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Sáb, Oct

Millones de Discos Duros Operativos son Destruidos Anualmente: Un Análisis de la Práctica y Alternativas

Tecnologia
Cada año, millones de discos duros completamente funcionales son destruidos por empresas y gobiernos en todo el mundo, una práctica que busca proteger datos confidenciales y asegurar la continuidad operativa. A pesar de su valor potencial en el mercado de segunda mano y la preocupación por los desechos electrónicos, esta medida se prioriza para evitar filtraciones y costosas interrupciones de servicio. Sin embargo, expertos y estándares recientes proponen métodos de borrado seguro que permitirían la reutilización de estos dispositivos.

La idea de descartar componentes informáticos plenamente operativos y con aproximadamente media década de antigüedad puede parecer ilógica, especialmente al considerar los mercados de segunda mano y la reducción de residuos electrónicos. No obstante, para numerosas corporaciones, esta práctica cobra sentido, particularmente en lo que respecta a los discos duros. Anualmente, millones de dispositivos de almacenamiento son dirigidos obligatoriamente hacia un único destino: la destrucción. Esto ocurre sin importar que sigan funcionando o que, de ser comercializados, podrían generar ingresos significativos para sus antiguos dueños. Esta costumbre, en la era actual, continúa siendo sorprendente.

Stellar Info, basándose en datos del Laboratorio Nacional de Energía Renovable de Estados Unidos (actualmente denominado Laboratorio Nacional de las Montañas Rocosas), indica que al menos 20 millones de discos son destruidos anualmente en dicho país. Este escenario se replica constantemente en diversas regiones del mundo y, por lo general, comparte un factor común: es impulsado por empresas y entidades gubernamentales.

Organizaciones como Amazon, Microsoft y Google en el sector tecnológico, así como departamentos u oficinas gubernamentales de distintas índoles, bancos y agencias de seguridad, suelen confiar en la destrucción de dispositivos de almacenamiento como una solución eficaz y definitiva para prevenir que información confidencial caiga en manos equivocadas. Según el Financial Times, se trata de discos duros empresariales que, habitualmente, han operado en centros de datos y son sustituidos tras un determinado periodo de tiempo. Esto no sucede necesariamente al final de su vida útil, sino aproximadamente cinco años después de su adquisición, momento en que suelen expirar las garantías.

Quienes implementan este tipo de prácticas priorizan, por encima de todo, la operatividad ininterrumpida de sus sistemas y la prevención de fugas de datos. Ambos escenarios, en caso de presentar contingencias, pueden resultar en pérdidas millonarias, ya sea por interrupciones en sus servicios o por multas derivadas del incumplimiento de la protección de datos.

El negocio de destruirlo todo

Ante esta situación, ha surgido una industria dedicada a ofrecer servicios de destrucción de discos duros. Algunas empresas, como Sims Lifecycle Services, incluso proporcionan destrucción “in situ” para evitar que los discos duros se extravíen durante el transporte, una preocupación genuina para ciertos clientes de estos servicios. Sin embargo, algunos especialistas argumentan que estas prácticas no constituyen la mejor alternativa. Si el objetivo es destruir los datos de manera efectiva, existen métodos digitales para lograrlo, lo que abriría la posibilidad de una reutilización segura de los dispositivos.

Frente a este panorama, el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) presentó en 2022, con su estándar IEEE 2883, tres opciones viables. Bajo la premisa de fomentar la economía circular de los soportes de almacenamiento, promueve varios métodos de borrado seguro de datos (sanitization). A continuación, se describen, a grandes rasgos, cada una de sus propuestas.

Desde el IEEE se señala que los métodos de trituración de discos han dejado de ser completamente eficaces. Esto se debe, aseguran, a que las técnicas de laboratorio de última generación permiten extraer datos incluso de pequeños fragmentos de 2 milímetros del plato de un disco duro. Sugieren que la destrucción solo debería emplearse después de haber aplicado otros métodos.

Aunque se plantean tres alternativas, el instituto enfatiza que la más relevante es la purga (purge). Este método impide la recuperación de datos, incluso con el uso de equipos de última generación. Y, al no destruir el disco, se posibilita su reutilización, incluso fuera del ámbito del propietario original.

Con el tiempo, se determinará si estas alternativas logran consolidarse. Desde entonces, se han observado avances en esa dirección. En septiembre de 2025, el NIST estadounidense publicó la revisión 2 de su guía de saneamiento de soportes (SP 800-88), la cual reemplaza a la de 2014 y es otra de las referencias que las empresas siguen para certificar el borrado. Además, algunos fabricantes ya comercializan discos recuperados: Seagate inauguró en 2024 una tienda en eBay de unidades recertificadas, borradas conforme al IEEE 2883 y a las directrices del NIST, y afirma que en su año fiscal 2023 extendió la vida útil de aproximadamente 1,19 millones de discos duros y SSD.

Las grandes tecnológicas también han actuado, aunque sin abandonar la trituración. Microsoft declara que en 2024 reutilizó o recicló el 90,9 % de los servidores y componentes de sus centros de datos. Aún así, las piezas que almacenan datos continúan siendo saneadas y trituradas antes de separar el resto de los materiales. En colaboración con Western Digital y otros socios, ha probado un proceso para recuperar neodimio y otras tierras raras de discos al final de su vida útil.

Mientras tanto, la inteligencia artificial ha provocado una escasez de discos duros. En enero de 2026, Irving Tan, consejero delegado de Western Digital, afirmó que la compañía había vendido prácticamente la totalidad de su capacidad de producción del año, con pedidos firmes de sus siete clientes más grandes y acuerdos plurianuales que se extienden hasta 2027 y 2028.