El comandante del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, Eric M. Smith, desmiente la idea de que la Generación Z carece de resiliencia y está menos preparada para los desafíos. En su lugar, argumenta que los jóvenes actuales poseen un carácter tan sólido como las generaciones anteriores, y que su familiaridad con la tecnología representa una ventaja estratégica crucial en el cambiante panorama de la guerra moderna.
Durante años, se ha difundido la idea de que la Generación Z está excesivamente ligada a las pantallas, posee menor capacidad de sacrificio y está menos preparada para afrontar grandes desafíos. Sin embargo, el comandante del Cuerpo de Marines de Estados Unidos sostiene una postura opuesta. En su opinión, la transformación clave no reside en los jóvenes, sino en la evolución de la guerra.
Pocas generaciones han acumulado tantos estereotipos como la Z. Se les critica por su dependencia del móvil, las redes sociales y los videojuegos, infiriendo una menor resiliencia en comparación con sus padres y abuelos. Eric M. Smith, comandante del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, explicó en Military que esta interpretación parte de una premisa errónea: se confunden experiencias vitales diferentes con una supuesta falta de carácter. Después de casi cuatro décadas de servicio y miles de reclutas, su conclusión es contundente: “sus apellidos han cambiado, pero su carácter y su compromiso no”.
“Están hechos de la misma madera que los Marines de la Segunda Guerra Mundial”, explica. La comparación no es casual. Smith equipara a los jóvenes actuales con quienes combatieron en escenarios históricos como Iwo Jima, el embalse de Chosin o, más recientemente, Faluya.
También rechaza la idea de que el Cuerpo haya disminuido sus exigencias para atraer voluntarios. “No hemos reducido los estándares. Nunca lo haremos”, afirma. Su argumento es sencillo: los Marines siguen demandando que los aspirantes se adapten a la institución y no a la inversa, manteniendo un proceso de formación que continúa siendo el más extenso de las fuerzas armadas estadounidenses.
Donde Smith sí percibe una diferencia respecto a generaciones anteriores es en la relación con la tecnología. Él mismo recuerda que ya era capitán cuando tuvo su primer teléfono móvil, mientras que los nuevos reclutas han crecido inmersos en móviles, videojuegos e internet.
Lo que durante años se ha interpretado como una distracción puede ser, según el general, una ventaja estratégica. “Son condenadamente inteligentes”, resumía, antes de añadir una frase que explica su razonamiento: “basta con darles un dispositivo y cinco minutos para que descubran por sí solos cómo emplear un dron, mientras que oficiales de generaciones anteriores necesitarían formación específica.”
Las declaraciones de Smith llegan en un momento en que el campo de batalla está experimentando una transformación acelerada. La guerra en Ucrania ha puesto en primer plano a los drones FPV, la inteligencia artificial, los sensores, la guerra electrónica y los sistemas conectados, restando protagonismo a los grandes blindados o la artillería.
En este contexto, comprender interfaces digitales, adaptarse rápidamente a nuevas herramientas o aprender de forma intuitiva el funcionamiento de sistemas complejos empieza a ser tan importante como la resistencia física o la puntería.
La historia demuestra que los ejércitos siempre han tenido que adaptarse a las tecnologías de su tiempo. Hubo un momento en que saber montar a caballo marcaba la diferencia, después llegaron la radio, el radar, la criptografía o los misiles guiados, obligando a incorporar perfiles cada vez más técnicos.
La digitalización del combate representa otro salto similar. Las habilidades que muchos identifican con una generación criada entre pantallas pueden convertirse ahora en un activo militar de primer nivel.
El mensaje de Smith trasciende el debate sobre la Generación Z. No sostiene que los jóvenes sean superiores a sus predecesores, sino que poseen una familiaridad natural con la tecnología que se alinea con las necesidades del ejército moderno.
Para él, los valores fundamentales siguen siendo exactamente los mismos que hace 250 años (honor, coraje y compromiso), pero las herramientas han cambiado. Y en una guerra donde un operador de drones puede influir tanto como una unidad de infantería, la capacidad para dominar rápidamente un nuevo sistema puede convertirse en una de las cualidades más valiosas del soldado del futuro.