Estados Unidos, que alberga un tercio de los centros de datos globales, experimenta una acelerada construcción de estas infraestructuras. Esta expansión masiva está creando una demanda sin precedentes de mano de obra cualificada, como electricistas y carpinteros, generando una escasez significativa en otros segmentos de la construcción y obligando a las empresas tecnológicas a invertir en programas de formación y ofrecer salarios muy competitivos.
Estados Unidos concentra un tercio de todos los centros de datos del mundo y la construcción de nueva infraestructura avanza a un ritmo vertiginoso. Además de inversiones millonarias y mucha electricidad, estos centros de datos necesitan algo más: mano de obra. En concreto, empleos de cuello azul como electricistas y carpinteros, hasta el punto de que se está generando una enorme escasez en el resto de sectores de la construcción.
Qué está pasando. Lo cuentan en el New York Times. Las empresas tecnológicas están levantando centros de datos a un ritmo sin precedentes para dar de comer a sus modelos de IA. Hablamos de infraestructuras enormes que requieren una gran cantidad de mano de obra que, sencillamente, no existe en el mercado. Ante la escasez, las empresas tech se han lanzado a formar miles de carpinteros y electricistas, pero además, como todas compiten por los mismos perfiles, ha desencadenado una puja por retener y captar trabajadores a golpe de talonario.
Programas de formación. Si no hay suficientes candidatos a estos empleos, las empresas tecnológicas e inversores de centros de datos han decidido conseguirlos cueste lo que cueste, llegando incluso a reclutar a jóvenes que acaban de terminar el instituto. Estos son algunos de los programas de formación que han puesto en marcha:
Google ha metido 50 millones de dólares en la Electrical Training Alliance, un acuerdo con el que pretenden formar más de 300.000 trabajadores, entre los que se incluyen electricistas, soldadores y técnicos de sistemas de refrigeración.
BlackRock ha puesto otros 100 millones de dólares para reforzar la plantilla de profesionales cualificados en sus centros de datos de Texas.
Meta ha lanzado la America’s Workforce Academy, con 115 millones en el primer año, para formar unos 5.000 trabajadores mediante cursos intensivos de cuatro semanas con viaje y alojamiento pagados.
Condiciones atractivas. Formar a los trabajadores es sólo el principio, también hay que retenerlos. Según datos del portal de empleo Indeed, los trabajos de instalación y mantenimiento en centros de datos pagan un 42% más que en otros sectores. En zonas con una alta concentración de proyectos, como Virginia del Norte, la guerra de ofertas es muy agresiva, lo que hace que muchos empleados salten de empresa en empresa a cambio de primas más altas.
La otra cara de la moneda. La construcción de un centro de datos no es un trabajo para todo el mundo. A menudo requiere el desplazamiento a zonas remotas y con jornadas interminables. Por ejemplo, OpenAI tiene un proyecto en marcha en Michigan para el que buscan electricistas que trabajen jornadas de diez horas, siete días a la semana. En declaraciones al New York Times, uno de estos aprendices a electricista dice que "Entiendo el atractivo, pero también me gusta tener una vida fuera del trabajo".
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El impacto en otros sectores. Los centros de datos están absorbiendo tanta mano de obra que están generando escasez en otros sectores de la construcción, como la vivienda, obra civil o industria. Según Mario Iacobacci, responsable de construcción e infraestructura en Oxford Economics, “No cabe duda de que los recursos son muy limitados, por lo que las decisiones de construir una cosa van de la mano con otras”. Dicho de otro modo: construir tantos centros de datos hace que se retrasen o cancelen otros proyectos.
La duda que sobrevuela el ambiente. Durante la construcción hacen falta muchos trabajadores, pero una vez el centro de datos echa a andar apenas necesita unos pocos empleados. La pregunta lógica es qué va a pasar con toda esta mano de obra una vez pase esta fiebre del oro. Desde la Universidad de Georgetown apuntan que el mejor escenario sería que llegara justo entonces un boom de vivienda que absorbiera a esos trabajadores, pero admiten que es poco probable. El riesgo es que cuando todo acabe haya una avalancha de electricistas y profesionales cualificados saliendo de proyectos con sueldos de hasta 200.000 dólares anuales acabe presionando los salarios a la baja en el resto de la construcción.