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Mié, Ago

Eclipse Solar: Guía Esencial para una Observación Segura y Evitar Daños Oculares Permanentes

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España se prepara para un eclipse solar total, un evento poco común que ha generado gran expectación y preocupación. Ante la desinformación y el miedo, es crucial comprender los riesgos de la retinopatía por eclipse y las medidas de seguridad necesarias. Este artículo aborda la importancia de la protección ocular, desmiente mitos y ofrece una guía detallada para disfrutar del fenómeno sin comprometer la salud visual.

La última vez que España experimentó un eclipse solar total fue en Canarias en 1959, y en la península, en 1912. Por esta razón, el próximo eclipse se destaca por la cantidad de información sobre medidas de seguridad que se ha difundido. Esta sobreabundancia de información ha llevado a algunas personas a sentir temor e incluso a considerar no observar el evento, preocupadas por la efectividad de las gafas o el riesgo real de ceguera. En contraste, otro grupo argumenta que si en el pasado la gente miraba eclipses sin protección especializada (como radiografías o negativos fotográficos) y no sufría consecuencias, hoy tampoco debería haber peligro, acusando a los expertos de generar miedo injustificado. Esta polarización de opiniones plantea la pregunta: ¿quién tiene razón?

La retinopatía por eclipse es una condición que surge cuando las radiaciones ultravioleta e infrarrojas del Sol penetran la retina y se concentran en la mácula, la zona central. Esto provoca la quemadura de los fotorreceptores encargados de generar las imágenes que vemos. Dado que esta área del ojo carece de receptores del dolor, la persona no percibe el daño y, por ende, no aparta la mirada. En un día normal, la intensidad de la luz solar nos obliga instintivamente a entornar los ojos o desviar la vista.

Sin embargo, durante un eclipse, la luz solar es menos intensa, lo que permite mantener la vista fija y los ojos más abiertos. De hecho, en condiciones de semioscuridad, la pupila se dilata para captar más luz, lo que incrementa la cantidad de radiaciones que llegan a la retina al mirar el Sol, aumentando la probabilidad de daño visual.

Los síntomas suelen manifestarse horas después de la exposición e incluyen visión borrosa o distorsionada en el centro del campo visual (donde se encuentra la mácula), alteraciones en la percepción de los colores, dolores de cabeza y sensibilidad a la luz. Aunque la afectación visual puede ser reversible en algunos casos, en otros los efectos pueden ser permanentes.

Esta información no estaba disponible en 1912, lo que invalida el argumento de que, si antes no se protegían, hoy tampoco es necesario. Es probable que muchas personas que observaron el eclipse de entonces sin protección adecuada o con métodos ineficaces sufrieran daños oculares. La diferencia radica en que, en aquella época, no existía la divulgación actual sobre protección visual ni se documentaban los casos de personas afectadas. La comunicación era deficiente en ambos sentidos. En la era de internet, sería imprudente y peligroso desaprovechar la vasta información disponible.

No existe un período seguro para observar un eclipse sin protección. Aunque algunas publicaciones mencionan que tan solo 10 segundos, menos de un minuto o unos pocos segundos de exposición sin protección pueden causar daño, no hay una cifra exacta. Lo innegable es que incluso una breve exposición directa al Sol puede dañar la retina de forma irreversible. Por lo tanto, la recomendación más segura es no mirar el eclipse solar a simple vista en ningún momento. El oftalmólogo Alberto Lozano Pablo explica que la sensibilidad a la luz varía entre personas, por lo que es aconsejable mirar lo menos posible y siempre con protección, excepto durante la fase de totalidad.

Las gafas de eclipse deben usarse continuamente, salvo durante los pocos minutos de la totalidad. Lozano Pablo advierte que cualquier mancha central de color diferente o negra que aparezca en el ojo será "completamente irreversible" y "no tiene ningún tratamiento". Este tipo de daño no se limita a los eclipses; el especialista ha atendido casos de personas con la retina dañada por mirar fijamente amaneceres, creyendo que "les recargaba de energía", una imprudencia con consecuencias que pueden durar toda la vida.

La recuperación de la visión no siempre es completa. Existen estudios sobre los efectos a largo plazo de la retinopatía por eclipse, aunque suelen involucrar a pocos participantes y los resultados no son siempre uniformes. Por ejemplo, un estudio en Pakistán en 2002, que siguió a 36 pacientes entre 1995 y ese año, observó una recuperación completa en 26, parcial en 7 y una agudeza visual baja persistente en 3. Otro estudio similar en Nepal en 1998, con 319 pacientes en 20 meses, mostró que más del 80% alcanzó una agudeza visual de 20/40 o mejor, mientras que el 20% restante mantuvo una agudeza visual baja, aunque pudo haber recuperado parte de ella.

Más recientemente, en 2019, un estudio en Egipto analizó los ojos de 10 personas con daño macular solar. Tras un año, el 100% mostró alguna mejora en la agudeza visual, pero el agujero retiniano externo persistió en las imágenes de tomografía en el 80% de los casos. Estos hallazgos demuestran que el daño retiniano es un asunto serio. La visión puede mejorar, pero no siempre lo hace por completo, y en algunos casos no mejora en absoluto. Además, la aparición de una mancha oscura en el centro del ojo probablemente sea permanente. El riesgo es significativo, por lo que la protección es fundamental.

Se debe tener especial cuidado con los niños. Si se va a observar el eclipse con ellos, las precauciones deben ser aún mayores. Lozano Pablo aconseja que, si no se puede garantizar que mantendrán las gafas puestas en todo momento, es preferible que no miren. Sugiere el uso de una cámara estenopeica, que permite a los niños ver el reflejo del eclipse sin mirar directamente al Sol. Aun así, siempre debe haber un adulto supervisándolos, ya que si el adulto se distrae mirando el Sol, los niños podrían intentar hacerlo sin la protección adecuada.

Para una observación segura del eclipse y evitar daños retinianos, se deben seguir varios consejos. Asegúrese de que sus gafas estén homologadas según la norma EN ISO 12312-2:2015 y que posean el sello CE. Verifique que las gafas no presenten rasguños. Para una comprobación adicional, use las gafas en un interior y mire una luz doméstica tenue; no debería ver nada o, si la luz es muy intensa, apenas un punto. El día del eclipse, colóquese las gafas de espaldas al Sol y solo entonces gírese para mirarlo. Al retirarlas, haga lo mismo: quíteselas de espaldas al Sol. Realice descansos; aunque es seguro mirar con gafas homologadas, es preferible mirar solo unos segundos y descansar la vista para evitar riesgos innecesarios si las gafas se mueven. No se quite las gafas para mirar el Sol en ningún momento, salvo durante la totalidad. Vuelva a ponérselas antes de que finalice la totalidad. Siguiendo estas indicaciones, podrá disfrutar del eclipse de manera segura. Si, horas después, experimenta alguno de los síntomas visuales mencionados, acuda a urgencias. Sin embargo, no hay motivo para temer si se toman todas las precauciones; podrá disfrutar de este maravilloso espectáculo natural sin riesgos.