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Mié, Nov

Descubren que el 91% de las cepas de una bacteria común son endémicas del suelo antártico

Tecnologia
Un reciente estudio genético a gran escala ha revelado que la Antártida alberga una biodiversidad bacteriana única, contrariamente a lo que se pensaba. El análisis se centró en el género Arthrobacter, ampliamente distribuido, y encontró que una abrumadora mayoría de sus cepas en el continente helado son exclusivas de esa región. Este hallazgo sugiere que el aislamiento geográfico ha propiciado una evolución local significativa, transformando la percepción de la vida microscópica antártica.

La Antártida, a menudo imaginada como un desierto helado habitado únicamente por pingüinos, es en realidad un ecosistema fascinante para los microbiólogos debido a la notable adaptación de diversas bacterias. Un nuevo y extenso análisis genético de los suelos antárticos ha demostrado que este continente helado opera bajo sus propias reglas biológicas, ya que la inmensa mayoría de las cepas de un género bacteriano globalmente común resultaron ser endémicas de esta tierra.

El estudio, publicado recientemente en la revista PNAS, proporciona evidencia sólida de la existencia de tipos de bacterias en la Antártida que no se encuentran en ningún otro lugar. Esto es crucial, dado que hasta ahora solo se conocían unos pocos microbios endémicos, siempre restringidos a ambientes específicos como fuentes hidrotermales.

Sin embargo, esta investigación demuestra que el aislamiento geográfico de la Antártida ha moldeado una biodiversidad invisible y exclusiva en sus suelos.

Para llegar a esta conclusión, el equipo no examinó toda la vida microscópica del continente, sino que se enfocó exclusivamente en el género Arthrobacter. Esta elección no fue casual, ya que se trata de un grupo de bacterias extraordinariamente extendido en los suelos de todo el planeta.

Lo interesante surgió al comparar los metagenomas extraídos del suelo: de las 46 cepas de Arthrobacter identificadas en la Antártida, 42 de ellas (aproximadamente el 91%) no aparecieron en ninguna de las muestras del resto del mundo. Este patrón podría explicarse por la adaptación y evolución local.

Además de observar esta peculiar distribución, los análisis genómicos indicaron que estas cepas antárticas poseen características específicas que sugieren una fuerte adaptación a las extremas condiciones de su entorno. No obstante, también se desmintieron otras teorías; por ejemplo, se esperaba que estas bacterias mostraran una resistencia excepcional a la sequedad extrema, una de las mayores amenazas en los valles secos antárticos, pero el genoma no reflejó esta hiperadaptación.

Asimismo, aunque sus temperaturas óptimas de crecimiento son más bajas que el promedio de otras bacterias globales, siguen siendo sorprendentemente superiores a las temperaturas reales a las que se enfrentan diariamente en el suelo helado.

Es fundamental contextualizar este descubrimiento, ya que recientemente se analizaron bacterias marinas asociadas a invertebrados antárticos, demostrando que algunas cepas pueden crecer hasta los 35ºC. Esto es muy relevante, porque mientras que las bacterias marinas de los invertebrados muestran una sorprendente adaptación térmica en cultivos de laboratorio, las poblaciones de Arthrobacter del suelo revelan una exclusividad de esta zona.

El próximo gran desafío para los microbiólogos será verificar si este altísimo nivel de endemismo detectado en Arthrobacter es una excepción o si, por el contrario, muchos otros grupos microbianos del suelo antártico siguen exactamente el mismo patrón de aislamiento. De confirmarse, la Antártida no solo sería un continente único por su fauna visible, sino también el gran reservorio de una biodiversidad microscópica inexistente en ningún otro lugar de la Tierra.