En 2009, científicos en Indonesia observaron un comportamiento inusual en pequeños pulpos: transportaban cáscaras de coco por el lecho marino. Inicialmente, esta acción parecía arriesgada, dejándolos vulnerables a depredadores. Sin embargo, la investigación reveló que estas cáscaras eran utilizadas para construir refugios protectores, un hallazgo que destacó la avanzada inteligencia de los invertebrados y su capacidad para usar herramientas.
En 2009, investigadores hicieron un descubrimiento extraordinario en las aguas de Indonesia: pequeños pulpos que recolectaban restos y cáscaras de coco, y luego se desplazaban con ellas por el fondo marino, a veces recorriendo hasta 20 metros. Esta forma de movimiento era tan incómoda que los exponía a sus depredadores. La revelación de por qué transportaban los cocos se convirtió en una de las observaciones más asombrosas sobre la inteligencia de los invertebrados.
Durante casi una década, los biólogos Julian Finn, Tom Tregenza y Mark Norman dedicaron aproximadamente 500 horas de inmersiones en aguas de Indonesia, desde el estrecho de Lembeh hasta Bali. Mientras estudiaban al pulpo veteado (Amphioctopus marginatus), una pequeña especie que habita fondos arenosos y fangosos, comenzaron a notar un comportamiento desconcertante. Algunos ejemplares desenterraban mitades de cocos, las limpiaban con chorros de agua y las posicionaban cuidadosamente bajo sus cuerpos. Luego, levantaban las cáscaras y comenzaban a caminar con ellas. Norman relató que la escena le resultó tan cómica que le costó contener la risa bajo el agua sin inundar su máscara de buceo.
Los investigadores observaron a 20 ejemplares y documentaron cuatro ocasiones en las que transportaron cáscaras a distancias de hasta 20 metros. Algunos llevaban una sola mitad, mientras que otros apilaban dos como si fueran cuencos encajados. Para moverse, el animal extendía sus brazos sobre los bordes, levantaba las cáscaras y avanzaba sobre las puntas de sus extremidades, en un movimiento que los científicos denominaron "stilt-walking" o caminar sobre zancos. Esta maniobra era particularmente extraña porque los pulpos pueden escapar rápidamente mediante propulsión a chorro, pero transportar estos objetos los obligaba a moverse lentamente y permanecer expuestos a los depredadores. A primera vista, estaban asumiendo un riesgo considerable por cargar algo que no parecía tener utilidad. La razón detrás de su comportamiento se reveló cuando los científicos descubrieron el propósito de los cocos.
La explicación surgió cuando los investigadores observaron lo que ocurría al finalizar el recorrido. El pulpo depositaba las cáscaras, se introducía en una de las mitades y, si disponía de dos, colocaba la segunda sobre su cuerpo hasta formar una esfera protectora. Desde el interior, mantenía ambas piezas unidas mediante sus ventosas, transformando dos simples residuos vegetales en un refugio cerrado. Esto resultaba de una utilidad extraordinaria en los fondos arenosos de Indonesia, donde escasean las rocas y los escondites naturales. El animal podía desplazarse por terrenos completamente expuestos y, ante una amenaza, construir una pequeña fortaleza en cuestión de instantes. Lo que parecía una carga absurda era, en realidad, un refugio portátil.
Los pulpos ya eran conocidos por su habilidad para esconderse entre rocas, usar conchas o modificar su entorno, pero el transporte de los cocos introdujo una diferencia fundamental. Mientras caminaban con las mitades apiladas, estas no les ofrecían protección alguna; el beneficio llegaba después, cuando las ensamblaban para refugiarse. Esta utilidad diferida llevó a Finn, Tregenza y Norman a interpretar el comportamiento como una forma de uso de herramientas, una capacidad que durante mucho tiempo se había asociado principalmente con humanos, otros primates y ciertas aves. El descubrimiento fue publicado el 15 de diciembre de 2009 en la revista científica Current Biology, bajo el título "Defensive tool use in a coconut-carrying octopus". La investigación se convirtió en un referente sobre el uso de herramientas entre los invertebrados, aunque no fue el primer caso documentado en este grupo animal.
La comparación con los cangrejos ermitaños permitió explicar por qué este comportamiento era tan singular. Estos crustáceos utilizan conchas vacías como protección permanente y permanecen dentro de ellas mientras se desplazan, de modo que el objeto cumple su función en todo momento. El pulpo veteado, en cambio, transporta las cáscaras sin recibir protección durante el recorrido y las utiliza únicamente cuando necesita construir su refugio. Esta separación entre transportar un objeto y aprovecharlo posteriormente fue el argumento central de los investigadores para clasificar la conducta como uso de herramientas. No obstante, es importante señalar que la definición científica de herramienta sigue siendo objeto de debate, y observar una utilidad futura no demuestra por sí solo que el animal planifique conscientemente como lo haría una persona.
Los investigadores plantearon que este comportamiento podría haber evolucionado a partir del uso de grandes conchas de moluscos, disponibles de forma natural en el fondo marino. Con el tiempo, las comunidades costeras de Indonesia comenzaron a desechar mitades de cocos que terminaban en el agua, proporcionando a los pulpos una alternativa resistente y fácil de transportar. Las cáscaras presentaban una ventaja adicional: podían encajarse unas dentro de otras y ensamblarse posteriormente para construir un refugio cerrado. La hipótesis resulta plausible, aunque el trabajo no demostró cuándo comenzó esa conducta ni que los residuos humanos fueran su origen. Lo fascinante, en cualquier caso, es que un objeto desechado por nuestra especie pudo convertirse en un recurso defensivo para otra.
El descubrimiento de 2009 añadió una pieza importante al conocimiento de los cefalópodos, un grupo de moluscos cuya evolución se separó de la de los vertebrados hace cientos de millones de años. A pesar de esa distancia evolutiva, los pulpos poseen sistemas nerviosos complejos y muestran capacidades notables para explorar objetos, resolver problemas y adaptarse a situaciones nuevas. El comportamiento documentado en Indonesia demostró que podían recoger, transportar y ensamblar elementos del entorno para resolver una necesidad defensiva, aunque no permite atribuirles una planificación consciente del futuro. La paradoja es que el movimiento más torpe de toda la secuencia era precisamente el que revelaba su sofisticación: aquellos pulpos caminaban lentamente por el fondo del mar porque habían encontrado una manera de llevar consigo algo que allí escaseaba, un lugar seguro donde esconderse.