El eventual regreso del Príncipe Harry y Meghan Markle al Reino Unido, tras seis años en Estados Unidos, genera incertidumbre sobre la financiación de su estilo de vida y su seguridad. Además, se plantean dudas sobre cómo se reestablecerá su relación con la familia real, especialmente con el Príncipe William, en un contexto de tensiones previas y la búsqueda de independencia económica.
La potencial vuelta al Reino Unido del príncipe Harry y Meghan Markle, duques de Sussex, luego de seis años viviendo en Estados Unidos, abre cuestionamientos sobre cómo solventarán su modo de vida y su protección, así como la conexión que mantendrán con la monarquía británica, en particular con el príncipe William. La posibilidad de que la pareja se establezca nuevamente en suelo británico ha captado la atención en el Reino Unido, después de años caracterizados por fricciones con la Casa Real y afirmaciones públicas de los Sussex acerca de su intención de conseguir autonomía financiera respecto de la monarquía. Harry había manifestado anteriormente su deseo de volver a su país y de que sus hijos, los príncipes Archie y Lilibet, tuvieran un mayor contacto con la cultura y las tradiciones británicas.
Aunque todavía no hay una confirmación definitiva sobre sus planes, informes de prensa sugieren que la pareja estaría evaluando inscribir a sus hijos en un colegio británico, una decisión que fortalecería la probabilidad de una estancia prolongada en el país. El Daily Mail considera que un eventual traslado al Reino Unido podría interpretarse como un cambio significativo respecto a los planes que Harry y Meghan desarrollaron tras establecerse en California en 2020, cuando iniciaron acuerdos comerciales y proyectos relacionados con el entretenimiento y los medios.
Uno de los principales interrogantes se centra en cómo la pareja mantendría su actual nivel de vida en territorio británico y dónde fijaría su residencia, ya que, según versiones publicadas por medios locales, no ocuparían una propiedad oficial de la Corona. Entre las zonas mencionadas como posibles lugares de residencia se encuentran Cotswolds, en el oeste de Inglaterra, y Northamptonshire, donde reside Charles Spencer, hermano de la fallecida princesa Diana. También existe expectación sobre si el rey Carlos III ofrecería algún tipo de apoyo económico a su hijo menor. Sin embargo, hasta el momento no se ha confirmado públicamente ningún acuerdo en ese sentido.
La protección de los duques de Sussex es otro de los temas pendientes ante un posible regreso. Debido a su vínculo con la familia real, se prevé que necesiten importantes medidas de seguridad, aunque persiste la duda sobre quién asumiría los costos. Tras dejar sus funciones como miembros activos de la realeza, Harry y Meghan dejaron de contar automáticamente con protección policial financiada por el Estado británico. El duque ha llevado anteriormente este asunto ante los tribunales, al exigir mayores garantías de seguridad para él y su familia durante sus visitas al Reino Unido. Harry ha defendido la necesidad de contar con protección adecuada debido a su condición y a los riesgos asociados a su exposición pública.
Otro de los grandes interrogantes será la relación entre Harry y su hermano, el príncipe William, heredero al trono británico. La distancia entre ambos se hizo más evidente después de la publicación de las memorias de Harry, Spare —publicadas en español como En la sombra—, en las que relató episodios de fuertes desacuerdos con William. Entre ellos, Harry afirmó que durante una discusión relacionada con Meghan, su hermano lo empujó y lo hizo caer al suelo. Las revelaciones profundizaron públicamente las diferencias entre ambos. Medios británicos sostienen que los hermanos mantienen una relación distante y que el eventual regreso de Harry podría poner nuevamente a prueba los vínculos dentro de la familia real. El posible retorno también se produce en un contexto delicado para la monarquía, marcado por los problemas de salud que han enfrentado Carlos III y la princesa de Gales, Catalina. A todo ello se suma la compleja relación de Harry con parte de la prensa británica, contra la que ha emprendido varias acciones judiciales durante los últimos años. Su regreso, por tanto, no solo plantea interrogantes familiares y económicos, sino también sobre cómo será su nueva convivencia con los medios y la opinión pública del Reino Unido.