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Sáb, Ago

El incendio de Los Gallardos: Un análisis sobre el origen y la problemática de los cables eléctricos abandonados

Tecnologia
El incendio de Los Gallardos, Almería, se ha convertido en el más mortífero del siglo en España, dejando una docena de víctimas y miles de hectáreas devastadas. La investigación inicial apunta a un cable eléctrico como posible origen, desatando un debate sobre la gestión de infraestructuras eléctricas abandonadas y su potencial peligro en zonas forestales. Este suceso pone de manifiesto la urgente necesidad de revisar la regulación y el mantenimiento de estos tendidos en el país.

El incendio de Los Gallardos, en Almería, ostenta ya el trágico récord de ser el más mortífero del siglo en España, con una docena de fallecidos, aproximadamente 6.600 hectáreas afectadas y 1.405 personas desalojadas. Varias de las víctimas fueron encontradas dentro de sus vehículos, atrapadas en un camino sin salida. Mientras la Guardia Civil continúa con la identificación de los cuerpos y los equipos del INFOCA trabajan en la extinción total, el debate público se intensifica.

Entre los muchos aspectos a analizar, uno de vital importancia es el posible origen del fuego: un cable que pudo haberlo iniciado todo. La teoría del cable ha circulado casi desde el principio. En la misma madrugada del viernes, Endesa envió un equipo técnico que concluyó que el cable no pertenecía a su infraestructura. RedEléctrica rápidamente añadió que tampoco formaba parte de su red de transporte. Según sus explicaciones, se trataría de una acometida privada de baja tensión que daba servicio a un restaurante abandonado (bar Anita), dada de baja desde 2009. De hecho, según los técnicos, el cable no debería haber tenido tensión.

Y, evidentemente, sin tensión no hay chispas. Esto ha sido aclarado por los peritos judiciales: si no hay carga eléctrica circulando por el cobre, es físicamente imposible que el incendio se originara en ese punto tal como se había descrito. Esto ha abierto un interrogante: ¿realmente estaba "sin tensión" como figuraba en los archivos de Endesa o se estaba utilizando "bajo cuerda" para abastecer cortijos diseminados? Todavía no se tiene una respuesta definitiva, pero (más allá del caso específico de Los Gallardos) lo relevante es la pregunta que surge: ¿cuántos cables como estos existen sueltos por España?

¿Qué sucede exactamente con los cables? Lo primero es reconocer que estamos ante un problema grave. Y no precisamente porque la proporción de incendios causados por cables sea elevada, sino porque tienden a ser muy destructivos. En California, por ejemplo, los cables están detrás de aproximadamente la mitad de los incendios más devastadores de su historia, a pesar de causar menos del 10% de las igniciones. En España no disponemos de una estadística clara, pero algunos estudios sugieren que las cifras se aproximan a estos porcentajes: en Aragón, los tendidos causaron este año alrededor del 10% de los fuegos accidentales, y los informes de WWF ya los señalan entre las causas de los grandes incendios.

¿Y nadie toma medidas? Tras los incendios de Guadalajara en 2005, el Estado obligó a los titulares de las redes a mantener desbrozados los márgenes de sus líneas y a revisarlas periódicamente. Sin embargo, el caso de Los Gallardos subraya un aspecto poco considerado: la existencia de muchos tendidos que, en la práctica, "no son de nadie". Este es el gran problema: una acometida antigua hacia una ruina, sin mantenimiento y quizás con una corriente informal, puede convertirse en una enorme fuente de problemas.

¿Y ahora qué? Una vez que se depuren responsabilidades, aumentará la presión para vigilar los tendidos privados en zonas forestales (un tema recurrente en California). Pero las soluciones son siempre las mismas: financiar la prevención resulta poco atractivo y, por esta razón, estamos gastando 400 millones al año en España cuando sería necesario invertir diez o quince veces más.