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Mar, Oct

Atomic-6 lanza Space Armor para combatir la basura espacial y proteger satélites

Tecnologia
La startup Atomic-6 ha desarrollado Space Armor, una innovadora armadura diseñada para proteger los satélites de la creciente amenaza de la basura espacial. Este escudo busca solucionar dos problemas cruciales: el impacto directo de fragmentos y la generación del peligroso síndrome de Kessler. Un prototipo de Space Armor ya ha sido enviado al espacio para probar su eficacia en condiciones reales.

La basura espacial representa un desafío significativo por múltiples razones. Una de ellas es la probabilidad de que fragmentos de chatarra colisionen con satélites, destruyéndolos o afectando su funcionamiento. Otro riesgo es la aparición del temido síndrome de Kessler, un efecto dominó donde un impacto inicial genera más fragmentos, incrementando exponencialmente el peligro. Aunque existen escudos para proteger los satélites, estos pueden generar más desechos durante el proceso, exacerbando el segundo problema. Para contrarrestar esto, la empresa Atomic-6 ha creado Space Armor, una armadura concebida para abordar ambos inconvenientes simultáneamente.

Atomic-6 ha lanzado el primer prototipo de Space Armor a bordo de la nave Starburst-1 de Portal Space Systems, utilizando un cohete Falcon 9 de SpaceX. Los ingenieros de la compañía esperan que durante su tiempo en órbita, el escudo reciba impactos de pequeños fragmentos, lo que les permitirá monitorear su comportamiento mediante telemetría.

Los fragmentos de basura espacial de gran tamaño son detectables, lo que permite prevenir colisiones. Sin embargo, la mayoría de esta chatarra es diminuta y extremadamente difícil de rastrear. Según estimaciones de la ESA, el espacio contiene más de 65.000 objetos de más de 10 cm, aproximadamente 1,5 millones entre 1 y 10 cm, y unos 230 millones entre 1 mm y 1 cm. Estas cifras, además, están en constante y rápido aumento.

Estos pequeños fragmentos son muy peligrosos, no solo por su dificultad de rastreo, sino por la energía que liberan al impactar. Por ejemplo, una esfera de aluminio de 3 mm viajando a 7 km/s concentra aproximadamente 0,93 kJ de energía, comparable a la de una bala de un arma corta potente. Esta energía es más que suficiente para dañar gravemente un satélite.

En 1946, el astrónomo Fred Whipple desarrolló los escudos Whipple para proteger las naves espaciales de impactos a alta velocidad. En esa época, la basura espacial no era un problema grave, pero los micrometeoritos sí podían causar daños significativos.

Estos escudos consistían, a grandes rasgos, en dos paredes delgadas separadas por un espacio vacío. Cuando un objeto impacta violentamente la pared exterior, tanto esta como el objeto se rompen, se funden y se vaporizan parcialmente. Como resultado, se forma una nube de partículas diminutas y calientes que atraviesa el hueco y se dirige hacia la segunda pared. La energía, antes concentrada en un único fragmento, se dispersa en esta nube, permitiendo que la segunda pared la retenga sin problemas y salvaguardando la nave. Los escudos Whipple se siguen utilizando hoy en día, pero presentan dos inconvenientes: son muy pesados y, al no todas las partículas pasar a la cavidad entre las paredes, generan más pequeños fragmentos. Esto último, lógicamente, puede potenciar el síndrome de Kessler.

La composición exacta de Space Armor es un secreto comercial, pero se ha revelado que está hecha de fibras en una matriz de resina, lo que le confiere una notable ligereza. Las versiones Lite desarrolladas hasta ahora son un 30% más ligeras y un 15% más delgadas que los escudos Whipple de aluminio. En pruebas de laboratorio, esta armadura ha logrado absorber y retener impactos a velocidades superiores a 25.700 km/h sin generar fragmentos adicionales. Además, el escudo es transparente a la radiofrecuencia, lo que significa que no interfiere con las operaciones de los satélites. Todas estas características representan ventajas significativas.

Si las pruebas actuales resultan exitosas, el siguiente paso para Atomic-6 será implementar su nueva armadura a una escala mayor. Sin embargo, este proceso se realizará de forma gradual, comenzando por demostrar su eficacia en el espacio, igual que lo ha hecho en los laboratorios terrestres.