Los retretes japoneses, con su avanzada tecnología que incluye funciones de bidé, ahorro de agua y asientos calefactados, son un referente de innovación en el hogar. A pesar de sus múltiples ventajas y la inversión en su desarrollo, estos inodoros no han logrado la misma penetración en el mercado occidental que en su país de origen. Diversos factores, desde culturales hasta técnicos, explican esta disparidad en su adopción global.
Aunque podrían confundirse con instrumentos de tortura, los inodoros japoneses representan un notable avance en tecnología sanitaria. Fabricantes como Toto se han consolidado como líderes en este sector, equiparables a empresas como Dyson o Apple en sus respectivos campos. Sin embargo, estos progresos no han calado de la misma manera en el mundo occidental, a pesar de iniciativas como la de Bill Gates en 2018 para impulsar la innovación en este segmento.
Es probable que se haya escuchado hablar de ellos y, quizás, incluso se haya tenido la oportunidad de experimentar estos inodoros que promueven el ahorro de agua, reducen la necesidad de papel higiénico (un elemento considerado insustituible en Occidente) y ofrecen otras comodidades, como asientos siempre cálidos para mayor confort. Ante tantas virtudes, surge la pregunta: ¿por qué el inodoro japonés no ha logrado conquistar el resto del mundo?
Los inodoros japoneses son ampliamente conocidos desde hace años. Quienes visitan Japón tienen la oportunidad de usarlos con frecuencia, ya que están presentes en casi todas partes. De hecho, un artículo de Priceonomics reveló que en 2012, el 72% de los hogares japoneses disponían de uno de estos inodoros. Una estadística más reciente de Quartz indicaba que esta cifra ascendía al 76% en 2014.
Los modelos que surgieron a finales de los años 90 se denominaron 'washlets' y combinaban las funcionalidades de un bidé y un retrete tradicionales. Sin embargo, en Japón se buscó ir más allá, integrando nuevas características que transformaron la experiencia de ir al baño en algo completamente diferente a lo conocido en el resto del mundo.
Para empezar, está la función de bidé integrado, que puede resultar sorprendente al principio: un tubo emerge discretamente de la parte trasera de la taza y proyecta chorros de agua para la limpieza anal y, en el caso de las mujeres, vulvar. Este chorro, inicialmente intimidante, suele convencer a quienes lo prueban, principalmente porque ofrece una limpieza más eficaz y reduce el uso de papel higiénico, aunque este último puede servir como complemento. Es posible ajustar la presión y la temperatura del chorro, así como su posición, lo que resulta sorprendentemente preciso para quienes lo han utilizado.
Si se desea prescindir del papel, los washlets también incorporan sistemas de secado con temperatura ajustable. A esto se suman los calentadores de asiento, sistemas de iluminación (muy útiles para visitas nocturnas al baño) e incluso detectores de proximidad que abren o cierran la tapa automáticamente según la posición del usuario.
Las innovaciones técnicas de estos inodoros no se han detenido. Toto demostró hace años cómo su sistema “Tornado Flush” sustituye eficazmente el botón de la cisterna, mejorando la limpieza del inodoro y ahorrando grandes cantidades de agua. La empresa colabora incluso con el ámbito académico, utilizando supercomputadoras para modelar la física del agua y evaluar nuevas tecnologías para la cisterna.
A estas mejoras se suman aquellas que impactan en la salud. Los fabricantes aseguran que los chorros son beneficiosos en casos de hemorroides y estreñimiento. Además, las últimas generaciones de productos incluyen sensores capaces de medir el azúcar en sangre a partir de la orina, así como el pulso, la presión sanguínea o el contenido de grasa corporal. Para quienes se preocupan por los malos olores, la desodorización por ozono aplicada en algunos modelos ayuda a eliminar este problema de forma eficiente y rápida, según los fabricantes.
Con todas estas ventajas, resulta sorprendente que estos inodoros no hayan alcanzado un éxito similar fuera de Japón. Las razones son diversas, y el idioma es una de ellas. Los símbolos y textos en japonés presentes en estas tazas dificultaban su uso fuera del país asiático, aunque en 2017 los fabricantes japoneses acordaron estandarizar estos símbolos y textos.
Como se explicó en 2016 en el blog UnGatoNipón, existen varias razones importantes para el limitado éxito de estos washlets fuera de Japón:
- Voltaje: En Japón se utiliza un voltaje de 100-110 V, mientras que en España y muchos otros países se usan voltajes de 220 V.
- Enchufes en el baño: Aunque es común encontrar enchufes para secadores u otros accesorios en el baño, no es habitual que estén situados junto al retrete.
- Tazas no compatibles: La forma de anclar la taza al “cuerpo” principal del inodoro japonés no encaja con las tazas occidentales. Para solucionar esto, se requiere un adaptador, lo cual no es trivial.
Existen también inconvenientes de índole social, más allá de los prácticos. Fabricantes como Kohler o Brondell en Estados Unidos señalan que este tipo de inodoros no terminan de convencer a los usuarios porque “convencer a alguien de cambiar sus hábitos en el uso del papel higiénico, arraigados desde la infancia, es, como poco, difícil”. El resumen de Engadget era claro: todo el mundo va al baño, pero nadie quiere hablar de ello.
El Financial Times mencionaba otra barrera adicional: el coste. La mayoría de los hogares occidentales no invierten tanto en un inodoro, y el precio, incluso de la versión básica de estas soluciones, es elevado. A pesar de estos desafíos, no es imposible adquirir uno de estos productos. En España, la empresa Roca ofrece “inodoros inteligentes” que, por ejemplo, utilizan la tecnología In-Wash, la cual lava con agua y dispone del resto de funciones comunes en los inodoros japoneses. No obstante, el precio es considerablemente más alto; el Roca In-Wash tiene un precio oficial de 1.921 euros.
Existen alternativas, y en este punto es relevante mencionar a Xiaomi. Hace unos años, la empresa, conocida principalmente por sus smartphones y dispositivos electrónicos, presentó una taza de váter que ofrecía algunas de las funcionalidades de los inodoros japoneses de forma más económica. Desde entonces, el retrete japonés ha comenzado a expandirse fuera de Japón.
En Japón, más del 80% de los hogares ya cuentan con uno. En noviembre de 2025, Toto superó los 70 millones de Washlets vendidos en todo el mundo, con más del 30% de sus ventas fuera de Japón y el continente americano como el mercado de mayor crecimiento en los últimos cinco años. En Estados Unidos, las ventas se duplicaron en 2020, en plena pandemia, aunque los inodoros con bidé todavía representan apenas el 2,5% del total.
Las opciones están disponibles —algunas incluso integran asistentes de voz—, pero no parece que fuera de Japón exista una gran disposición a adoptar un sistema que, sin embargo, suele convencer a quienes lo prueban.