Un equipo de la Universidad de Málaga ha descubierto un método para convertir la alga invasora asiática Rugulopteryx okamurae, que está causando estragos en el litoral andaluz, en un valioso ingrediente para piensos de peces. Este hallazgo no solo ofrece una solución a las miles de toneladas de algas que colapsan las costas, sino que también mejora significativamente el perfil nutricional del pescado, haciéndolo más saludable para el consumo.
Mientras que en el Mediterráneo el langostino café es una preocupación para pescadores y ecologistas, en las proximidades del Estrecho de Gibraltar, la alga asiática Rugulopteryx okamurae se ha convertido en una especie invasora que causa graves daños. En pocos meses, esta alga ha llegado a cubrir más del 90% de algunos fondos marinos.
Sin embargo, un equipo de investigación de la Universidad de Málaga ha encontrado una solución innovadora. Han descubierto cómo aprovechar las más de 60.000 toneladas de esta alga que se esperan en el litoral andaluz este año: transformarla en alimento para peces, y además, un alimento de excelente calidad.
El equipo llevó a cabo un experimento alimentando a lisas durante 66 días con una dieta que incluía pienso formulado con alga tratada. El resultado fue un pescado con mayor contenido de proteína, menor cantidad de grasas y más omega-3 en su carne. Adicionalmente, se observó una mejora en la microbiota intestinal de los peces, lo que les ayudó a procesar mejor otros nutrientes y fortaleció su sistema inmune. Es importante destacar que, en su estado natural, el alga es tóxica para los peces.
Este descubrimiento es significativo por varias razones. En primer lugar, ofrece una forma de gestionar las miles de toneladas de algas que anualmente invaden las playas y los fondos marinos del sur de España, integrándose en un modelo de economía circular. Esto reduce la dependencia de harinas y aceites de pescado, ingredientes comunes en la fabricación de piensos. En segundo lugar, el pescado obtenido resulta nutricionalmente más atractivo para el consumo. Aunque este estudio se enfoca únicamente en el músculo del pez y no evalúa su efecto en humanos.
La Rugulopteryx okamurae es un alga parda originaria del Pacífico noroccidental que habita en fondos rocosos, generalmente entre 0,5 y 35 metros de profundidad, aunque se ha detectado hasta 40 metros en la bahía de Ceuta. Su llegada al Mediterráneo se remonta a 2002, cuando fue introducida accidentalmente junto con ostras japonesas en la laguna francesa de Thau. En España, se detectó por primera vez en las costas de Ceuta en 2015, y en solo un año ya había devastado los fondos rocosos. Desde entonces, esta alga ha colonizado gran parte del litoral de Cádiz y Málaga, desplazando la flora autóctona y generando acumulaciones de biomasa que obligan a los ayuntamientos a destinar recursos presupuestarios a su limpieza.
Para transformar un alga tóxica en un ingrediente tan prometedor para pienso, el equipo aplicó un tratamiento de hidrólisis enzimática y fermentación microbiana. Este proceso elimina los compuestos químicos naturales que el alga utiliza para defenderse, haciendo posible su digestibilidad. Para el pienso, probaron dos concentraciones: del 5% y del 15%. La concentración del 5% resultó más eficaz para mejorar el perfil proteico y de omega-3, mientras que la del 15% también redujo la grasa, pero activó marcadores relacionados con la inmunidad y el estrés oxidativo.
No obstante, este estudio se realizó con peces de tamaño comercial, por lo que no se midieron parámetros cruciales como el crecimiento, la conversión alimenticia o la digestibilidad, que son esenciales para determinar la viabilidad económica de este método de reciclaje del alga. Además, la salud a largo plazo de los peces no fue evaluada, ya que 66 días es un periodo de tiempo relativamente corto. Un único estudio con una sola especie de pez y un periodo tan limitado no es suficiente para considerar la comercialización de un pienso. Por último, esta alga acumula metales pesados de forma natural, un aspecto que requiere mayor investigación.