España, una nación con una profunda tradición vitivinícola, enfrenta una transformación sin precedentes en sus viñedos, marcada por vendimias cada vez más tempranas y una significativa pérdida de hectáreas, especialmente de secano. Este fenómeno, impulsado por el cambio climático, la sequía y factores económicos, está redefiniendo las prácticas agrícolas y empujando a la industria hacia la innovación y la adaptación genética para asegurar su futuro.
El 6 de agosto, entre Aldeanueva de Ebro y Alfaro, se cortaron los primeros racimos de tempranillo blanco en varios viñedos, marcando la vendimia más temprana en la historia de La Rioja. Este hecho no es aislado, ya que en la DO Valencia la cosecha comenzó el 3 de agosto; en Jerez, el 29 de julio; y en Jumilla, el 27 de julio. La vendimia en julio es una señal clara de los cambios que experimenta el vino europeo, una tendencia que se ha observado desde hace años. Mientras las grandes regiones vitivinícolas sufren, otras zonas donde tradicionalmente no se cultivaban vides están viendo un auge en el sector.
España es un claro ejemplo de esta situación. Según datos del Ministerio, entre 2010 y 2025, el país perdió 132.641 hectáreas de viñedo destinado a la producción de vino, una superficie equivalente a dos veces y media todo el viñedo de La Rioja. Esta alarmante cifra evidencia la magnitud del problema.
El fenómeno principal es la desaparición del viñedo de secano, que está siendo reemplazado por cultivos de regadío. Entre 2010 y 2025, desaparecieron 160.538 hectáreas de viñedos sin riego, lo que representa casi un 25% del total. En contraste, el regadío ganó 27.849 hectáreas. La totalidad de la pérdida corresponde a viñedos de secano, y la cifra no es mayor porque muchos de estos viñedos han sido convertidos a regadío. En 2004, el 22,1% de los viñedos se regaban; en 2021, esta cifra ascendió al 42,3%.
La sequía es, en parte, la responsable de esta situación. Casi la mitad de la pérdida de viñedos ocurrió entre 2022 y 2024, años caracterizados por grandes sequías. A esto se suman los planes subvencionados de arranque de cepas, la caída del precio de la uva (que ha sacado del mercado los terrenos de menor calidad) y la disminución del consumo de vino.
Además, el cambio climático juega un papel crucial. Aunque no se ha medido con precisión el peso de cada factor, es evidente que el clima no solo reduce los kilos de uva útil, sino que también desequilibra la maduración, acelerando el azúcar sin que se desarrollen adecuadamente el color ni los taninos. La Rioja, por ejemplo, ha tenido que modificar sus pliegos para adaptarse a esta nueva realidad.
Ante este panorama, el sector vitivinícola se está reinventando, aunque la adaptación no es un concepto nuevo. Desde la devastación causada por la filoxera en el vino europeo, la industria ha tenido que ajustarse a una realidad cambiante. Actualmente, se trabaja en el uso de 'pies americanos' para injertar vides europeas y en otras estrategias para adaptarse a los nuevos regímenes hídricos y temperaturas. La situación es tan crítica que, además de las nuevas tecnologías, se están rescatando variedades antiguas y cruzando variedades de formas innovadoras.
El 26 de junio, la Comisión Europea publicó el reglamento europeo de nuevas técnicas genómicas. A partir de mediados de 2028, las plantas con modificaciones que podrían haberse logrado mediante mejora convencional serán tratadas como tales. Esto abre la puerta a cambios sustanciales y necesarios, ya que el futuro de los viñedos y de gran parte de la España rural depende de estas adaptaciones.