Una obra juvenil de Rembrandt, "Dejen que los niños vengan a mí", ha revelado un secreto fascinante tras un proceso de restauración. Expertos descubrieron bajo capas posteriores de pintura la figura original de un hombre con tez morena, barba negra y un gran turbante, que había sido modificado para parecer un anciano holandés. Este hallazgo plantea interrogantes sobre los motivos de la alteración y el contexto social en el que Rembrandt creó la pintura.
Rembrandt Harmenszoon van Rijn, uno de los grandes genios de la pintura barroca, sigue asombrando a los historiadores siglos después de su muerte. En 2014, una de sus obras de juventud apareció inesperadamente en una subasta en Colonia. Ahora, con su atribución confirmada, los expertos encargados de limpiar el lienzo han descubierto otra sorpresa: bajo una capa de pintura posterior, hallaron a un hombre con tez morena, barba negra y un gran turbante.
Esta figura fue pintada originalmente por el propio Rembrandt, pero alguien decidió retocarla para transformarla en un venerable anciano de rostro blanco y arrugado, barba canosa y un gorro tradicional holandés. La pregunta es obvia: ¿Por qué?
¿No es eso un Rembrandt? El cuadro "Dejen que los niños vengan a mí" fue pintado probablemente hacia 1627, cuando Rembrandt tenía 21 años. Sin embargo, no alcanzó la fama hasta casi 400 años más tarde, ya bien entrado el siglo XXI. Para ser más precisos, hay que remontarse a mayo de 2014, cuando el lienzo se incluyó en una subasta celebrada en Colonia con una descripción poco clara.
Sus propietarios lo presentaron como una pieza de la "escuela neerlandesa" datada a mediados del siglo XVII y lo vendieron por 1,5 millones de euros. Fue una suma considerable, pero resultó ser una cantidad menor cuando tiempo después se confirmó que en realidad aquel lienzo anónimo de 125 x 109 cm (con marco) era nada menos que una obra de juventud de Rembrandt. Recientemente, Sotheby´s la volvió a sacar a subasta con un valor estimado de entre 9,3 y 14 millones de euros.
La obra antes de la restauración, con las modificaciones añadidas.
Y llegó la (otra) sorpresa. Semejante historial habría sido suficiente para otorgarle al cuadro un lugar destacado en el legado de Rembrandt. Sin embargo, Sotheby´s reveló que el lienzo ocultaba otro secreto. Lo que se había visto hasta ahora no era exactamente lo que pintó el artista de Leiden, sino una versión alterada por una mano menos hábil con los pinceles, un artista contemporáneo de Rembrandt. Incluso se maneja un nombre: Claes Cornelisz Moeyaert.
Dado que los expertos creen que el pintor holandés dejó la obra "parcialmente inacabada", dedicándose a fondo en la parte superior del cuadro y esbozando la inferior, es comprensible que alguien quisiera completarla. Lo intrigante es que al hacerlo, esa mano anónima no se limitó a seguir el diseño de Rembrandt.
Además de finalizar el lienzo, lo repintó, borrando, añadiendo y modificando según su gusto. Esto se sabe porque en los últimos años los técnicos han estudiado la obra con Rayos X y se han dedicado a eliminar cuidadosamente las capas superpuestas.
¿Tanto cambia la cosa? Sí. Basta con comparar las fotos que se difundieron en su momento del cuadro y las divulgadas por Sotheby´s a raíz de la última subasta para comprobarlo. El motivo del cuadro es el mismo: la escena bíblica, recogida en los Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, en la que Jesús pronunció su famosa frase: "Dejad que los niños vengan a mí". Sin embargo, al observar con atención, se aprecian diferencias entre su estado en 2014 y 2026.
La eliminación de los repintados cambia el color, ha hecho emerger algunas figuras y eliminado otras. Un niño en primer plano que lucía un traje ocre ahora se ve como debió de haberlo pintado Rembrandt, con la espalda desnuda. Sin embargo, la alteración más impactante es otra: ahora sabemos que una de las figuras centrales de la escena era un hombre de tez oscura y turbante que el artista que retocó la obra modificó por completo, convirtiéndolo en un anciano venerable.
Por alguna razón desconocida, el exótico turbante original acabó transformado en un gorro rojo holandés y la barba negra se convirtió en otra larga y canosa.
La obra ya restaurada y como la ha presentado Sotheby´s.
Más que un detalle. Este detalle ha captado la atención de medios de todo el mundo. Y es normal. Hay quienes creen que si Rembrandt optó inicialmente por un hombre con turbante, seguramente musulmán, no fue por una cuestión estética. Quería plasmar lo que veía en parte en su propio país en el siglo XVII, un entorno multicultural, marcado por las rivalidades religiosas, el ir y venir de miles de refugiados y las tensiones sociales que eso generaba en las calles.
Como recuerda el historiador Andrew Graham-Dixon, "en 1627, cuando Rembrandt empezó el cuadro, Leiden atravesaba una crisis humanitaria". "La Guerra de los Treinta Años estaba en su apogeo y cientos de miles de personas llegaban como refugiados a la República Holandesa", añade. Se estima que solo en 1626 llegaron a Leiden aproximadamente 10.000 personas refugiadas.
... y más que pintura. ¿Se trasladó ese contexto al lienzo de Rembrandt? ¿Quiso plasmar el espíritu de lo que veía en las calles de su ciudad, la postura que en su opinión debía mantener hacia los refugiados llegados de otros lugares?
"Representó una escena multitudinaria de Cristo dando la bienvenida a niños y familias. Fue muy controvertido en su momento. Había gente en Leiden que no quería recibirlos", abunda Graham-Dixon. "Lo que deducimos es que Rembrandt estaba del lado de la ayuda humanitaria. Así que creo que esto es más que una simple pintura. Es una declaración de su postura moral". Lo cierto es que en la obra se observa una multitud en la que se representan la religión judía y cristiana.
"Resulta familiar". La figura tocada con turbante no es la única sorpresa. Los expertos han identificado en ella un autorretrato del propio Rembrandt, quien se representó a sí mismo en la parte superior, como un joven que parece mirar la escena encaramado a un pilar, aunque en realidad nos observa a nosotros.
"Su fisonomía nos resulta familiar gracias a los numerosos autorretratos pintados, dibujos y grabados que realizó durante 40 años. Solo durante su etapa de Leiden realizó no menos de 14 distintos", señalan los expertos de Sotheby´s.
¿Un retrato de familia? No solo eso. El holandés también solía recurrir a modelos de su propia familia, algo que parece haber aplicado también en "Dejad que los niños vengan a mí". Los expertos creen haber identificado retratos de su madre y padre, además de otros miembros de su círculo familiar cercano.
"En ninguna otra imagen Rembrandt logra reunir a su familia de forma tan completa", deslizan los expertos. ¿El motivo? Una teoría compartida por la casa de subastas es que, dado que el pintor acababa de regresar a Leiden tras formarse en Ámsterdam con el reputado Pieter Lastamn (1583–1633), quería demostrar a sus padres que el dinero invertido en su formación había valido la pena.