Tras el trágico accidente ferroviario en Urda, Toledo, que resultó en al menos 69 fallecidos, el Ministro de Transportes, Óscar Puente, ha anunciado que se valorará la implementación de medidas adicionales de seguridad pasiva en los trenes. La discusión se centra en la idoneidad de los cinturones de seguridad y la reestructuración de los compartimentos para equipaje, buscando mejorar la protección de los pasajeros ante impactos o frenadas bruscas, tomando inspiración de protocolos de seguridad aérea.
El accidente ferroviario de Urda, en Toledo, que ha provocado el fallecimiento de al menos 69 personas, ha generado interrogantes acerca de los protocolos de seguridad en el transporte por tren. Se ha debatido sobre la efectividad del sistema LZB frente al más moderno ERTMS, el rol de los controladores y, de forma prominente, la conveniencia de utilizar cinturones de seguridad. Este último punto ha sido abordado por el ministro de Transportes, Óscar Puente.
En cuanto a la seguridad pasiva, Óscar Puente declaró ante los medios que se "valorará la instalación de medidas adicionales de seguridad pasiva en los coches". Esta determinación se tomará tras recibir las conclusiones de un estudio técnico encargado a expertos. Desde el choque de trenes en Urda, ocurrido el 28 de octubre, la pertinencia de los cinturones de seguridad y la disposición de compartimentos separados para el equipaje ha sido un tema central de discusión.
Antonio Jiménez Barca, periodista de El País y pasajero de uno de los trenes siniestrados, compartió su experiencia: "Pedí un café en la cafetería del tren a Sevilla. La camarera me lo sirvió. Otro camarero pregonó que estaba listo un sándwich mixto para alguien. Es lo último que recuerdo. Noté un empujón brutal del que no me acuerdo bien y sentí un golpe en la cabeza mientras me preguntaba qué pasaba. Después me vi en el suelo del vagón, en el otro extremo de la cafetería. Alguien dijo que era un accidente y eso me hizo reaccionar y comprender lo que me pasaba". Su relato describe cómo el impacto, causado por un tren que colisionó con otro a una velocidad de entre 160 y 200 km/h, lo lanzó de un extremo a otro de la cafetería.
Además de los pasajeros, los equipajes también salieron proyectados. Esta situación es preocupante, ya que a esas velocidades, el impacto de una mochila, incluso pequeña, puede ser comparable al de un proyectil. En un vehículo, a 50 km/h, un objeto multiplica su peso por 50 en caso de colisión.
Respecto al equipaje, el ministro Puente ha enfatizado la necesidad de consultar a los especialistas sobre la conveniencia de disponer de portaequipajes cerrados para maletas y mochilas. Actualmente, las maletas de mayor tamaño se colocan en portaequipajes abiertos en los extremos del vagón, mientras que por encima de los asientos hay espacio para maletas de cabina.
El Gobierno, según anunció en rueda de prensa, indagará si es necesario exigir a las compañías ferroviarias que implementen trenes con "compartimentos cerrados que eviten proyecciones en caso frenazos bruscos o impactos. Estamos tomando ideas de medidas de seguridad del ámbito aéreo". Puente explicó que la intención es impedir que el equipaje se convierta en "misiles" que se despiden durante un choque como el de la semana anterior.
Sin embargo, Puente no hizo referencia a la obligación de instalar cinturones de seguridad en los trenes durante su declaración, una cuestión que ya se había planteado tras el accidente de Adamuz, Córdoba. El propósito de un cinturón de seguridad es asegurar al pasajero en caso de accidente para evitar que sea proyectado. No obstante, es crucial considerar que el comportamiento de un coche y un tren es muy distinto, lo que lleva a algunos estudios a desaconsejar el uso de cinturones de seguridad en el transporte ferroviario, a diferencia de lo que ocurre en automóviles y aviones.
En un automóvil, la "jaula de supervivencia" está diseñada para permanecer intacta en caso de impacto. El chasis externo absorbe la energía del choque para evitar deformaciones en la cabina y permitir el rescate del pasajero, incluso en accidentes graves. En las aeronaves, los cinturones se emplean para proteger a los pasajeros en caso de turbulencias severas o descensos abruptos.
En el contexto ferroviario, la diferencia con los vehículos radica en que los estudios indican que el cuerpo de un pasajero en un coche experimenta una desaceleración mucho mayor durante un impacto, de ahí la importancia de mantenerlo atado al asiento. En un tren, por más violento que sea el choque, las investigaciones muestran que el pasajero está expuesto a fuerzas de entre 2 g y 3 g (su peso se multiplica por dos o tres, respectivamente). En contraste, la desaceleración en un coche puede equivaler a 30 g. En los trenes, a diferencia de los coches, los asientos y las mesas están diseñados para absorber el impacto de una persona en caso de accidente, en lugar de fijarla al lugar.
Adicionalmente, se ha investigado la utilidad de cinturones de seguridad con dos o tres anclajes. En ninguno de los casos se encontraron ventajas claras, ya sea por el riesgo de lesiones en la cadera (con dos anclajes) o por la pérdida de capacidad de absorción de impactos del asiento (con tres anclajes). Además, las tareas de rescate de pasajeros se complicarían considerablemente en accidentes ferroviarios, que a menudo transforman los vagones en una masa de hierros.