El denominado 'reto marrón', que implica la defecación intencionada en piscinas públicas, ha trascendido de una broma de mal gusto a una seria preocupación de salud pública en España. Numerosos municipios y clubes privados se han visto obligados a cerrar sus instalaciones, implementando protocolos de limpieza y vigilancia intensivos. Este fenómeno no solo genera inconvenientes, sino que también expone a los bañistas a riesgos significativos para la salud debido a la contaminación fecal.
Este año 2026, el denominado 'reto marrón', que consiste en defecar en piscinas, ha evolucionado de una broma de mal gusto a un problema de salud pública con consecuencias tangibles. La recurrencia de este acto ha llevado a que, en diversas localidades, las piscinas se vean afectadas. Solo en Valencia, una decena de municipios, como Silla, Oliva, Chiva, Requena o Picassent, han tenido que cerrar temporalmente sus instalaciones, con el consecuente riesgo para los menores.
En Tàrrega (Lleida), las piscinas municipales cerraron tres veces en una semana en agosto de 2025 tras la detección de excrementos humanos. Este patrón se repitió en más de 300 piscinas municipales de todo el país en 2025, según datos recopilados por ayuntamientos y servicios de salud pública. En Cáceres se registró una situación similar. En Barro (Asturias), recientemente se solicitó la colaboración ciudadana para identificar a los responsables de estos actos, que suelen ocurrir discretamente al final de la jornada. Solo durante este verano, el consistorio de Lleida contabilizó hasta siete cierres por heces en piscinas de su demarcación, incluyendo instalaciones en Alcarràs, Almacelles, Bellpuig, Camarasa, Bellver de Cerdanya y el barrio de Balàfia. Tàrrega, por su parte, ha llegado a contratar seguridad privada, controlar las entradas con DNI y mantener la instalación abierta solo como "refugio climático" mientras se aplican protocolos de limpieza e hipercloración que duran unas doce horas. La provincia de Lugo también ha experimentado una serie de casos. En Friol y Guitiriz, el personal técnico explica que se "pierden tres días" cada vez que aparecen heces en el agua, debido al tratamiento intensivo de cloro y los análisis para descartar la presencia de Pseudomonas y Escherichia coli, posponiendo la reapertura hasta obtener resultados de laboratorio. La mera retirada de los excrementos y el aumento del cloro se considera una medida irresponsable y doblemente peligrosa. Quiroga y Monterroso también han tenido que cerrar sus piscinas municipales por deposiciones humanas, calificadas por el propio ayuntamiento como una "gamberrada" que obliga a desalojar el recinto y mantenerlo clausurado al menos hasta el día siguiente. En Castroverde (Lugo), la aparición de materia fecal en el vaso de adultos ha provocado cierres de 24 a 48 horas, mientras se completan los ciclos de hipercloración y los análisis que garantizan que el agua cumple los requisitos legales para el baño público.
El "reto marrón" no se limita a localidades pequeñas. En Sevilla, al menos un gran club privado ha tenido que cerrar su piscina familiar en repetidas ocasiones tras detectar heces en el agua, registrando hasta seis interrupciones de unas cuatro horas desde su apertura a finales de mayo. La respuesta ha sido reforzar la vigilancia, contratar seguridad en la zona de baño y advertir que cualquier persona identificada participando en estos actos será expulsada permanentemente, mientras los servicios sanitarios recuerdan que estas conductas pueden constituir delitos contra la salud pública.
Las sanciones económicas por esta acción en España, tipificada como infracción grave o muy grave contra la salubridad pública y el civismo, pueden ascender a 5.000 euros, aunque identificar al culpable es complejo. Las multas suelen oscilar entre los 1.000 y los 3.000 euros, pudiendo alcanzar localmente hasta los 20.000 euros según las ordenanzas municipales, además de la prohibición de acceso a la instalación por varios años. Frecuentemente, conllevan la expulsión inmediata y la retirada del carné de baño o veto de entrada al recinto de 1 a 5 años. En la ciudad de Lleida, las piscinas del barrio de Balàfia también han cerrado tras la presencia repetida de excrementos humanos en el agua, siguiendo la misma secuencia: evacuación, hipercloración, filtración intensiva, análisis microbiológico y reapertura solo cuando los parámetros vuelven a ser seguros. En Toledo, varios recintos acuáticos, como la piscina del Parque Escolar, han activado protocolos específicos tras incidentes con materia fecal, aplicando tratamientos de choque de hasta ocho horas cuando las heces son líquidas, según la documentación técnica de la ciudad. Repartidas por todo el país, este año las piscinas se han enfrentado a cierres sistemáticos ante heces visibles o análisis que detectan altos niveles de bacterias asociadas a excrementos.
Cada deposición introduce en el agua una mezcla de microorganismos intestinales, incluyendo bacterias como E. coli (algunas productoras de toxinas), enterococos fecales, Clostridium perfringens y otros indicadores de contaminación fecal. También pueden transmitirse virus entéricos (norovirus, rotavirus, adenovirus) y protozoos como Giardia y Cryptosporidium, capaces de causar diarreas y colitis con un simple trago de agua contaminada. En condiciones normales, el cloro libre y un pH adecuado inactivan la mayoría de bacterias y virus en cuestión de minutos. Sin embargo, los ooquistes de Cryptosporidium son un problema particular, ya que su cubierta les permite sobrevivir durante días incluso en agua correctamente clorada, y bastan unos decilitros de agua contaminada para provocar infección en los bañistas, e incluso hepatitis A.
Por esta razón, el protocolo es tan estricto cada vez que se encuentran heces en una piscina. Primero se desaloja el vaso y se retira toda la materia visible con redes, evitando aspirarla para que no se fragmente y disperse por el circuito. Luego, se aumenta la concentración de cloro y se ajusta el pH, se mantiene la filtración en marcha y se deja pasar el tiempo de contacto necesario para inactivar la mayoría de los patógenos. Si la deposición es sólida, la hipercloración puede durar decenas de minutos. Si es diarreica, algunas guías sugieren subir el cloro hasta 20 ppm o más durante varias horas, o encadenar ciclos completos de filtración y floculación, lo que se traduce en cierres de 12 a 24 horas o incluso varios días. Los riesgos son elevados y se concentran en niños, personas mayores y quienes tienen defensas bajas, siendo más propensos a desarrollar gastroenteritis, otitis o conjuntivitis después de la exposición a aguas recreativas con contaminación fecal. Por ello, los servicios de salud insisten en reglas básicas: no bañarse con diarrea, ducharse antes de entrar al agua, evitar tragar agua de la piscina y usar el baño con frecuencia, porque cada deposición deliberada no solo cierra una instalación, sino que transforma este reto viral en un problema de salud pública.