El fenómeno climático El Niño de 2026 está registrando temperaturas en el Pacífico ecuatorial que superan ampliamente récords anteriores, obligando a ajustar las escalas de medición. Este evento, conocido por sus vastos impactos globales, se encuentra en una fase de intensificación sin precedentes, con anomalías térmicas que ya exceden las de episodios históricos como los de 2015 y 1997. Los expertos advierten que aún no ha alcanzado su punto máximo, generando preocupación por sus potenciales consecuencias a nivel mundial.
Ese conjunto de líneas azules que se observa representa un resumen visual conciso de los últimos 45 años de temperaturas en el Pacífico ecuatorial. Este es el contexto, pero la verdadera historia se centra en la línea roja, que corresponde a los datos de lo que va de 2026. Es notable que, por primera vez, ha sido necesario ampliar el eje hasta los cuatro grados de anomalía para que los valores no se desborden.
Es pertinente recordar que El Niño es un fenómeno climático cíclico, aunque muy irregular, que ejerce grandes y significativos efectos sobre el clima mundial. De hecho, excluyendo las estaciones, constituye la fuente más relevante de variabilidad climática anual en todo el planeta. Durante su fase cálida, caracterizada por la debilidad de los vientos alisios que normalmente enfrían la superficie del Pacífico ecuatorial, la temperatura de esta región oceánica se eleva drásticamente. Esta elevación, a través de diversas teleconexiones atmosféricas, perturba todos los sistemas meteorológicos del mundo. Sus efectos son variados y dependen de la región: "condiciones más secas de lo normal en determinadas partes del mundo; mientras que en otras provoca más precipitaciones. Unos países tienen que lidiar con sequías importantes y otros, con lluvias torrenciales", según la AEMET. No obstante, en lo que respecta a las temperaturas, El Niño es sinónimo de calor.
Analicemos las cifras. Según los datos diarios de la NOAA, el pico de El Niño en 2015 registró una anomalía de +3,02 ºC el 19 de noviembre; en 1982 fue de +2,78 °C; y en 1997, de +2,39 °C. El 26 de octubre de 2026, las mismas aguas indicaban +3,49 °C. En esencia, aquí reside la clave: El Niño de 2026 supera en casi medio grado al de 2015, y en más de un grado al de 1997, y según el consenso de los modelos, aún no ha alcanzado su punto máximo.
¿Por qué continúa su ascenso? Esto es parte de su comportamiento normal. Así opera El Niño. Dado que hay más agua en el hemisferio sur, sus estaciones son las que determinan la temperatura del agua. Es habitual que, en plena primavera austral, la temperatura siga en aumento. Además, de cierta manera, El Niño se está retroalimentando. En condiciones normales, los alisios actúan como un ventilador que desplaza el agua caliente hacia Indonesia. Cuando el centro y el este del Pacífico ecuatorial ganan temperatura, los vientos pierden fuerza, lo que provoca que el sistema que enfría esa zona deje de hacerlo. Sin embargo, y a riesgo de reiteración, este no es un año normal: los mapas de la NASA muestran zonas del Pacífico hasta 40 centímetros más altas de lo habitual.
¿Y hasta cuándo se extenderá esta situación? Los récords anteriores suelen establecerse en noviembre. Por lo tanto, a priori, nos queda un mes de incrementos. La OMM pronostica una media de aproximadamente +3,7 °C para el periodo octubre-diciembre, superando el récord trimestral previo de +2,6 °C, y su actualización del 21 de octubre eleva la previsión para noviembre-enero a unos +3,8 °C.