El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sostuvo un encuentro en Jerusalén con los embajadores de Estados Unidos en Líbano e Israel. Esta reunión se produce en un contexto de escalada de tensiones en el sur del Líbano, donde los ataques israelíes continúan a pesar de los esfuerzos diplomáticos de Washington para estabilizar la región y consolidar un acuerdo marco previo.
El jefe del gobierno israelí, Benjamín Netanyahu, se reunió este martes en la capital israelí con el embajador estadounidense en Líbano, Michel Issa, y el representante diplomático de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, según informó la oficina del mandatario. Este encuentro tiene lugar en un periodo de creciente inestabilidad en la zona sur del Líbano, donde los ataques de Israel persisten, a pesar de las gestiones diplomáticas de Washington orientadas a afianzar el acuerdo preliminar alcanzado entre ambas naciones a finales de junio.
La Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) alertó el viernes anterior que la situación en el sur del Líbano “continúa siendo inestable” y documentó 1.030 trayectorias de proyectiles entre el 21 y el 27 de agosto, lo que representa un promedio de 147 disparos diarios. La misión de la ONU también lamentó los perjuicios ocasionados a viviendas e infraestructuras y solicitó a Israel y Líbano que acaten la resolución 1701 del Consejo de Seguridad para disminuir las hostilidades y restablecer la paz.
La advertencia de la FINUL se emitió después de que, el jueves pasado, al menos una mujer perdiera la vida y varias personas resultaran lesionadas en bombardeos israelíes contra la población de Arab Salim, situada en el sur del Líbano. Las fuerzas militares israelíes habían acusado a Hizbulá de lanzar dos drones con explosivos contra sus efectivos posicionados en la región montañosa de Ali Taher.
Las conversaciones entre Beirut y Jerusalén, facilitadas por Estados Unidos, se encuentran en un punto muerto. Hizbulá, que no forma parte de las negociaciones, se opone al diálogo con Israel, mientras que el gobierno israelí exige el desarme del grupo chií como una de las principales condiciones para alcanzar un pacto duradero.