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Mié, Oct

Praga aborda su crisis de vivienda transformando antiguas zonas industriales en nuevos barrios residenciales

Tecnologia
La crisis de vivienda, que afecta a numerosas ciudades europeas, ha llevado a Praga a buscar soluciones innovadoras. La capital checa, que enfrenta un significativo déficit habitacional y altos precios, ha ideado un plan ambicioso: reconvertir sus vastas zonas industriales abandonadas en modernos barrios residenciales. Esta estrategia no solo busca aumentar la oferta de viviendas, sino también revitalizar el tejido urbano sin necesidad de expandir la ciudad o construir en altura.

Aunque la crisis de la vivienda ha tenido un impacto notable en España, precipitanto incluso un adelanto electoral, no es un problema exclusivo de este país. En toda Europa, ciudades como Londres, Atenas, París, Berlín y Lisboa experimentan escaladas de precios, déficit residencial y escasez de suelo. La República Checa también se enfrenta a esta realidad, con un aumento del coste por metro cuadrado del 10,4% en 2025. Su capital, Praga, ha diseñado una estrategia para mitigar este desajuste estructural sin expandir sus límites ni construir edificios de gran altura, aprovechando su pasado industrial.

La Comisión Europea (CE), en su último informe sobre los desafíos económicos y sociales de la República Checa, señala un "desajuste persistente entre la fuerte demanda de vivienda y una oferta limitada", lo que eleva los precios y dificulta la accesibilidad. Bruselas advierte que esta situación está reduciendo la movilidad laboral, un fenómeno también observado en grandes ciudades como Madrid o Barcelona. La CE añade que "el problema es más grave en las grandes ciudades, afectando tanto a los precios de venta como a los de alquiler. Estos acontecimientos tienen amplias repercusiones, exacerbando la asequibilidad de la vivienda, dificultando la movilidad laboral, profundizando las desigualdades y complicando el acceso a la financiación para las empresas innovadoras”. Esta realidad es evidente en Praga, una ciudad de casi 1,4 millones de habitantes que en 2025 atrajo a 8,3 millones de turistas, un 3% más que el año anterior.

Para evaluar el coste de la vida en Praga, el informe ‘Mapping the World´s Prices 2026’ de Deutsche Bank compara el precio del metro cuadrado residencial en el centro de 69 ciudades globales. Aunque los valores de Praga son menores que los de Zúrich, Génova, Londres o París, las metrópolis más caras del continente, la capital checa se sitúa en el Top 15, superando a Madrid, Berlín, Roma, Dublín o Lisboa. Adquirir un apartamento de 80 metros cuadrados en el centro de Praga cuesta 668.200 euros, en contraste con los 626.500 euros de Madrid o 518.700 euros de Barcelona.

La solución pasa por incrementar la oferta. Según un informe reciente de elEconomista, Praga inició la construcción de solo 7.400 viviendas y finalizó 5.300 en 2025. Aunque los datos del segundo trimestre de 2026 muestran una aceleración, el sector debe corregir un déficit residencial que algunos expertos estiman en 91.000 apartamentos. Para cubrir esta necesidad, se calcula que la ciudad debería edificar al menos 10.000 viviendas al año.

La pregunta clave es cómo aumentar el parque residencial. ¿Debe Praga expandirse descontroladamente, o es necesario revisar los límites de altura y construir rascacielos? La ciudad checa ha optado por un enfoque diferente que aprovecha su historia reciente y su peculiar entramado urbano. La metrópolis está desarrollando un plan para construir miles de viviendas en terrenos industriales abandonados.

Hace unos días, la agencia Bloomberg detalló esta transformación, concluyendo que la capital checa está experimentando un cambio urbano valorado en 10.000 millones de dólares, con raíces en varias décadas atrás. La estrategia no se basa en la expansión hacia las afueras ni en añadir plantas a los edificios existentes, sino en reconvertir antiguos centros industriales en barrios con viviendas, parques, edificios de uso mixto y amplios bulevares, con el apoyo de inversores privados. El objetivo son antiguas estaciones de ferrocarril, fábricas y almacenes en desuso. Martin Ourednicek, del Departamento de Geografía Social y Desarrollo Regional de la Universidad Carolina de Praga, explicó a Bloomberg: “No se trata de añadir muchas capas nuevas. Se trata de aprovechar y transformar aquellas partes de la ciudad que quedaron relegadas tras la era industrial”. Praga construye aproximadamente 5.000 nuevas viviendas al año, la mitad de lo que realmente necesita, según su Instituto de Planificación.

Esta transformación ya se está materializando en varios proyectos ambiciosos. Bubny-Zatory, por ejemplo, busca convertir el entorno de una estación ferroviaria en desuso de Bubny en un barrio con 11.000 viviendas para unas 25.000 personas. Además de edificios residenciales, el plan incluye un parque y una nueva sede para la Filarmónica Checa, con el objetivo de culminar en 2040, según IPR Praha. Bloomberg también menciona Florenc21, un proyecto de 920 millones de dólares para crear un barrio verde y peatonal en un espacio infrautilizado en uno de los principales nodos de transporte de Praga. Algo similar ocurre en Smichov, una antigua estación de mercancías cuya reconversión debería estar lista a mediados de la próxima década, con un amplio bulevar, oficinas, negocios, hostelería y apartamentos.

Praga no es la única ciudad europea con extensas zonas que tuvieron un uso industrial o logístico y ahora están en desuso. Sin embargo, la capital checa se beneficia de un escenario particular. Bloomberg señala que su historia reciente, marcada por el fin del comunismo y la transición a la democracia, pospuso el desarrollo urbano que otras ciudades europeas experimentaron en los años 60. Las dificultades legislativas, las dudas sobre la titularidad del suelo y los trámites burocráticos complejos hicieron que los inversores extranjeros perdieran interés. Esto ha cambiado con la reciente actualización del marco urbanístico de la ciudad, lo que facilita el aprovechamiento de terrenos abandonados y el aumento de la oferta de viviendas.

Sin embargo, no todo son ventajas. Gran parte del plan depende de inversores privados a quienes no se les exige reservar una parte de sus promociones para vivienda asequible. Además, surge la pregunta de hasta qué punto los nuevos barrios residenciales aumentarán la presión sobre las infraestructuras y los servicios públicos de la ciudad.