La fuerza policial haitiana está bajo intenso escrutinio por su aparente falta de respuesta ante un reciente asalto de pandillas que dejó 47 muertos y más de 50 personas secuestradas. Este incidente, ocurrido en la comunidad agrícola de Kenscoff, ha generado indignación y frustración, especialmente ante la escasez de detalles sobre los planes de rescate y la protección de los desplazados.
La Policía Nacional de Haití ha sido objeto de una creciente censura, ya que las autoridades no pudieron evitar un reciente asalto de bandas en el que perdieron la vida 47 personas y más de 50 fueron capturadas. El vocero policial, Garry Desrosiers, solo respondió a unas pocas preguntas de los reporteros en una conferencia de prensa celebrada el jueves, días después de que varias agrupaciones criminales atacaran Kenscoff, una localidad agrícola previamente tranquila ubicada en las colinas cerca de Puerto Príncipe.
Cuando se le consultó sobre las acciones previstas por la policía respecto a los retenidos, Desrosiers manifestó que no podía divulgar esa información públicamente. “No podemos discutir ningún plan”, aseveró. El cabecilla de una de las bandas ha advertido que ejecutará a todos los rehenes si algún miembro de su grupo perece mientras la policía intenta controlar Kenscoff.
Desrosiers extendió sus condolencias a todos los perjudicados por el brutal ataque, perpetrado en la noche del domingo. Más de 2.600 individuos han sido reubicados forzosamente, según la Organización Internacional para las Migraciones de las Naciones Unidas, y el descontento y la exasperación están escalando. Desrosiers indicó que la policía está trabajando para asistirlos en su retorno a casa, pero no proporcionó pormenores.
Un periodista preguntó si se había reunido algún dato de inteligencia antes del suceso, y Desrosiers contestó que las autoridades han estado realizando labores de recolección de información.