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Sáb, Ago

Guadix: De Refugio Histórico a Destino Turístico Sostenible en Casas Cueva

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Guadix, una ciudad en Granada, ha transformado su herencia de casas cueva, nacidas de la necesidad y el rigor climático, en una propuesta de turismo innovadora. Lo que antaño fue refugio para poblaciones expulsadas y forajidos, hoy es un ejemplo de arquitectura bioclimática y sostenibilidad, ofreciendo una experiencia única que combina historia, confort y diseño en un entorno subterráneo.

Moriscos, forajidos y poblaciones expulsadas, equipados con picos y velas, ocuparon cuevas, una realidad poco romántica de Guadix que tardaría tres siglos en transformarse en un destino rural chic. La exploración de sus calles y cerros es gratuita; pernoctar allí, sin embargo, es una experiencia diferente. Ubicado en Granada, Andalucía, a más de 900 metros de altura, Guadix, conocido como "el pueblo de las casas cueva", es en realidad una ciudad que convirtió la adversidad, la pobreza y las condiciones climáticas extremas en una forma de arquitectura bioclimática. Con el tiempo, esto evolucionó hacia un "trogloturismo" de diseño.

Un barrio completo bajo tierra. En los alrededores de Guadix, en las faldas de Sierra Nevada, se concentran más de 2.000 viviendas excavadas en cerros de arcilla roja. La prensa lo ha denominado "Capital Europea de las Cuevas", refiriéndose a un barrio que se originó alrededor de 1550, en torno a la Fuente de Maese Pedro y la calle de San Marcos. Solo en este barrio residen más de 4.500 habitantes. El paisaje se caracteriza por colinas literalmente vaciadas por dentro, fachadas encaladas y chimeneas que, como fumarolas de cal, sobresalen como periscopios. Además, estas cuevas mantienen una temperatura interior constante de aproximadamente 20 grados durante todo el año. El aire exterior tarda unos tres meses en influir en las paredes, lo que modera los inviernos y veranos extremos. Este confort y aislamiento acústico han convertido esta arquitectura pasiva en uno de los destinos turísticos más solicitados de España. Actualmente, es posible tomar un tren turístico y alojarse en una casa-cueva, con precios que oscilan entre los 60-70 euros y más de 120 euros por noche, dependiendo de las comodidades como jacuzzis.

Las plataformas de alquiler como Airbnb y agregadores como cozycozy ofrecen opciones como la “cueva hammam”, “cueva la Tita del Pan” o “Casa Cueva Los Mosaicos”, que incluyen jacuzzis, piscinas y excelentes valoraciones (9,5 en Booking y 4,2 sobre 5 en Airbnb). La región se promociona bajo la premisa de "dormir como un neandertal, pero con Wi-Fi y bañera de hidromasaje". Hoy en día, vivir en estas cuevas no es sencillo, pero alquilarlas es una propuesta atractiva: trenes turísticos, centros de interpretación y rutas guiadas forman parte de este trogloturismo, enfocado en la sostenibilidad y la experiencia introspectiva. Lo que en el pasado fueron viviendas humildes, hoy son hermosos enclaves que desafían el rigor climático.

Guadix siempre ha sido un territorio de tierra blanda y abrigos naturales, utilizado desde la Edad del Bronce. Los estudios arqueológicos confirman ocupaciones humanas que usaban estas "badlands" o cárcavas del borde y el cauce del río de Guadix para protegerse de las inclemencias. Durante la Edad Media, este paisaje se entrelaza con el frente nazarí y, tras la reconquista por los Reyes Católicos, se convierte en un lugar de refugio. Después de las expulsiones de 1570 y 1609, la hipótesis sitúa el origen del gran barrio de cuevas hacia finales del siglo XV, cuando moriscos, forajidos y poblaciones expulsadas de la medina ocuparon clandestinamente estas cuevas y perfeccionaron, con pico y pala, la técnica de excavar cerros enteros siguiendo el conocimiento de los alarifes. El historiador accitano Carlos Javier Garrido destaca que este refugio de perseguidos fue también una respuesta social a una ciudad dominada por oligarquías, una especie de rebelión silenciosa.

En 1920, el barrio llegó a albergar al 60% de la población de la ciudad. No fue hasta los años 50 del siglo XX cuando las excavaciones masivas ampliaron e inauguraron nuevas casas cueva, ya concebidas como viviendas normales en un barrio más. Las huellas de la Guerra Civil también son notables: el pueblo se quedó sin ermita. Hay mucho que ver, en todo caso: la Catedral de la Encarnación, el Palacio de los Marqueses de Villaverde o la propia alcazaba islámica, del siglo XI, sumado a la Ermita Nueva, en blanco nuclear y capilla completamente labrada bajo roca. Con la llegada de carreteras nacionales bordeando la montaña, electricidad, televisión y emigración, las familias locales convirtieron estos viejos taludes enclavados en “casas de verano” para escapar del calor. Fue entonces cuando el barrio comenzó a ser percibido desde fuera más como un paisaje pintoresco que como un espacio de marginalidad.

Hasta hace poco, desde el punto de vista urbanístico, las casas cueva se encontraban en un limbo: eran viviendas, pero no encajaban en las categorías estándar de la normativa. La nueva Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía (LISTA) y su reglamento dedican por primera vez un título completo al hábitat troglodítico, definiendo qué es una cueva, qué es un barrio de cuevas y qué es un “municipio troglodítico” (Artículo 421). La norma establece condiciones mínimas de seguridad, salubridad y habitabilidad: servicios de agua y saneamiento, una superficie mínima de 30 m², ventilación suficiente, evacuación adecuada de aguas pluviales y garantías de estabilidad del terreno excavado. Los planes generales de ordenación están ahora obligados a indicar medidas para su protección, conservación y mejora, desde mantener la capa exterior de tierra hasta preservar los canales naturales de evacuación de lluvia.

El itinerario turístico promedio incluye una panorámica del centro, el Teatro Romano, la muralla árabe, la Alcazaba, los barrios histórico y judío y, finalmente, una parada de unos 45 minutos en la zona troglodita para visitar miradores, una iglesia-cueva única y el Centro de Interpretación de las Cuevas. Es importante destacar que las reservas tienen prioridad: las visitas al barrio de cuevas se llenan, especialmente por las mañanas y los fines de semana. El tren turístico suele operar con salidas cada 40-60 minutos en horario de mañana. El recorrido dura unos 75 minutos, con comentarios grabados en varios idiomas. El Centro de Interpretación reabrió en abril de 2026 con un nuevo horario: de lunes a sábado abre de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 18:30, y los domingos hasta las 14:30.

La otra experiencia es quedarse, literalmente, a pasar la noche bajo tierra. Una noche en pareja suele costar alrededor de 110 euros, subiendo a 170-200 euros en opciones con piscina, jardín amplio o servicios adicionales. Portales de alquiler como Rentalia muestran casas cueva en Guadix desde 65 euros por noche, siempre dependiendo de las fechas y la estancia mínima según la temporada. Es un contraste irónico: las autoridades civiles y eclesiásticas nunca estuvieron conformes. Alonso de Medrano en 1618 y el corregidor Josef Miret en 1786 quisieron erradicar el barrio demoliéndolo. "Lo que las autoridades quisieron borrar dos veces es hoy la marca turística de la ciudad", concluye Carlos Javier Garrido García en su monográfico ‘Las cuevas de Guadix en la Edad Moderna (1489-1808)’.