La administración de Estados Unidos ha solicitado a las naciones latinoamericanas que aumenten su gasto en defensa y seguridad para hacer frente al avance del crimen organizado y las redes de narcotráfico. Un alto funcionario de defensa estadounidense enfatizó que es crucial que los gobiernos de la región destinen más recursos a la protección de sus territorios. Esta iniciativa busca fortalecer la cooperación y la estabilidad regional frente a amenazas transnacionales.
La administración del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, exhortó a las naciones de América Latina a elevar su desembolso en defensa y seguridad con el fin de contrarrestar el avance del crimen organizado y las redes vinculadas al narcotráfico en la zona. Esta petición fue formulada por Elbridge Colby, subsecretario de Defensa estadounidense, quien sostuvo que los gobiernos latinoamericanos deben asignar más recursos a salvaguardar sus territorios frente a las amenazas delictivas. “Es fundamental que nuestros vecinos de la región inviertan más en su propia defensa y seguridad. No hay justificación para que ningún país, en particular aquellos que afrontan importantes amenazas narcoterroristas, destine tan poco a defensa”, escribió Colby en la revista Americas Quarterly.
El funcionario calificó de “absurdo” que algunas naciones latinoamericanas dediquen menos del uno por ciento de su producto interno bruto a la defensa, aunque no especificó cuáles. Como punto de comparación, indicó que los aliados europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte están elevando de manera significativa sus presupuestos militares y de seguridad.
Colby participó recientemente en la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, celebrada en Cusco, Perú. Según explicó, la región atraviesa una “oportunidad histórica” para fortalecer la colaboración con Washington en la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y otras amenazas de carácter transnacional.
Estados Unidos también promovió el llamado Escudo de las Américas, una alianza militar orientada a combatir las redes criminales y de la cual forman parte varios gobiernos conservadores de la región. Brasil y México quedaron fuera de ese grupo estratégico.
El subsecretario defendió además la actualización de la Doctrina Monroe, un principio de política exterior del siglo XIX que situaba a América Latina dentro de la esfera de influencia estadounidense. Reconoció que esa doctrina genera controversia, pero afirmó que suele interpretarse de manera equivocada. Según Colby, el propósito de Washington no es fomentar la explotación, la subordinación ni la dependencia, sino contribuir a que los países latinoamericanos alcancen mayores niveles de seguridad, estabilidad y prosperidad.
El funcionario recordó que Estados Unidos recibe el impacto directo del tráfico de drogas y de los flujos migratorios irregulares. En ese sentido, aseguró que la administración utilizará todos los recursos disponibles, incluidas las Fuerzas Armadas, para hacer frente a esas amenazas. Como ejemplo, mencionó las operaciones realizadas por fuerzas estadounidenses en el Caribe contra embarcaciones presuntamente utilizadas para transportar estupefacientes. Algunas de esas acciones han sido cuestionadas por ejecutarse en aguas internacionales.
El planteamiento coincide con la decisión de Washington de ampliar su participación en proyectos de desarrollo económico en América Latina, dentro de una estrategia que vincula la cooperación internacional con los intereses de seguridad nacional. Thomas Hardy, subdirector y director de Operaciones de la Agencia de Comercio y Desarrollo de Estados Unidos, explicó que la institución busca apoyar el crecimiento económico de los países socios, al tiempo que promueve los intereses estadounidenses.
“Nuestro objetivo es claro: apoyar el desarrollo económico de nuestros países socios en todo el mundo, pero haciéndolo de manera que también se promuevan los intereses de Estados Unidos”, señaló Hardy.
El funcionario afirmó que el programa de la agencia en América Latina se encuentra en una etapa de expansión, después de varios años de bajo perfil institucional. Hardy, quien dirigió la agencia durante la primera administración de Trump, aseguró que existe una relación más estrecha entre Washington, los gobiernos latinoamericanos y el sector privado. A su juicio, varios países buscan fortalecer sus vínculos con Estados Unidos, especialmente tras los cambios políticos registrados recientemente en la región.