Una reciente investigación en neurociencia ha revelado que los cuervos poseen una capacidad de procesamiento visual significativamente más rápida que los primates. Este estudio, publicado en Science, desafía la percepción común sobre la eficiencia cerebral de los mamíferos, mostrando cómo estas aves toman decisiones visuales en la mitad de tiempo. La clave podría residir en su densa configuración neuronal y su elevada temperatura corporal.
Es común en el ámbito científico utilizar primates como referencia en estudios para comprender cómo el cerebro procesa la información del entorno y toma decisiones rápidas. Cuando un estímulo visual aparece, una red neuronal recopila datos, evalúa opciones y genera una respuesta en aproximadamente medio segundo. Sin embargo, se ha descubierto que las aves, en particular los cuervos, operan a un nivel de velocidad superior.
Aunque se considera que la capacidad de procesamiento cerebral humana es altamente eficiente, los cuervos demuestran lo contrario. Esta es la principal conclusión de un grupo de investigadores que publicó sus hallazgos en Science, donde se demuestra que, al enfrentar la misma tarea visual, estas aves actúan con una rapidez asombrosa, superando a los primates.
Para evaluar la velocidad de procesamiento en estas aves, el equipo adaptó uno de los experimentos más reconocidos en neurofisiología perceptiva: la tarea de discriminación de movimiento con puntos aleatorios. Esta prueba, muy utilizada con primates a principios de los años 2000, consiste en colocar al sujeto frente a una pantalla donde un conjunto de puntos se mueve de manera caótica, mientras un porcentaje específico se desplaza coherentemente hacia la izquierda o la derecha.
En el experimento, los cuervos se situaron frente a una pantalla táctil. Tras la aparición de los puntos, las aves debían girar la cabeza y picotear un objetivo para indicar la dirección del movimiento. Con señales claras, la precisión de las cornejas fue casi del 100%, e incluso en patrones de movimiento más complejos y difusos, sus decisiones frecuentemente superaron el umbral del azar.
Lo más impactante no fue la precisión, sino el tiempo transcurrido desde la aparición de las señales visuales hasta el inicio del giro de cabeza, que se estableció en un promedio de 235 milisegundos. En versiones idénticas de esta misma prueba, los macacos suelen tardar entre 410 y 600 milisegundos en iniciar la respuesta, lo que subraya una diferencia considerable.
Este hallazgo es aún más relevante al considerar la anatomía cerebral de los cuervos, ya que carecen de una corteza cerebral estratificada como la de los mamíferos. En su lugar, han desarrollado una estructura funcionalmente equivalente denominada nidopallium caudolaterale (NCL), que contiene neuronas capaces de codificar reglas abstractas e incluso correlatos de conciencia sensorial. Mediante registros de neuronas individuales en el NCL mientras las aves realizaban la tarea, los investigadores observaron la dinámica interna del proceso de decisión. Los datos indicaron neuronas altamente selectivas a la dirección elegida, con una tasa de disparo que aumentaba a medida que se incrementaba la intensidad de lo que aparecía en pantalla.
Para comprender cómo un cerebro tan pequeño puede ser tan rápido, la primera hipótesis sugiere la densidad neuronal. Un estudio de 2016 demostró que el prosencéfalo de loros y paseriformes alberga, en promedio, el doble de neuronas que el cerebro de un primate de masa similar. A esta alta densidad se añade la temperatura corporal de las aves, que es significativamente más alta que la de los mamíferos, lo que acelera las tasas metabólicas y la velocidad de conducción de los impulsos nerviosos. Además, investigaciones de la Universidad de Bochum han revelado que el prosencéfalo sensorial aviar posee circuitos canónicos repetidos que se asemejan a los microcircuitos de la neocorteza de los mamíferos, proporcionando un soporte estructural óptimo para el cálculo rápido.