La polémica en torno a los nuevos textos de Ciencias Sociales del programa Libro Abierto ha encendido un profundo debate sobre la construcción de la memoria histórica en República Dominicana. Este conflicto opone la preocupación de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) por la posible reducción de contenido nacional frente a la defensa del historiador Roberto Cassá de un enfoque basado en la investigación académica y la evidencia científica. En el centro de la discusión, se busca cómo los materiales educativos pueden fomentar el pensamiento crítico, la identidad y la ciudadanía.
La controversia generada por los nuevos libros de Ciencias Sociales del plan educativo Libro Abierto ha desatado una discusión que va más allá del contenido de los textos, enfocándose en cómo se forja la memoria histórica que llega a los alumnos dominicanos y su impacto en las futuras generaciones. Este debate enfrenta dos perspectivas sobre la enseñanza de la historia. Por un lado, la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) advierte sobre una posible disminución de los temas relacionados con la historia nacional y cuestiona la influencia de organizaciones internacionales en los procesos educativos. En contraste, el historiador Roberto Cassá, director del Archivo General de la Nación, defiende la creación de materiales basados en la investigación académica, fuentes documentales y criterios científicos. Más allá de las diferencias entre los participantes, para los investigadores, el punto crucial es cómo transformar los contenidos educativos y la producción histórica en instrumentos que fortalezcan el pensamiento crítico, la identidad nacional y la formación ciudadana.
La ADP advierte sobre una disminución de los contenidos históricos
El secretario de Investigación y Estadística de la ADP, Ángel Cuello, declaró que un grupo de especialistas revisó los materiales incluidos en el registro de Libro Abierto y concluyó que hay una tendencia a la reducción de contenidos vinculados con la historia dominicana. Según explicó, episodios considerados esenciales en el proceso histórico nacional han dejado de tener una presencia adecuada en los materiales escolares, lo que, a juicio del gremio, podría perjudicar la construcción de la identidad dominicana desde las aulas. La ADP sostiene que esta situación no es reciente, sino que forma parte de un proceso que se habría desarrollado durante más de dos décadas. El gremio asocia esta transformación con una corriente de corte neoliberal que, según su planteamiento, habría influido en los sistemas educativos de América Latina mediante programas financiados con préstamos dirigidos a los ministerios de Educación de la región. De acuerdo con la postura de la asociación, esa influencia habría afectado los contenidos curriculares con el propósito de disminuir elementos relacionados con la identidad histórica y cultural de los pueblos latinoamericanos.
Los libros escolares como herramienta de construcción nacional
La crítica de la ADP se centra en que los libros escolares representan uno de los principales medios por los cuales un país transmite conocimientos sobre su pasado, sus procesos sociales y sus valores colectivos. El programa Libro Abierto agrupa los textos y recursos utilizados en los centros educativos preuniversitarios del país, convirtiéndose en una pieza fundamental en el proceso de formación de miles de estudiantes dominicanos. La discusión actual no solo gira en torno a qué temas aparecen o desaparecen en los materiales educativos, sino también sobre los criterios empleados para seleccionar, interpretar y presentar los acontecimientos históricos. La enseñanza de la historia posee una dimensión que supera la mera transmisión de información, ya que influye en la forma en que las nuevas generaciones comprenden sus raíces, su sociedad y su rol dentro del país.
Ciencia histórica frente a identidad nacional
Una corriente argumenta que la enseñanza histórica cumple una función vital en la construcción de la identidad nacional. Desde esta perspectiva, reducir ciertos acontecimientos podría afectar la manera en que los estudiantes entienden sus orígenes y su vínculo con el país. Otra visión sostiene que la historia debe enseñarse con métodos académicos, investigación documental y análisis crítico, evitando interpretaciones basadas únicamente en emociones, tradiciones o narrativas políticas. Desde este enfoque, defendido por Roberto Cassá, los materiales educativos deben estar respaldados por el trabajo de especialistas y fuentes verificables, para que los estudiantes puedan comprender las causas, consecuencias y relaciones entre los distintos procesos históricos. Un tercer punto del debate plantea que los libros escolares no deben limitarse a transmitir información, sino a formar estudiantes capaces de analizar, cuestionar y comprender la realidad. El punto de convergencia entre las posturas es que la educación histórica tiene un impacto que va más allá del aula.
