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Vie, Oct

Reino Unido insta a ciudadanos a prepararse para emergencias de 72 horas en medio de críticas por la situación económica

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El Gobierno del Reino Unido ha lanzado la campaña 'Be Ready', instando a sus ciudadanos a prepararse para una emergencia de 72 horas almacenando suministros esenciales. Esta iniciativa, motivada por la creciente preocupación ante posibles ataques híbridos y sabotajes, ha generado controversia debido a la difícil situación económica que atraviesan millones de hogares británicos, quienes luchan por cubrir sus necesidades básicas diarias.

El Reino Unido ha solicitado a sus ciudadanos que se preparen para una emergencia de 72 horas, un imprevisto en el contexto de la guerra híbrida, que podría ir desde un apagón masivo hasta un sabotaje ruso contra sus infraestructuras. La recomendación parece sencilla: almacenar agua, comida y suministros básicos. Sin embargo, millones de británicos enfrentan dificultades para adquirir lo necesario para subsistir cada semana, lo que ha llevado a una pregunta incómoda sobre el nuevo plan de seguridad nacional: ¿cómo se prepara para una crisis quien ya vive en una permanente?

Como se mencionó, el Gobierno británico ha lanzado la campaña 'Be Ready', que aconseja a todos los hogares disponer de provisiones suficientes para afrontar 72 horas sin acceso normal a alimentos, agua o servicios esenciales. La lista incluye nueve litros de agua embotellada por persona, alimentos no perecederos, mantas, linternas, pilas, botiquines, radios FM, baterías externas y dinero en efectivo. También contempla productos de higiene, medicamentos, artículos para bebés y comida para mascotas. Las autoridades sugieren acumular estos productos progresivamente, añadiendo uno o dos artículos adicionales a la compra habitual y revisando las reservas cada seis meses.

La campaña surge, sin duda, en un contexto de creciente preocupación por los ataques híbridos, los sabotajes y las operaciones de guerra electrónica contra las infraestructuras europeas. El Gobierno británico teme que “actores hostiles” puedan interrumpir los sistemas de pago, las comunicaciones, el suministro eléctrico o las cadenas de distribución. De hecho, el ministro de Defensa, Wes Streeting, ha advertido que las amenazas patrocinadas por Estados son reales y afectan cada vez más directamente al Reino Unido. También ha señalado que Europa podría enfrentarse a una amenaza militar mucho mayor hacia 2030, insistiendo en la necesidad de reforzar la preparación de la población civil.

La iniciativa ha provocado críticas por su desconexión con la situación económica de numerosos hogares. Según el informe de julio de 2026 de la Joseph Rowntree Foundation, 7,4 millones de familias con bajos ingresos no pudieron permitirse productos esenciales durante los seis meses anteriores, mientras que 1,5 millones de hogares recurrieron a bancos de alimentos. Yasmin Ibison, asesora de la fundación, plantea una contradicción: si millones de personas tienen dificultades para pagar comida, calefacción y productos básicos de higiene, resulta complicado pedirles que compren reservas adicionales. Para estas familias, la preparación ante una emergencia supone un gasto que compite directamente con necesidades inmediatas.

Ruth Patrick, profesora de la Universidad de Glasgow y responsable del proyecto Changing Realities, comentó a la BBC que considera que las recomendaciones gubernamentales "parecen, en el mejor de los casos, una falta de sensibilidad y, en el peor, un insulto para los 14 millones de hogares que actualmente se enfrentan a la pobreza en todo el Reino Unido". Su crítica apunta a la distancia entre las exigencias de seguridad nacional y la realidad de los hogares que apenas consiguen cubrir sus gastos cotidianos. El caso de Samantha Richards, una madre soltera de 47 años que trabaja a jornada completa y recibe ayudas sociales, ilustra esa situación. Comprar suministros adicionales significaría sacrificar parte del presupuesto destinado al cuidado de su hijo durante las vacaciones escolares. Además, el menor es autista y necesita determinados alimentos que requieren refrigeración, lo que complicaría todavía más una emergencia con cortes eléctricos.

Las críticas también cuestionan la utilidad de limitar las recomendaciones a una lista de compras. Ana, fundadora del grupo UK Preppers Club, sostiene que la preparación debería estar al alcance de todos y acompañarse de instrucciones prácticas sobre cómo actuar si desaparece el agua corriente, falla la electricidad o una familia necesita reunirse durante una emergencia. Otras voces reclaman formación en primeros auxilios, métodos para potabilizar agua y alternativas para mantener funcionando equipos esenciales. La preocupación compartida es que la capacidad de afrontar una crisis termine dependiendo de los ingresos, el espacio disponible en casa y los conocimientos de cada familia.

Las autoridades británicas defienden que la campaña busca mejorar la resistencia de los hogares y reducir la presión sobre los servicios de emergencia, permitiendo que estos atiendan prioritariamente a las personas más vulnerables. Insisten en que nadie necesita comprar todos los productos de golpe y recomiendan construir las reservas poco a poco. Además, el plan parece seguir la línea de recomendaciones similares de Francia, Irlanda y Países Bajos, en un momento en el que los fenómenos meteorológicos extremos y la dependencia de infraestructuras digitales aumentan la preocupación por posibles interrupciones. Sea como fuere, el debate que deja abierto es hasta qué punto una estrategia de preparación universal puede funcionar cuando una parte considerable de la población carece de recursos para seguirla.