere un valor que va más allá de conservar la memoria. Los registros de terremotos previos permiten conocer qué territorios han sido afectados, qué daños se produjeron y cuán vulnerable ha sido la infraestructura ante estos fenómenos.

Preparación antes que reacción

Uno de los principales llamados realizados durante el conversatorio fue a potenciar la conciencia ciudadana frente al riesgo sísmico. La ubicación geográfica de la República Dominicana hace que los terremotos formen parte de los fenómenos naturales que deben considerarse en la planificación del territorio. La prevención comienza con el conocimiento del riesgo, pero también implica disponer de edificaciones adecuadas, planes familiares y comunitarios de emergencia, y una población que sepa cómo actuar durante y después de un movimiento telúrico.

El mensaje central del encuentro fue precisamente ese: los terremotos son parte de la historia de La Española, pero el impacto que pueden tener sobre la población también está relacionado con cuánto se prepare la sociedad para enfrentarlos. La memoria de 1946, 1842, 1770, 1751 y otros grandes terremotos constituye, en ese sentido, una advertencia histórica sobre una isla que, por su posición entre dos placas tectónicas, permanece en constante movimiento.