En 1793, un hacendado de Ubrique, Cádiz, llamado Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, compró el cerro Salto de la Mora. Su motivación no era la agricultura ni la especulación, sino la fuerte sospecha de que bajo la tierra se ocultaba una ciudad antigua. Sus excavaciones revelaron la ciudad romana de Ocuri, hoy reconocida como Bien de Interés Cultural, consolidando su legado como pionero de la arqueología andaluza.
La singular idea de adquirir un cerro completo ante la sospecha de que alberga una ciudad oculta puede parecer una excentricidad, comparable a excavar basándose en una vaga pista sobre el Santo Grial. Sin embargo, esta fue precisamente la acción de Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, un hacendado de Ubrique (Cádiz), quien, según crónicas, adquirió un cerro conocido como el Salto de la Mora. Su propósito no era cultivar la tierra, especular con ella o legarla a sus descendientes, sino su profunda intuición de que bajo las piedras existía algo más. Sus excavaciones, iniciadas en 1793, culminaron en el descubrimiento de una ciudad romana completa, hoy catalogada como Bien de Interés Cultural.
La compra del cerro se sitúa entre 1792 y 1793. El motivo principal, según los registros, fue la curiosidad por los vestigios que ya asomaban en las tierras de Benafís el Alto. Vegazo utilizó la plantación de frutales y, posteriormente, una viña en 1793, no solo para la producción agrícola, sino como una estrategia: cada hoyo y cada zanja le permitía avanzar en sus descubrimientos. Si no encontraba nada, al menos tendría las uvas.
La 'Pompeya de la sierra', como se ha llegado a comparar, tiene un significado especial. Según guías turísticas, Vegazo buscaba confirmar la existencia de restos de una ciudad y establecer paralelismos con Pompeya, cuyas excavaciones comenzaban a generar gran interés en Europa en 1792. Turismo de Andalucía lo considera un verdadero pionero, ya que excavó diversas estructuras y documentó sus hallazgos, incluyendo dos inscripciones dedicadas a los emperadores Antonino Pío y Cómodo. Estas inscripciones revelaron el nombre de la ciudad: “Ocuri”, un dato desconocido hasta entonces.
El manuscrito original de Vegazo, datado alrededor de 1795, se perdió, pero una copia de 1808 ha sobrevivido. Fray Sebastián de Ubrique reprodujo el 63,5% de este texto en su obra ‘Historia de la Villa de Ubrique’ (1944). Además, el botánico Simón de Rojas Clemente, quien visitó Ubrique en agosto de 1809 para documentar la historia natural del Reino de Granada, copió estos documentos en su diario y los corrigió posteriormente in situ.
Bajo el cerro se encontraba una ciudad que se originó en el siglo VI a.C., o incluso antes, como un asentamiento ibérico. Alcanzó su apogeo en el siglo II d.C., ya integrada en el «conventus iuridicus gaditanus» de la Bética. Entre sus restos se hallan una muralla ciclópea, construida con bloques gigantes sin mortero y remodelada en varias ocasiones, grandes cisternas para la recolección de agua de lluvia, un foro con vestigios de tabernas y viviendas, y unas termas con vistas a Grazalema. Extramuros, conforme a las normas sanitarias romanas, se erigió un mausoleo con nichos para urnas, que Vegazo interpretó como un baño y el vulgo denominó «la Mezquita». La estratigrafía del yacimiento abarca desde la Edad del Bronce hasta al-Ándalus.
Vegazo no estuvo solo en sus excavaciones. En menos de un año, el académico de la Historia Domingo Traggia, quien atribuyó las murallas a la obra de los moros, y el cura Simón de Zamora, entre otros, visitaron las ruinas. El abate Masdeu publicó las inscripciones en 1800. La primera identificación conocida de una estatua descabezada como Cómodo se registra en una carta del anticuario Andrés Palacios, de septiembre de 1797. El manuscrito de Vegazo, por su parte, revela un lamento constante sobre los elevados costos de todo el proyecto.
A pesar de su labor, Vegazo también retiró muchas de las losas originales del foro para decorar su propia casa, cuyos restos aún son visibles en el yacimiento, según la misma guía. Destruyó un mosaico para nivelar el terreno. En otra carta de 1798, admitió que solo conservaba 12 monedas, dejando el resto en el lugar. Según Urbipedia, la mayoría de los objetos encontrados, incluyendo estatuas y monedas de gran valor, se perdieron. En el siglo XIX, un anciano de Ubrique relató a un erudito que una de las cabezas de piedra terminó siendo utilizada como mortero por un boticario. Aún se buscan algunas piezas del expolio.
Más de 200 años después, Ocuri esperó su momento de reconocimiento. En la década de los 70, la labor del maestro Manuel Cabello Janeiro fue fundamental para su identificación, y las excavaciones de Salvador de Sancha demostraron la presencia de múltiples culturas en el cerro. Posteriormente, la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de Cádiz emprendió la consolidación de la muralla, con trabajos documentados desde 1997. El arqueólogo Luis Javier Guerrero Misa, autor de varios estudios sobre Ocuri, considera a Vegazo uno de los pioneros de la arqueología en Andalucía.
Su gran momento llegó en 2024, cuando el equipo de la Universidad de Granada confirmó otra hipótesis de Vegazo: que la terraza central del cerro era el foro. A su llegada, solo era visible un posible muro de cierre de 1 metro de alto y unos 16 de largo. Debajo aparecieron bases y fustes de columnas, así como restos de pedestales de estatuas, elementos característicos de grandes edificios públicos del Alto Imperio. La presencia de cerámicas del norte de África sugiere una ocupación que se extendió más allá del siglo III d.C. y apunta a rutas comerciales vinculadas al Campo de Gibraltar. También se descubrieron los cimientos de una posible estructura defensiva medieval.
Ocuri fue oficialmente inscrita en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, bajo la tipología de Zona Arqueológica. La resolución se publicó en el BOJA el 5 de abril de 2022. Hoy en día, el enclave cuenta con un mapa turístico, un centro de visitantes y visitas guiadas por las calles que Vegazo comenzó a desenterrar. Sin embargo, también ha sufrido actos vandálicos, como las pintadas de 2014. A pesar de ello, su ruta a pie se puede realizar en una mañana y ofrece una experiencia maravillosa.
Lo que en su momento fue una audaz iniciativa, hoy sería ilegal. Pocos hallazgos han revelado tanto: una ciudad con nombre, foro, termas y más de 2.500 años de historia. Sin embargo, las acciones de Juan Vicente Vegazo hoy constituirían un delito, ya que la Ley 14/2007 exige autorización previa para las actividades arqueológicas en Andalucía, y el artículo 323 del Código Penal sanciona el expolio de yacimientos.