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Dom, Nov

La plantación de árboles en ciudades: Un arma de doble filo contra el calor urbano

Tecnologia
Aunque la plantación de árboles se ha promovido como una solución clave contra el cambio climático y el calor urbano, estudios recientes revelan que su eficacia es más compleja de lo que parece. Factores como la humedad, la estructura de las calles y el clima pueden influir drásticamente en su capacidad de enfriamiento, e incluso, bajo ciertas condiciones, podrían intensificar la sensación de calor, desafiando la creencia popular.

Durante los últimos años, se ha repetido constantemente que la plantación de árboles es una de las soluciones para combatir el cambio climático y el incremento de las temperaturas en entornos urbanos. Esto es crucial, dado que los datos indican que en 93 ciudades europeas, el 4,33% de las muertes durante el verano de 2015 se atribuyeron al efecto isla de calor. Se estima que aumentar la cobertura arbórea de nuestras ciudades al 30% podría reducir la temperatura media en unos 0,4 °C y prevenir más de 2.600 muertes prematuras. Sin embargo, no es tan sencillo. Aunque parezca lógico empezar a plantar árboles indiscriminadamente, la realidad es considerablemente más compleja que la simple adición de ramas y hojas. Una serie de investigaciones recientes advierten que la efectividad real del arbolado depende drásticamente de la humedad, la configuración de las calles y el clima. Lo más sorprendente es que, en ciertas circunstancias, los árboles pueden generar una sensación de mayor calor.

Para comprender cómo los árboles interactúan con la ciudad en condiciones extremas, un equipo de investigadores del ICTA-UAB y el CIEMAT llevó a cabo una exhaustiva simulación centrada en el Eixample de Barcelona. El estudio, publicado en Urban Climate, empleó una versión modificada del modelo BEP-Tree para comparar dos escenarios distintos: la calle Balmes, con escaso arbolado, y la calle Aribau, con una mayor densidad de árboles y de mayor altura.

Los investigadores confirmaron que, cuando el suelo está húmedo, los árboles pueden refrigerar el ambiente con gran eficiencia. Numéricamente, observaron una reducción de la temperatura del aire de una media de 1,2 ºC y una disminución del índice de estrés térmico de 3,2ºC. A nivel de calle, en los puntos más críticos, la temperatura percibida por un peatón disminuyó drásticamente hasta los 12,3ºC.

Incluso cuando el suelo se seca y el árbol deja de transpirar agua para protegerse, la sombra proyectada por sus copas permite conservar entre el 71% y el 97% de este efecto refrescante.

No obstante, la termodinámica reserva sorpresas, y el modelo reveló que, en un escenario de suelo muy seco durante una ola de calor, la calle con arbolado denso resultó 0,3ºC más caliente en temperatura del aire que la calle casi sin árboles. Esto se explica porque en las densas tramas urbanas, como las cuadrículas típicas de muchas ciudades, el exceso de masa arbórea puede actuar como una "tapa" que dificulta la ventilación y atrapa el calor irradiado por los edificios y el asfalto.

A esto se suma el efecto sauna que se produce en los días de ola de calor a última hora de la tarde, cuando los árboles pueden aumentar el estrés térmico del peatón. La razón es simple: la humedad que las hojas liberan al aire, combinada con las altas temperaturas, reduce nuestra capacidad de sudar y enfriarnos.

Estas conclusiones coinciden con observaciones realizadas en diferentes partes del mundo, como Zúrich. En este caso, se constató que, aunque los árboles regados eliminan el estrés térmico en un día de verano normal, durante las olas de calor extremas, ni siquiera un arbolado denso con abundante riego es suficiente para mitigar el sofoco humano. A nivel global, la situación tampoco es tan idílica como se presenta en las campañas de greenwashing. Una investigación publicada en Nature evaluó la cobertura mundial y concluyó que, si bien el arbolado actual mitiga cerca de la mitad del efecto isla de calor, los beneficios reales que experimenta la gente son de apenas 0,15 °C. Además, estos beneficios climáticos son profundamente desiguales, concentrándose abrumadoramente en los países ricos y en los barrios residenciales privilegiados.