El Mar Caspio, la masa de agua interior más grande del planeta, experimenta una evaporación sin precedentes, confirmada por datos satelitales. Desde mediados de los años 90, su nivel ha disminuido aproximadamente dos metros. Este fenómeno, impulsado por el cambio climático y la intervención humana, proyecta un futuro desolador con graves consecuencias ecológicas y geopolíticas para la región.
El mar Caspio, considerado una de las masas de agua interior más grandes de nuestro planeta, se está evaporando a un ritmo sin precedentes. Lo que en el pasado podría haberse interpretado como una simple fluctuación natural de sus aguas, hoy los datos satelitales confirman que estamos ante un gran desastre ecológico. Que esté en un estado de declive no es un mal pronóstico que puede o no cumplirse, sino que es una realidad que hemos podido cuantificar. Los datos apuntan a que desde mediados de la década de los 90 el nivel del Caspio ha caído aproximadamente dos metros. Para entender la magnitud del problema, la comunidad científica ha recurrido tanto a observaciones por satélite como a registros hidrológicos in situ de los cinco países que comparten sus costas.
El primer culpable se encuentra en un estudio de la revista Earth's Future que demuestra que en torno al 40% de esta caída de nivel es consecuencia directa de una mayor evaporación impulsada por el cambio climático. Estudios anteriores ya alertaban que la evaporación es el motor dominante de la crisis, llegando a representar hasta el 50% de la pérdida total de agua.
Existen otros culpables más allá del cambio climático, puesto que el 60% restante de la culpa recae sobre nuestras infraestructuras. Las masivas extracciones de agua, los desvíos y la construcción de presas, especialmente a lo largo del río Volga, han cortocircuitado la recarga natural del lago. A todo esto se suma que los informes técnicos advierten también que las alteraciones en los regímenes de viento están acelerando este proceso de desecación.
Un futuro desolador. Si las cifras actuales alarman, las proyecciones a largo plazo son puramente apocalípticas. Utilizando modelos climáticos avanzados, los análisis proyectan que el nivel del mar Caspio continuará desplomándose de manera drástica durante el siglo XXI. Dependiendo de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, el nivel del agua se reducirá entre 8 y 14 metros para finales de siglo, existiendo modelos intermedios que no descartan caídas de hasta 21 metros.
Más allá del clima. Si se suma el impacto continuo de la extracción humana de agua, el descenso puede agravarse con 7 metros adicionales. En el peor de los escenarios, con grandes emisiones de gases de efecto invernadero y máxima extracción de agua, la caída para 2100 podría rozar los 20 o 30 metros. El resultado geográfico más devastador sería la desaparición total del Caspio norte, puesto que, al ser la zona más poco profunda, esta inmensa área terminaría convertida en un desierto de sal.
Munición para la guerra. El colapso del mar Caspio trasciende la tragedia medioambiental y este retroceso histórico encierra una "amenaza silenciosa" para la seguridad hídrica de la región. Con menos recursos disponibles, el agua y las políticas de extracción (como las presas del Volga) se están convirtiendo en auténtica "munición para la guerra", tensando las relaciones entre las potencias litorales que dependen del lago para su supervivencia económica. Pero además, la necesidad de Rusia de tener su industria armamentística a máximo rendimiento también está haciendo más difícil salvar el mar Caspio.
A este cóctel de tensiones hídricas hay que sumarle un ecosistema bajo un estrés extremo. Evaluaciones oficiales de la Convención de Teherán ya han alertado de que el descenso hidrológico se suma a otros graves problemas como la contaminación crónica y la sobrepesca.