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Vie, Oct

La vejez y la restricción de la vida: reinterpretando la visión de Carl Jung y la psicología moderna

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La frase de Carl Gustav Jung sobre la restricción de la vida en la vejez ha resonado a lo largo del tiempo, a pesar de que la psicología moderna ha revisado sus fundamentos. Aunque Jung fue un pensador influyente, sus ideas sobre el envejecimiento han sido reinterpretadas, destacando que no es la edad en sí, sino la percepción del tiempo restante, lo que moldea nuestras prioridades y experiencias vitales.

Desde hace tiempo, una frase de Carl Gustav Jung sobre la vejez ha sido recurrentemente citada: que quien envejece debería comprender que su vida ya no se expande, sino que existe "un proceso interno e implacable que fuerza a restringir su vida". Aunque suena a una máxima de autoayuda, esta afirmación es genuinamente suya. Sin embargo, que provenga de Jung no la exime de críticas. A pesar del aprecio por el pensador suizo, se le considera un charlatán con una intuición extraordinaria, un erudito esotérico cuyas teorías a menudo carecían de respaldo empírico.

Esta idea es un claro ejemplo de sus limitaciones: durante décadas, la psicología se ha centrado en esta noción de que la vida social se encoge con la edad, validándola en parte, pero discrepando en lo esencial: no es la edad lo que restringe la vida, sino la percepción del tiempo que creemos que nos queda.

¿Qué expresó Jung con exactitud? La frase se extrae de 'Die Lebenswende', un ensayo que Jung presentó en 1930 y que, tras una meticulosa revisión, publicó en 'Seelenprobleme der Gegenwart' en 1931. En ese momento, con 54 años, Jung estaba obsesionado con la metáfora de que la vida era como el arco que describe el sol en el firmamento.

Según su perspectiva, entre los 35 y los 40 años, la vida humana alcanzaría su punto culminante, su mediodía. A partir de entonces, comenzaría la tarde, y sería inútil vivir como si aún fuera por la mañana. Él veía que el sol dejaba de "derramar su luz" en el mundo para recoger sus rayos e iluminarse a sí mismo. Esto no debía interpretarse como un declive, sino como un momento de encuentro con la verdadera esencia de uno mismo.

Lo notable es que Jung no se refería únicamente a personas mayores o jubiladas, sino también a aquellos en la cuarentena. Con 54 años, es plausible que él mismo aún estuviera atravesando la crisis de la mediana edad.

El problema es que esta idea envejeció mal. En 1961, mientras estudiaban datos de adultos de 50 a 90 años en Kansas City, Elaine Cumming y William Henry desarrollaron la 'teoría del desenganche'. A partir de entonces, 'envejecer' se conceptualizaría como una retirada mutua e inevitable entre la persona y la sociedad. Algunos llegaron a denominarla "ensayo general de la muerte".

En la teoría de Cumming y Henry sí se observa un declive. No obstante, esta teoría ha sido fuertemente criticada y, en la práctica, se considera desacreditada. Principalmente, porque se constató que las personas mayores no manifestaban más tristeza que los jóvenes.

Laura Carstensen, psicóloga de Stanford, explicó este fenómeno. Observó que muchas personas que habían experimentado pérdidas significativas, contrariamente al estereotipo, mostraban un bienestar emocional relativamente alto. Para ella, la clave, que denominó selectividad socioemocional, reside en que todos, de una u otra manera, llevamos un registro del tiempo que nos queda. Cuando percibimos que es mucho, priorizamos la exploración, el crecimiento y la inversión; cuando sentimos que nos queda poco, priorizamos el bienestar emocional, el autocuidado y la protección.

¿Pero no es eso, simplemente, hacerse mayor? No. El ejemplo clásico es que si a un joven de 20 años se le pregunta con quién pasaría los siguientes veinte minutos, sus respuestas son muy variadas (y suelen girar en torno a la "exploración"). Si se le pide que imagine que se va a mudar, sus respuestas se orientan rápidamente hacia el segundo modo de priorizar.

Así, Jung acertó en el qué sucede, pero no en el porqué sucede. Y esa distinción es fundamental al momento de abordar el proceso de envejecimiento.