“A partir de las declaraciones de dos de los máximos líderes de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), se debe concluir que, como entidad, ha resuelto cuestionar en su totalidad los libros de texto de Sociales del programa Libro Abierto del Ministerio de Educación. En palabras de uno de ellos, los libros desvirtúan la historia dominicana al adecuarse a una agenda contraria al interés nacional, que incluye la fusión con Haití. Por lo que se deduce de estas afirmaciones, extienden la descalificación a todos los libros elaborados dentro del referido programa”, expresó Cassá. Añadió que es pertinente cuestionarse por qué la ADP limita su crítica al programa Libro Abierto y no se refiere a los textos preparados por editoriales privadas, los cuales no solo se ajustan al currículo vigente, sino que algunos de ellos contienen elementos que podrían ser objeto de censura desde el ángulo esgrimido, supuestamente opuesto a la soberanía nacional, etc. ¿Por qué tal ensañamiento con una de las iniciativas novedosas más encomiables que ha tenido el Ministerio de Educación durante mucho tiempo?
“Los seis libros elaborados por el equipo del AGN están articulados al currículo y a los procedimientos estipulados en el programa Libro Abierto. Entre otros componentes, se hizo énfasis en un conjunto de procedimientos pedagógicos orientados a que el educando interiorice mejor los contenidos y esté en condiciones de desarrollar criterios propios resultantes de su reflexión. A la vez que se ajustaron al currículo en los términos definidos por el propio Ministerio, cada autor y cada participante en diversas tareas, en especial las pedagógicas y de recursos informativos de apoyo, gozaron de la potestad de introducir perspectivas propias. El currículo no debe ser una camisa de fuerza, sino un medio de orientación de contenidos básicos imprescindibles y de recursos prácticos para alcanzar los propósitos de información e interpretación”, argumentó el director del Archivo.
Riesgos de una enseñanza histórica limitada
Una enseñanza histórica deficiente puede generar varios riesgos para la formación educativa y ciudadana:
Pérdida de conexión con la memoria nacional: si los estudiantes no conocen los procesos históricos fundamentales, pueden tener dificultades para comprender la evolución social y política del país.
Aprendizaje basado en repetición: materiales que solo presentan fechas y acontecimientos, sin análisis ni contexto, pueden limitar el pensamiento crítico.
Polarización del debate educativo: cuando la historia se convierte únicamente en una disputa política, se reduce la posibilidad de construir consensos académicos.
Desconfianza en los materiales escolares: si padres, maestros o estudiantes perciben debilidades en los textos, aumenta la búsqueda de fuentes externas.
Oportunidades para transformar la enseñanza
El debate también abre oportunidades para fortalecer el sistema educativo dominicano. Una de ellas es establecer mecanismos permanentes de revisión de los libros escolares con la participación de historiadores, docentes, investigadores y especialistas en educación. Otra posibilidad es combinar la rigurosidad académica con herramientas pedagógicas modernas que permitan a los estudiantes comprender la historia desde diferentes perspectivas. La discusión puede servir para construir un modelo donde la identidad nacional y la investigación científica no sean conceptos enfrentados, sino complementarios. La enseñanza de la historia tiene efectos directos en la sociedad porque influye en cómo las nuevas generaciones entienden su origen, sus instituciones y sus desafíos. Un estudiante que conoce su historia puede interpretar mejor los problemas actuales, participar en la vida democrática y desarrollar mayor sentido de pertenencia. Por eso, los libros escolares no son únicamente materiales académicos. Son herramientas de construcción social que ayudan a definir la memoria colectiva de un país. El desafío para República Dominicana no es solamente decidir qué contenidos deben aparecer en los libros, sino construir un sistema educativo capaz de combinar identidad, evidencia científica y pensamiento crítico para formar ciudadanos preparados para comprender su pasado y enfrentar su futuro.