En una de las regiones más despobladas y áridas de China, un inmenso parque solar, comparable en tamaño a Madrid, está propiciando un sorprendente reverdecimiento del paisaje. Esta megaobra, que albergará siete millones de paneles fotovoltaicos, no solo generará energía limpia para millones de hogares, sino que también está creando un microclima más húmedo y atrayendo fauna local, demostrando un impacto ecológico inesperado.
En una de las regiones más despobladas y áridas de China, un paisaje dominado por el polvo durante siglos está empezando a teñirse de verde. La causa no es un cambio climático milagroso ni un proyecto de reforestación masiva, sino un parque solar tan grande como la ciudad de Madrid, con siete millones de paneles solares.
Ubicada en la provincia de Qinghai, esta megaobra aún en construcción se extiende sobre 610 kilómetros cuadrados de meseta tibetana con el objetivo de albergar más de siete millones de paneles fotovoltaicos. En 2026, el complejo proporcionará unos 21 gigavatios, generando más de 18.000 gigavatios-hora al año. Su capacidad de generación será suficiente para abastecer de electricidad a cinco millones de hogares, lo que la convierte en la granja solar más grande del mundo. Pero más allá de las cifras energéticas, el impacto más sorprendente se está viendo a ras de suelo.
La instalación está teniendo efectos beneficiosos en la ecología local. Los paneles solares, alineados en filas interminables, actúan como una barrera contra el viento que reduce la erosión, frena el avance del polvo y la arena y, lo que es más importante, reduce la evaporación de agua del suelo. Bajo la sombra protectora de los paneles, la vegetación ha encontrado una oportunidad para prosperar. La hierba y pequeños arbustos están comenzando a crecer, lo que ha creado un ecosistema más verde que atrae a la fauna local.
Para mantener la vegetación bajo control, la instalación ha contratado a ovejeros de la zona. Miles de ovejas acuden a pastar tranquilamente entre los paneles, una asociación que un funcionario local describió a Associated Press como un "win-win". Aunque la industria de la zona se encuentra bajo escrutinio público por denuncias de represión al pueblo uigur, el reverdecimiento local es un poderoso símbolo a favor de la transición energética. No solo genera energía limpia, sino microclimas más húmedos y vegetación bajo las hileras de paneles, convertidos en praderas para las llamadas "ovejas fotovoltaicas".
Este proyecto es la punta de lanza de la monumental estrategia de China para liderar la transición energética. En 2025, China fue responsable del 55% de las instalaciones de capacidad solar y es responsable de casi el 60% de la eólica instalada en el planeta. En conjunto, China representa alrededor del 67% de las instalaciones de renovables a nivel mundial. Solo en la primera mitad de 2025, el país asiático añadió 315 GW de energía solar, más que toda la capacidad que tiene Estados Unidos, así como 118 GW de energía eólica. Esta aceleración está dando sus frutos: China ya ha alcanzado el objetivo que se propuso para 2030 y sus emisiones de carbono cayeron por primera vez en 2025, aunque en 2026 la generación con carbón ha repuntado puntualmente.