La creciente interacción de los niños con dispositivos tecnológicos genera debate sobre la edad idónea para su uso. Un estudio reciente de la UCLA investigó el efecto de la posesión de teléfonos móviles en la comprensión lectora de estudiantes de primaria, revelando resultados significativos que abren nuevas perspectivas sobre este controversial tema. Los hallazgos sugieren que la mera posesión del dispositivo podría influir negativamente en el desarrollo lector.
La mayoría de los millennials no comprenden que los niños de hoy tengan un teléfono móvil desde la escuela primaria. En mi caso, por ejemplo, obtuve mi primer móvil en bachillerato, un dispositivo heredado de mi hermana. La realidad es que los tiempos cambian y es lógico que los niños comiencen a interactuar mucho antes con los dispositivos tecnológicos. Sin embargo, existe una considerable controversia respecto a la edad ideal para que esto ocurra.
Algunos expertos consideran que es beneficioso para ellos empezar temprano, mientras que muchos otros señalan que puede ser perjudicial. Por ejemplo, se discute mucho sobre los efectos que puede tener en la capacidad de lectura de los pequeños, y no solo se refieren a leer sin silabear. El principal inconveniente parece residir en la comprensión lectora: leen, pero no asimilan el contenido.
Ni la edad ni el uso del teléfono móvil en el colegio parecen ser factores determinantes. Un estudio reciente, llevado a cabo por psicólogos de UCLA, analizó el efecto de tener un teléfono móvil en la capacidad lectora de niños de primaria. En el estudio participaron 106 niños de tercer y sexto grado, lo que en Estados Unidos equivale a los cursos tercero y sexto de primaria en España. Todos los niños realizaron una prueba de comprensión lectora y respondieron una encuesta sobre la posesión de un teléfono móvil, detallando no solo si tenían uno, sino también sus hábitos de uso. Es importante destacar que no solo había niños de distintas edades, sino que también se incluyeron participantes con diferencias culturales y lingüísticas.
Con todo esto, se observó que los niños que poseen un teléfono móvil obtuvieron peores resultados en las pruebas de lectura. Este efecto se mantuvo tanto en los estudiantes de tercer curso como en los de sexto, e independientemente de si llevaban el teléfono consigo a la escuela o si lo habían dejado en casa. Tampoco influyó el idioma en el que hablaban normalmente con su familia. De todo esto se concluye que el problema es la posesión del teléfono móvil, no las distracciones que pueda ocasionar en el colegio o la edad del niño. No existe una edad ideal para empezar a usar el teléfono móvil, al menos en lo que a lectura se refiere. Eso es precisamente lo que ha afirmado una de las autoras del estudio, Patricia Greenfield, en declaraciones recogidas por Phys.
La única excepción en el estudio se refirió a los niños de familias no angloparlantes. En esos casos, para quienes tenían móvil, sus habilidades lectoras eran mejores cuando usaban juegos en el teléfono y llevaban tiempo mandándose mensajes de texto con otros niños. Es una excepción que, en realidad, concuerda con otros estudios, en los que se señala que el problema no radica en utilizar el teléfono móvil, sino en el uso que se le da. No es lo mismo emplearlo para ver vídeos de retos de TikTok que para utilizar juegos educativos. Lo mismo ocurre con la televisión o las tablets, por ejemplo.
Más allá de la lectura, esta no es la única cualidad que se ve afectada por el uso prematuro de teléfonos móviles. Por ejemplo, hay estudios que sugieren que puede impactar la salud mental y física, aumentando el riesgo de fenómenos como el insomnio o la obesidad. En estos casos, sí se hace referencia a la edad. De hecho, en un estudio publicado en 2025, se señalaron efectos negativos inversamente proporcionales a la edad. Y no estamos hablando de niños muy pequeños. En estudiantes de 12 años con teléfono móvil, se observó un aumento del 60% en el riesgo de dormir mal y del 40% en el riesgo de obesidad en comparación con aquellos que no poseen este dispositivo.
Es importante destacar que gran parte de estos estudios son observacionales. Por ejemplo, en el caso de las pruebas de lectura, se encontró una correlación estadísticamente significativa entre tener un teléfono móvil y obtener peores resultados en las pruebas de lectura. Sin embargo, no se puede demostrar que el problema resida realmente en el teléfono. Como suele decirse, correlación no implica causalidad; podría ser más bien una casualidad.
De todos modos, son muchos los estudios que señalan que las pantallas no son las mejores aliadas en esas etapas en las que la mente comienza a desarrollarse. Por supuesto que estamos más influenciados por la tecnología que hace 20 años. Quizás no sea necesario esperar a un dispositivo heredado en bachillerato, pero tampoco es la mejor idea del mundo darle un teléfono móvil a un niño de 6 años.