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Vie, Ago

Maniobras Militares: Drones Ucranianos Desafían la Doctrina de Combate Tradicional de EEUU

Tecnologia
Recientes maniobras militares conjuntas revelaron un desafío significativo para la doctrina de combate terrestre de Estados Unidos. Soldados estadounidenses, acostumbrados a la concentración de fuego y blindados, se enfrentaron a tácticas de guerra con drones desarrolladas por militares ucranianos. El resultado fue un ejercicio revelador que puso de manifiesto la vulnerabilidad de los vehículos pesados ante las nuevas amenazas no tripuladas.

Durante décadas, Estados Unidos fundamentó su superioridad terrestre en una estrategia simple: localizar al enemigo, desplegar una inmensa potencia de fuego y avanzar protegidos por carros de combate y vehículos blindados. Esta primavera, esta doctrina se puso a prueba contra soldados con casi cuatro años y medio de experiencia en una forma de combate diferente, con resultados incómodos.

Aproximadamente 3.500 militares estadounidenses, principalmente de la 3rd Armored Brigade Combat Team de la 1st Cavalry Division de Fort Hood, Texas, participaron en Combined Resolve. Esta fuerza representaba el tipo de despliegue con el que Estados Unidos se ha preparado para una gran guerra terrestre durante décadas: carros M1A2 Abrams, vehículos de combate Bradley, infantería, helicópteros, drones y sistemas de guerra electrónica.

Su contraparte fue la fuerza de oposición del campo de entrenamiento, reforzada por militares ucranianos del 412º Regimiento de Sistemas No Tripulados, conocido como Nemesis. Los primeros movimientos estadounidenses evidenciaron un problema inmediato: los blindados pesados generaban grandes nubes de polvo, facilitando su localización por los drones de reconocimiento ucranianos.

Primero llegaba el dron explorador, y después el que atacaba. El Wall Street Journal reportó que esta secuencia replicaba una rutina común en el frente ucraniano: pequeños drones de reconocimiento detectaban los vehículos y transmitían su posición, seguidos poco después por aparatos equipados para soltar explosivos o drones FPV diseñados para impactar directamente contra el objetivo.

Evidentemente, los ucranianos no destruyeron Abrams reales durante las maniobras; en este tipo de ejercicios, basta con que un dron se posicione sobre el vehículo o se acerque lo suficiente para que un observador certifique su baja. Sin embargo, lo hicieron con tal rapidez que se generó una situación reveladora: los blindados estadounidenses sufrieron una aniquilación total tan abultada y veloz que tuvieron que ser 'resucitados' y reincorporados al combate simulado para permitir la continuidad de las maniobras. Esta dinámica persistió durante toda la prueba.

La gran diferencia no residía necesariamente en tener drones superiores. Ucrania acumula casi cuatro años y medio de experiencia que ningún campo de maniobras estadounidense puede replicar: operadores que modifican, reparan, arman y lanzan drones mientras el enemigo intenta interferirlos o destruirlos.

Esta experiencia ha integrado los pequeños y económicos aparatos en casi todos los niveles del combate. "No puedes obtener un entrenamiento así en Estados Unidos", explicó el general de la Fuerza Aérea Alexus Grynkewich, máximo responsable militar de la OTAN, sobre las lecciones a base de "derrotas" que los ucranianos están proporcionando a los aliados.

La paradoja de Estados Unidos es quién está aprendiendo de quién. Washington fue pionero en el uso de grandes drones de largo alcance como instrumentos de guerra, empleando aparatos no tripulados para vigilancia y ataques a miles de kilómetros de distancia durante décadas.

Ucrania y Rusia han llevado esa lógica al extremo opuesto: drones mucho más pequeños, baratos y numerosos, utilizados a pocos kilómetros (o incluso cientos de metros) del enemigo. El Pentágono está invirtiendo miles de millones en sistemas no tripulados y antidrones, y ha solicitado más de 54.000 millones de dólares para drones y defensas contra ellos en su propuesta presupuestaria para 2027, pero la tecnología por sí sola no reproduce la experiencia acumulada diariamente en el frente.

El gran interrogante es qué ocurrirá con el tanque. En realidad, el problema va más allá de unas maniobras estadounidenses deficientes. El carro de combate surgió hace más de un siglo para romper frentes atrincherados como los de la Primera Guerra Mundial, pero Ucrania ha vuelto a generar extensas líneas fortificadas, mientras los drones dificultan enormemente la concentración de vehículos para atravesarlas.

Según el recuento visual de Oryx, Rusia ha perdido más de 14.000 carros y otros vehículos blindados durante la guerra, y Ucrania más de 6.000 vehículos acorazados de combate. En amplias zonas del frente, la presencia de blindados se ha reducido tanto que los ataques recurren a pequeños grupos de soldados, motocicletas, vehículos todoterreno e incluso caballos para intentar atravesar la "kill zone" de los drones.

Esto no implica necesariamente la obsolescencia del tanque. Dentro del propio ejército estadounidense existe otra perspectiva: Ucrania es una guerra excepcionalmente estática, y los drones resultan especialmente letales precisamente por el relativamente escaso movimiento y la enorme densidad de sensores sobre el frente.

Algunos oficiales sostienen que, si una futura guerra implicara grandes maniobras y avances rápidos, los carros y vehículos blindados podrían recuperar gran parte de su utilidad. En ese sentido, Ucrania también ha demostrado que no son completamente inviables: ataques mecanizados limitados han logrado penetrar posiciones rusas combinando guerra electrónica con ataques dirigidos contra operadores enemigos de drones.

La discusión, por tanto, no se centra simplemente en reemplazar el tanque por el dron, sino en descubrir cómo lograr que una fuerza mecanizada pueda moverse nuevamente sin ser detectada y atacada casi de inmediato desde el aire.

Estados Unidos perdió la primera partida, pero la segunda fue diferente. Para eso existen estas maniobras. Estados Unidos replicó el escenario durante las dos semanas de enfrentamiento, y sus soldados aprendieron a dispersar los vehículos, ocultarlos mejor y utilizar con mayor eficacia sus sistemas de guerra electrónica. A mitad del ejercicio, los ucranianos incluso cambiaron de bando y comenzaron a enseñar a las fuerzas estadounidenses cómo utilizar ofensivamente sus propios drones, con resultados mucho mejores.

Algo similar ha ocurrido con británicos, estonios, suecos y otros aliados de la OTAN: cuando unidades ucranianas experimentadas en el frente participan en sus ejercicios, las doctrinas occidentales descubren de golpe hasta qué punto ha cambiado el campo de batalla.

En definitiva, Combined Resolve no fue simplemente una humillación para una brigada estadounidense. Fue, posiblemente, el tipo de derrota para el que sirven las maniobras militares: descubrir en Alemania, donde los vehículos pueden "resucitar", aquello que en una guerra real se aprendería perdiendo soldados y máquinas.

El Pentágono ya está enviando más personal a Ucrania para estudiar la guerra de drones, probando sistemas ucranianos con miras a comprarlos y adoptando tecnologías antidrones desarrolladas durante el conflicto. Así, después de décadas en las que otros ejércitos estudiaban cómo combatía Washington, Ucrania ha generado una inversión de roles poco habitual: ahora es el ejército estadounidense el que intenta averiguar cómo combatir como los ucranianos.