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Dom, Nov

Científicos Chinos Descubren 'Chimeneas Inerciales' en el Pacífico Usando Datos de Sensores Estadounidenses de Hace Dos Décadas

Tecnologia
Investigadores chinos han identificado "chimeneas inerciales", corredores de energía que conectan la superficie con las profundidades oceánicas, utilizando datos de una red de sensores desplegada por Estados Unidos hace más de 20 años. Este descubrimiento, publicado en Deep Sea Research Part I, no solo avanza la oceanografía, sino que también podría tener implicaciones estratégicas significativas para la guerra submarina, un campo de creciente interés para China.

Hace más de dos décadas, Estados Unidos instaló numerosos sensores en el lecho del Pacífico con el objetivo de estudiar sus corrientes. Ahora, científicos de China han analizado esos datos y han encontrado un fenómeno que podría tener repercusiones mucho más allá de la oceanografía: la existencia de vastos corredores invisibles que enlazan la superficie con las profundidades marinas. Comprender estos corredores podría representar una ventaja crucial en uno de los escenarios militares más disputados a nivel global.

Un equipo del Instituto de Oceanología de la Academia China de Ciencias ha identificado las "chimeneas inerciales", que son enormes conductos naturales por los cuales la energía generada por los vientos superficiales puede llegar a las profundidades del océano. Este hallazgo, publicado en la revista científica Deep Sea Research Part I, se basó en mediciones recopiladas por una red de sensores que fue financiada inicialmente por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF).

La investigación establece una conexión entre dos realidades aparentemente distantes: un proyecto científico estadounidense de hace veinte años y los esfuerzos actuales de China por comprender un entorno submarino que es cada vez más relevante para la seguridad y la defensa.

La historia comenzó en abril de 2004, cuando investigadores de la Universidad de Rhode Island, la Institución Oceanográfica Woods Hole y la Universidad de Hawái desplegaron una red de instrumentos al este de Japón, en la región de extensión de la corriente de Kuroshio. Este sistema, denominado KESS, estaba compuesto por 46 estaciones distribuidas en un área aproximada de 600 por 600 kilómetros, lo que equivale a 360.000 kilómetros cuadrados, y estuvo operativo hasta junio de 2006.

Los sensores, instalados en el fondo marino, medían la presión, las corrientes profundas y el tiempo que tardaban las señales acústicas en viajar hasta la superficie y regresar. Dos décadas después, los investigadores chinos han utilizado estos registros científicos para estudiar cómo la energía llega al fondo del océano.

El descubrimiento no se refiere a estructuras sólidas ni a grandes tubos ocultos bajo el agua, sino a corredores dinámicos de transmisión de energía. Cuando el viento agita la superficie del océano, genera ondas internas que pueden propagarse a través de capas de agua con diferentes temperaturas y densidades.

Los investigadores observaron que ciertos remolinos anticiclónicos, que giran en sentido horario en el hemisferio norte, facilitan que esa energía se concentre y descienda hacia las profundidades. Estos corredores, denominados “chimeneas inerciales”, contribuyen a explicar cómo fenómenos meteorológicos que ocurren a miles de metros de distancia vertical pueden influir en las condiciones del fondo marino.

El descubrimiento se respalda con cifras. El equipo chino desarrolló un modelo estadístico capaz de explicar el 76% de la variabilidad observada en la energía de las ondas próximas al fondo. Dentro de esa variabilidad explicada, el 68% se relacionó con procesos de las capas superiores del océano: un 28% con la energía de las ondas provenientes de arriba, un 26% con la estratificación del agua y un 14% con la rotación de los remolinos.

El 32% restante se asoció a corrientes locales cercanas al lecho marino. Esta distinción es importante: estas cifras describen la contribución de distintos factores al comportamiento captado por el modelo, no implican que se haya medido directamente un flujo físico del 68% de toda la energía oceánica desde la superficie.

La relevancia de este hallazgo no se limita a una mejor comprensión de las corrientes oceánicas. Las variaciones de temperatura y salinidad alteran la velocidad y las trayectorias del sonido bajo el agua, un factor crucial para los sistemas de sonar empleados por buques y submarinos. Conocer cómo evolucionan estas condiciones permite perfeccionar los modelos acústicos, identificar áreas donde las señales pueden propagarse a mayor distancia y prever otras donde su detección resulta más complicada.

Los propios investigadores chinos indican que la combinación de observaciones prolongadas con modelos de propagación sonora podría mejorar la predicción del entorno acústico y proporcionar información valiosa para la detección y las comunicaciones submarinas. No obstante, el estudio no demuestra que China haya desarrollado ya un nuevo sistema de detección militar a partir de esos datos.

En definitiva, este descubrimiento ocurre en un momento en que Pekín está ampliando su conocimiento de los mares estratégicos. Una investigación de Reuters publicada en marzo de 2026 documentó cómo buques científicos chinos realizan campañas de cartografía y recopilación de datos oceanográficos en áreas del Pacífico y otros océanos que son igualmente relevantes para las operaciones submarinas. Conocer la profundidad, las corrientes y las propiedades acústicas del agua puede mejorar tanto la navegación como el funcionamiento de los sensores militares.

En este contexto, la investigación de las chimeneas inerciales ilustra el valor estratégico de la información oceanográfica: datos recogidos hace dos décadas para responder a preguntas científicas pueden aportar hoy conocimientos potencialmente útiles en la competencia naval entre Estados Unidos y China. La ironía en este caso es que la infraestructura original fue financiada por Washington.