Irlanda se enfrenta a un desafío energético significativo debido al rápido crecimiento de los centros de datos, que consumieron el 23% de la electricidad del país en 2025. Este fenómeno, impulsado por las inversiones en tecnología y la inteligencia artificial, ha generado un debate interno sobre la sostenibilidad de su red eléctrica y los objetivos medioambientales, a pesar de los beneficios económicos que aportan.
La realidad tecnológica actual se mueve a dos velocidades. Por un lado, las grandes empresas tecnológicas y las startups de inteligencia artificial están invirtiendo masivamente en la construcción de gigantescos centros de datos, con inversiones multimillonarias que algunos países buscan atraer. Por otro lado, esos mismos países se encuentran con la limitación de que no hay suficiente energía para abastecer tantos centros de datos.
Dentro de este escenario, Irlanda se ha convertido en un claro ejemplo, con una cifra destacada del 23%. Recientemente, la Oficina Estadística Irlandesa (CSO) publicó un informe que revela que el consumo anual de los centros de datos instalados en el país alcanzó los 7.663 GWh en 2025. Aunque este dato por sí solo no es muy revelador, las comparativas muestran que, entre 2015 y 2023, el consumo eléctrico de estos centros se multiplicó por cinco, pasando de 1,2 TWh a 6,3 TWh, con un aumento de casi 1 TWh adicional cada año.
En términos porcentuales, el consumo de los centros de datos en 2025 representó el 23% del total, frente al 5% de 2015. Para ponerlo en perspectiva, las viviendas consumieron un 28% (18% urbanas y 9% rurales) el año pasado. Esto significa que los centros de datos estuvieron cerca de consumir la misma proporción de energía que los hogares.
Habrá que esperar al informe del próximo año para conocer los datos de 2026, ya que el informe también señala que, mientras el consumo eléctrico de todos los demás usuarios (hogares, comercio e industria convencional) apenas aumentó un 2% interanual, el de los centros de datos se disparó un 10% interanual.
Por otro lado, un informe reciente del Gobierno indica que, desde 2010, la economía irlandesa ha sumado 22.000 millones de euros, ha creado 17.000 empleos y ha recaudado 2.800 millones de euros en impuestos gracias a los centros de datos. Jack Chambers, ministro de Gastos Públicos, ha afirmado que los centros de datos son "una parte central del futuro económico y digital de Irlanda", por lo que será necesario adaptarse. De hecho, según RTE, en una entrevista reciente, Chambers argumentó que el Gobierno trabaja para integrar de manera sostenible la demanda de energía a gran escala y los objetivos de descarbonización, criticando que el debate se centre en "solo atacar a los centros de datos".
El caso irlandés es particularmente interesante porque el país experimentó un período de fuerte modernización industrial, con empresas tecnológicas que representaban una parte significativa de su tejido antes de la proliferación de los centros de datos enfocados en la inteligencia artificial. Ahora, sin embargo, estos centros de alto consumo están generando un debate interno debido a la enorme tensión que ejercen sobre la red eléctrica y los objetivos medioambientales del país. Diferentes estudios estiman que entre el 2,5% y el 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero de Irlanda ya se atribuyen a los centros de datos, y la demanda de energía supera la capacidad renovable que se añade cada año.
Desde dentro se ha intentado responder a esta situación, con el regulador de energía del país adoptando una política que exige que los grandes proyectos cubran el 80% de su demanda con nueva generación renovable irlandesa en un plazo de seis años, o de lo contrario, no podrán conectarse a la red. La realidad es que es un papel complicado porque, como se ha mencionado, el Gobierno está intentando equilibrar el papel del país como centro digital europeo y potencia en la nube con la estabilidad de su propio sistema eléctrico.
En Estados Unidos, esta situación ya se había detectado hace un tiempo. La proximidad de los centros de datos a ciertas ciudades o su presencia en algunos estados estaba provocando un aumento en la factura de la luz de los hogares que no tenían relación directa. En Irlanda, un estudio de 'Amigos de la Tierra' señaló que el consumo de electricidad de estas instalaciones es tan elevado que son los hogares los que están asumiendo parte de la factura. La cifra que apuntan es de 360 euros adicionales en promedio por hogar entre 2015 y 2023 debido a la intensa presencia de los centros de datos en la red.
Este problema no afecta exclusivamente a Irlanda. A escala europea, el caso irlandés se considera un ejemplo extremo de cómo el crecimiento de la infraestructura de inteligencia artificial puede desbaratar la planificación energética de un país. Aquí también se observan dos velocidades: países que buscan potenciar su capacidad renovable para atraer centros de datos (como España) y otros que ya están frenando el desarrollo de nuevos proyectos. Frankfurt, Londres, Ámsterdam, París y Dublín, conocidas en el sector como 'FLAP-D', fueron durante años el foco de la construcción de centros de datos "tradicionales". Esto tenía sentido, ya que son grandes urbes con una importante industria tecnológica y un rápido flujo de datos.
Sin embargo, a medida que los centros de datos dejaron de ser principalmente para ofrecer servicios en la nube y se orientaron más a consumir energía para entrenar la inteligencia artificial, comenzaron a consumir entre el 33% y el 42% de la electricidad de Ámsterdam, Londres y Frankfurt. En Irlanda, y específicamente en Dublín, esta cifra fue aún más extrema, elevando el consumo hasta el 80%. Esto ha llevado a que los gigantes de la inteligencia artificial busquen ubicaciones en el norte y sur del continente para evitar la regulación y los cuellos de botella, creando una especie de 'Juegos del Hambre' de la energía, donde algunos países están mejor posicionados que otros, pero todos enfrentan el mismo problema a corto o medio plazo: la falta de electricidad suficiente para tantas instalaciones.