08
Dom, Nov

Haitianos Reclaman Espacios Públicos Tras Retroceso de Pandillas por Operativos de Seguridad

Internacionales
Residentes de Haití están comenzando a retomar el uso de calles que antes estaban dominadas por bandas criminales, gracias a una intensificación de las operaciones de seguridad. Este cambio es percibido como un signo de recuperación de la libertad de movimiento y es el resultado de esfuerzos conjuntos entre autoridades haitianas y efectivos internacionales. A pesar de estos avances iniciales, el país aún enfrenta desafíos significativos para consolidar la paz y garantizar la seguridad plena de sus ciudadanos.

PUERTO PRÍNCIPE.– La incrementada presencia de las fuerzas de seguridad en diversas áreas de Haití empieza a mostrar resultados, con habitantes volviendo a transitar por vías que durante años fueron controladas por pandillas mediante restricciones, extorsiones y violencia. Esto ocurre en medio de una ofensiva que ha presionado intensamente a las organizaciones criminales que amenazan constantemente a la ciudadanía. Recientes publicaciones han mostrado a individuos caminando por sectores que previamente fueron escenarios de conflictos y dominio territorial por parte de grupos armados. Esta situación se ha interpretado como una señal de restablecimiento de la libre circulación y un efecto de los operativos contra las bandas, en los que participan autoridades haitianas y personal militar de otros países, incluyendo soldados de El Salvador.

El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, ha tenido un rol destacado en esta intervención. Tras la desaparición de cuatro técnicos de aviación de su nación en una emboscada el 18 de octubre, El Salvador envió a más de 2,000 militares a Haití, en una operación que el mandatario inicialmente vinculó con la búsqueda de sus connacionales y la lucha contra las estructuras delictivas.

La participación salvadoreña ha generado apoyo en ciertos segmentos de la población haitiana. El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé expresó públicamente su gratitud a Bukele por su respaldo y afirmó que las fuerzas extranjeras están en el país para apoyar al Estado haitiano, no para reemplazarlo. También aseguró que el Gobierno prioriza la restauración de la seguridad y el control de las comunidades afectadas.

Uno de los eventos recientes que demuestra la intensificación de la ofensiva fue la muerte de Mathias Saintil, identificado por las autoridades como el líder de la banda Boston, que opera en Cité Soleil, en la periferia de Puerto Príncipe. El presunto cabecilla sufrió heridas graves durante una operación de seguridad que utilizó drones y falleció posteriormente mientras recibía atención médica, según reportes de organizaciones de derechos humanos citados por Reuters. El primer ministro haitiano celebró el éxito de esta operación con un mensaje en el que declaró que había “un jefe de banda menos” y reiteró que la lucha por liberar al país del control de los grupos armados continuaría. La Policía Nacional de Haití también confirmó que Saintil fue neutralizado durante una acción de las fuerzas de seguridad.

Avances en algunos sectores, pero sin control pleno del territorio

El retroceso de las pandillas en ciertas áreas no implica que Haití haya superado por completo la crisis de seguridad. Un informe de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), respaldada por Naciones Unidas, documentó una disminución de la actividad delictiva en zonas como Tabarre y Delmas, donde la constante presencia de efectivos ha facilitado el regreso de residentes y pequeños comercios. Entre abril y agosto de 2026, esta fuerza realizó 441 patrullajes, seis operaciones de cerco y registro, tres intervenciones de despeje, la remoción de 40 barricadas y el desmantelamiento de dos puestos de control ilegales. A finales de agosto, tenía desplegados 1,213 efectivos uniformados de seis países, una cifra inferior a los 5,500 autorizados para la misión.

Sin embargo, el informe del Panel de Expertos de Naciones Unidas sobre Haití advierte que los progresos territoriales siguen siendo frágiles. Aunque las operaciones de seguridad han contenido la expansión de las bandas en partes de Puerto Príncipe, los grupos armados mantienen influencia sobre importantes rutas de transporte y continúan extendiendo sus actividades hacia otras regiones, como Artibonito y el departamento del Centro. La magnitud de la crisis también se refleja en las estadísticas de violencia. Según datos presentados por Naciones Unidas ante el Consejo de Seguridad, entre julio y principios de octubre de 2026, al menos 1,123 personas fueron asesinadas y otras 440 resultaron heridas en incidentes relacionados con la violencia de las pandillas. Además, se registraron 689 casos de violación contra mujeres y niñas durante julio y agosto.

El desafío de recuperar la confianza y garantizar la seguridad

La intervención internacional también enfrenta interrogantes sobre la coordinación y las reglas bajo las cuales operan los efectivos extranjeros. Associated Press informó que la mayoría de los militares salvadoreños desplegados recientemente no están actuando bajo el marco de la fuerza de supresión apoyada por Naciones Unidas, lo que ha generado dudas sobre su cadena de mando, las normas de comportamiento y los mecanismos de rendición de cuentas. El organismo internacional ha insistido en que las operaciones de seguridad deben respetar los derechos humanos y proteger a los civiles, especialmente en áreas urbanas donde la población está expuesta a los enfrentamientos.

La recuperación de las calles es una condición fundamental para que los haitianos puedan movilizarse, trabajar, estudiar y acceder a servicios sin vivir bajo amenazas. Sin embargo, el desafío va más allá de hacer retroceder a los grupos armados: implica consolidar la presencia del Estado, restablecer los servicios públicos, recuperar las vías de comunicación y asegurar que las comunidades no vuelvan a caer bajo el control de las pandillas. La ofensiva actual inaugura una nueva fase en la respuesta a la crisis haitiana, pero su éxito dependerá de que los avances en seguridad se mantengan y se traduzcan en condiciones estables para la población.