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Sáb, Ago

Estudio revela una disminución del 54% en los niveles de testosterona masculina globalmente en 50 años

Tecnologia
Un estudio longitudinal a gran escala ha confirmado una "epidemia silenciosa": los niveles de testosterona en hombres se han reducido a la mitad en los últimos 50 años. Esta significativa caída, independiente del envejecimiento, se ha acelerado desde el año 2000, y los científicos atribuyen este fenómeno a factores ambientales y de estilo de vida como la obesidad, la diabetes tipo 2, los disruptores endocrinos y el sedentarismo.

Al comparar la sangre de un hombre actual con la de su abuelo a la misma edad, se observa que los niveles de testosterona se han reducido a la mitad. Este fenómeno, antes considerado un hallazgo aislado, ha sido corroborado por un estudio de gran envergadura.

El estudio, presentado en la reunión anual de la European Society of Human Reproduction and Embryology, destaca lo que los científicos denominan una "epidemia silenciosa". La investigación analizó datos de 118.593 hombres de seis estudios longitudinales en Israel, Estados Unidos, Brasil, Finlandia y Dinamarca, abarcando el periodo entre 1972 y 2019.

El análisis de la progresión de los niveles de testosterona mostró una clara disminución del 54% en los niveles totales de testosterona. Esto representa un descenso promedio superior al 1% anual, con una aceleración notable a partir del año 2000.

La hipótesis inicial de que el envejecimiento podría ser la causa de esta baja en la testosterona media poblacional fue descartada por los investigadores. Los resultados demuestran que el declive detectado es independiente de la edad, ya que los datos fueron ajustados. Esto significa que un hombre de 30 años en 2019 presenta niveles de testosterona significativamente inferiores a los de un hombre de 30 años en 1980. Si la edad no es el factor, la ciencia señala directamente al entorno y al estilo de vida.

La obesidad es señalada como uno de los culpables más determinantes. El tejido adiposo no es inerte; funciona como un órgano endocrino que convierte la testosterona en estrógeno mediante la enzima aromatasa, presente en la grasa. Así, una mayor cantidad de grasa conlleva una mayor conversión y, consecuentemente, una menor cantidad de testosterona.

Sin embargo, estudios recientes sugieren que la diabetes tipo 2 ha superado a la obesidad como el principal factor de riesgo para niveles bajos de testosterona en suero. La resistencia a la insulina genera un ciclo vicioso que interfiere con la producción normal de esta hormona.

Los disruptores endocrinos también juegan un papel crucial. Estamos expuestos a químicos y sustancias presentes en plásticos (como los bisfenoles), envases alimentarios, pesticidas y productos de cuidado personal que alteran nuestro sistema endocrino. Aunque la evidencia sobre sustancias específicas aún se está consolidando debido a la dificultad de aislar sus efectos, la comunidad científica asume que la exposición crónica a estos químicos interfiere en la fertilidad y en la síntesis de testosterona a nivel global.

El estilo de vida actual, caracterizado por el sedentarismo, también contribuye a este problema. La falta de ejercicio y el exceso de tiempo sentado frenan la producción hormonal. Además, la privación de sueño es un factor significativo, ya que dormir poco o mal altera los ritmos circadianos necesarios para la secreción de testosterona, que ocurre principalmente durante la noche.

La testosterona no solo está relacionada con la fertilidad o el desarrollo muscular; su papel es sistémico. Niveles crónicamente bajos se asocian con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, depresión y deterioro cognitivo. Por lo tanto, un cambio en el estilo de vida es esencial para mantener niveles altos de testosterona, lo que actuaría como un factor protector para una salud más robusta a lo largo del tiempo.