Tenerife ha experimentado un enjambre sísmico con cientos de pequeños terremotos, detectándose más de 500 en pocas horas y un total de 1.500 desde entonces. Aunque la actividad híbrida, que combina rotura de roca y movimiento de fluidos subterráneos, puede ser preocupante en zonas volcánicas, los expertos instan a la calma. Estos eventos son comunes en la isla y su baja intensidad no sugiere una erupción inminente, como ya se observó en un episodio similar en 2004.
Durante la noche del miércoles 22 al jueves 23 de julio, Tenerife experimentó una serie de temblores debido a centenares de pequeños terremotos. Los detectores automáticos registraron más de 500 seísmos en pocas horas, cifra que se ajustó a 100 tras la revisión manual de sismólogos. Desde entonces, se han notificado alrededor de 1.500 terremotos de muy baja magnitud, muchos de ellos de tipo híbrido. Esto implica que se originan tanto por la fractura de rocas como por el desplazamiento subterráneo de fluidos.
En regiones volcánicas como Tenerife, este fenómeno genera especial preocupación, ya que el fluido podría ser magma de un volcán en proceso de despertar. No obstante, los especialistas hacen un llamado a la tranquilidad. Los enjambres de terremotos son normales en estas áreas y deberían ser de mayor intensidad para considerarse preámbulo de una erupción. Un evento similar ocurrió en 2004, resultando ser una falsa alarma.
La mayoría de los seísmos de este enjambre en Tenerife tienen una magnitud entre 1 y 2, considerada muy baja para causar inquietud en la población. Aunque hubo temblores antes y después, la mayor parte se concentró entre las 2 y las 5 de la mañana, a profundidades de 10 a 15 kilómetros. Este fenómeno podría estar relacionado con el movimiento de magma, como ha sucedido en otros enjambres recientes. Desde febrero, se han documentado unos 10 episodios similares, todos con terremotos híbridos de baja magnitud. Algunos han sido ligeramente más intensos y, aun así, no han derivado en eventos mayores, lo que justifica el llamado a la calma.
Un volcán se clasifica como activo si ha entrado en erupción en escalas geológicas recientes, tomando generalmente 10.000 años como referencia. El monte Etna en Italia es un ejemplo. Los volcanes inactivos son aquellos que no han erupcionado en miles de años, pero conservan el potencial debido a la disponibilidad de una fuente de magma, como el Monte Omuro en Japón. Finalmente, los volcanes extintos han perdido su conexión con la fuente de magma, que puede haberse desviado, solidificado o desaparecido, como los volcanes de Cabo de Gata en Almería.
En el caso de los volcanes de Tenerife, se consideran activos, ya que su última erupción fue hace poco más de un siglo. Sin embargo, esto no implica una erupción inminente.
En Tenerife no ha habido erupciones desde noviembre de 1909, cuando ocurrió la erupción de Chinyero. Este evento fue precedido por una intensa actividad sísmica que comenzó en marzo de 1908, más de un año antes. No obstante, aquellos temblores fueron mucho más intensos que los actuales. Incluso hubo una fuerte emisión de fumarolas en el cráter del Teide. Otras fuentes sugieren que los temblores comenzaron un poco más tarde, pero siempre con una antelación de más de 6 meses a la erupción y de gran intensidad.
Debido al tiempo transcurrido, no existe registro de la magnitud exacta de aquellos terremotos. Sin embargo, hay numerosos testimonios de vecinos que los sintieron, mientras que los temblores actuales en Tenerife son de una magnitud tan baja que es muy difícil que la población los perciba.
Además de las fumarolas, el desplazamiento de magma en la superficie es uno de los indicios de una erupción volcánica cercana. Esta es otra razón por la que los geólogos insisten en que este enjambre sísmico no predice una erupción a corto o medio plazo.
Con los terremotos de 2004 hubo algo más de inquietud, ya que fueron sentidos por la población, aunque su magnitud tampoco fue muy elevada. Además, se detectó magma muy cerca de la superficie. Aun así, los sistemas de detección y seguimiento de terremotos y posibles erupciones volcánicas no eran tan avanzados como los actuales. Hoy se comprenden mucho mejor los preámbulos de un estallido volcánico y, con la situación actual, no hay motivos para temer.