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Sáb, Oct

El Glaciar del Aneto: Un Símbolo del Colapso Climático en los Pirineos

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El cambio climático está acelerando la desertificación en España y afectando drásticamente el caudal de los ríos, transformando los Pirineos. El glaciar del Aneto, el más grande de la cordillera, muestra un retroceso alarmante, reflejando una pérdida significativa de hielo en las últimas décadas. Las proyecciones sugieren que los glaciares pirenaicos podrían desaparecer por completo en un futuro cercano, con graves implicaciones para los ecosistemas de alta montaña.

El cambio climático está intensificando la desertificación en España y, como consecuencia, desestabilizando severamente el caudal de los ríos y haciendo que la región de los Pirineos adquiera características más mediterráneas. Esto conlleva la inminente desaparición de uno de los pocos glaciares que aún subsisten en la península Ibérica: el glaciar del Aneto. Una comparación visual entre fotografías del Aneto tomadas en 2015 y 2026 evidencia un cambio drástico: lo que antes era una extensión de nieve y hielo blanco, ahora es predominantemente roca expuesta y hielo deteriorado.

La preocupante imagen que revelan estas dos fotografías no debería ser una sorpresa. El grupo CryoPyr del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) ha estado monitoreando su retroceso durante años mediante drones y tecnología láser. Tras su campaña de septiembre de 2025, se detalló que el cuerpo principal del glaciar se fragmentó bajo el Pico del Medio y que la masa de hielo situada bajo el Collado de Coronas ha sido reclasificada como un helero. El resultado son tres masas de hielo desconectadas, una situación muy diferente a la observada en 2015. Los datos preliminares de la campaña de finales de este verano indican una pérdida de más de dos metros de espesor promedio, lo que reduce el grosor medio del glaciar a aproximadamente 12 metros. El investigador Ignacio López-Moreno, del IPE-CSIC, señala que, si bien en las últimas dos décadas la pérdida anual rondaba el metro, en 2022 y 2023 superó los tres metros.

La importancia de este fenómeno radica en que, a pesar de su tamaño relativamente pequeño (alrededor de 30 hectáreas, o 0,3 kilómetros cuadrados), el Aneto es el glaciar más grande de los Pirineos y actúa como un indicador clave del estado de toda la cordillera. El declive de los glaciares pirenaicos es un proceso avanzado: de más de 100 glaciares en 1850, se redujeron a 18 en 2022, lo que representa una pérdida del 92% de su superficie glaciar desde el fin de la Pequeña Edad de Hielo, según un estudio del IPE-CSIC citado por la EHU. De hecho, existe un artículo científico titulado "No hope for Pyrenean glaciers" ("No hay esperanza para los glaciares pirenaicos"), que estima que los Pirineos podrían quedarse sin hielo hacia 2034, o incluso antes si se repiten veranos extremos como los de 2022 y 2023. Las consecuencias de esta desaparición van más allá del impacto visual en el paisaje: aunque los glaciares pequeños no contribuyen significativamente al nivel del mar o al caudal de los grandes ríos, su ausencia altera la erosión, el transporte de nutrientes y los ecosistemas de alta montaña. Además, la pérdida de hielo y de terreno helado incrementa la caída de rocas, lo que, a su vez, dificulta el acceso a la cima.

Entre 1981 y 2022, el glaciar del Aneto se encogió un 64,7%, y su espesor medio disminuyó 30,5 metros, pasando de 32,9 a 11,9 metros. Este es el registro más extenso de pérdida de espesor de hielo en los Pirineos, con 41 años de datos reconstruidos para el Aneto. A nivel global, un estudio proyecta que la desaparición de glaciares alcanzará su punto álgido entre 2041 y 2055, con hasta 4.000 glaciares por año, aunque para los Pirineos, las estimaciones del IPE-CSIC anticipan la desaparición del hielo mucho antes.

Entre 2011 y 2020, el Aneto perdió un 24,3% de su área y un promedio de 8,5 metros de espesor, con descensos de hasta 21 metros en algunas áreas. Un indicador particularmente preocupante es la mínima movilidad del hielo, ya que un glaciar que no fluye se encuentra en una situación crítica. A esto se suma la ausencia de una zona de acumulación que reponga el hielo perdido. El problema se agrava debido a un mecanismo conocido: la nieve estacional que protege el hielo se derrite prematuramente, dejando expuesto un hielo antiguo, oscuro y cubierto de polvo y piedras que absorbe más radiación solar y se derrite a mayor velocidad.