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Mar, Jul

En China, el taxi es más económico que el coche particular debido a la electrificación de flotas y el contexto energético

Tecnologia
En China, el costo de viajar en taxi ha superado al de usar un coche privado, impulsado por el encarecimiento del combustible y la creciente electrificación de las flotas de transporte urbano. Este fenómeno, evidenciado por un aumento significativo en los viajes en taxi, refleja cómo la situación geopolítica internacional y la apuesta por la movilidad eléctrica están transformando los hábitos de transporte de la población.

China experimenta una situación particular: en sus ciudades, desplazarse en taxi es ahora más económico que hacerlo en un vehículo particular. Según datos recientes del Ministerio de Transportes, recogidos por la agencia Reuters, los viajes en taxi aumentaron un 6% desde el inicio de la crisis de Ormuz. Este crecimiento coincide con el incremento del precio del combustible y la masiva electrificación de las flotas urbanas. Este porcentaje se traduce en más de 3.050 millones de viajes en taxi solo en el mes de mayo, lo que demuestra la profunda incidencia de la situación geopolítica internacional en la vida diaria de las personas.

El contexto actual se ve afectado por la situación en Irán y el estrecho de Ormuz, que ha provocado que la compra china de crudo alcance mínimos históricos. En junio pasado, las importaciones de petróleo sufrieron una caída interanual del 41,3%, situándose en su nivel más bajo en una década desde octubre de 2016, con solo 29,27 millones de toneladas (aproximadamente 7,12 millones de barriles por día). A esto se suma la baja producción de las refinerías nacionales debido a una escasa demanda interna. Todos estos factores han creado el escenario perfecto para una situación de escasez que ha disparado los precios, entre otros, de la gasolina.

El secreto reside en la electrificación. Aquí es donde el taxi cobra relevancia. A pesar de la subida diaria de los precios del combustible, las tarifas de este tipo de transporte en China son cada vez más bajas. Esto se debe a que, como señala Reuters, casi la mitad de la flota de taxis del país es eléctrica (una proporción que en las ciudades se acerca al 100% de la oferta de coches) y, por lo tanto, no depende tanto de los precios volátiles del petróleo, lo que la convierte en un escudo eficaz de China frente al impacto de Ormuz.

Pero eso no es todo. En los últimos tiempos, el acceso cada vez más sencillo a un vehículo eléctrico y la desaceleración de la economía del país asiático han impulsado a muchos ciudadanos chinos a optar por el trabajo independiente, buscando empleo en el sector de la movilidad como conductores con su propio coche. Según explica Reuters, empresas como DiDi, la principal aplicación china de MaaS (Movilidad como Servicio), han crecido gracias a este fenómeno. En este caso, la empresa ha incorporado más de 2 millones de vehículos híbridos o eléctricos en el último año, lo que suma un total de más de 8 millones de modelos libres de combustibles fósiles en su flota. Así, hay más oferta y más competencia, lo que se traduce en tarifas mucho más económicas.

El usuario es el principal beneficiado. Esta nueva tendencia ha inundado las redes sociales del país asiático y, además de la reducción de tarifas y el ahorro en gasolina, muchos ciudadanos chinos destacan la comodidad del viaje y la facilidad de no tener que buscar aparcamiento como otros beneficios de optar por el taxi, según lo expresado por Yang, propietario de un coche de gasolina, a Reuters. Sin embargo, no todo está exento de riesgos, ya que estas profesiones de economía bajo demanda —como las de conductor profesional, los repartidores y los mensajeros— están muy solicitadas y podrían acabar saturando el mercado.

¿Un cambio permanente? Desde la crisis, es sabido que el mundo se está adaptando a vivir con un 9% menos del petróleo que antes transitaba por Ormuz. Al igual que muchos otros países, China busca ahora ser menos vulnerable a la volatilidad internacional y depender menos de los combustibles fósiles. Lo hace con una clara apuesta por liderar la descarbonización, dominando la producción global de paneles solares, baterías y, por supuesto, vehículos eléctricos. La gran incógnita es si este cambio responde únicamente al encarecimiento del petróleo o si terminará consolidando una modificación de hábitos en la mentalidad de la ciudadanía china incluso cuando el mercado energético vuelva a estabilizarse.